Giambruno presentó en sociedad el corazón artificial uruguayo
La disertación tuvo lugar en la Capilla del Hospital Pasteur y formó parte de los eventos académicos organizados por la dirección de ese nosocomio con motivo de la celebración del 82º aniversario del mismo.
El público asistente a la presentación de Giambruno estuvo conformado principalmente por médicos y estudiantes de medicina que, extasiados, escucharon las explicaciones dadas por el inventor respecto a los antecedentes de soportes mecánicos para el aparato circulatorio, así como los detalles de su diseño de Corazón Artificial Total Ortoptópico (CATO).
Como resumen de su explicación se puede señalar que el dispositivo CATO es un aparato integrado de una sola pieza, constituido por dos cámaras sanguíneas artificiales biocompatibles, accionadas por un mecanismo impulsor electrohidráulico, capaz de ser totalmente implantado dentro de la cavidad pericárdica de un ser humano, permitiendo mantener la piel completamente cerrada.
Las vías de salida de las Cámaras Sanguíneas Artificiales (CSA), lo cual constituye una de las modificaciones más importantes en relación a sus antecesores y que permitió resolver dificultades anatómicas y hemodinámicas, están diseñadas en forma transpuesta o invertida con respecto a la anatomía normal del corazón nativo.
Además las puertas de salida de las CSA se unen directamente a sus arterias correspondientes, la arteria aorta y la arteria pulmonar, por lo que no requiere de la utilización de tubos rígidos. Como consecuencia de lo mencionado el CATO permite, por primera vez, la conservación de las válvulas sigmoideas nativas del paciente.
Por otra parte, el dispositivo cuenta con un sistema de Compresión Simultánea, que es un solo mecanismo impulsor y actúa sobre ambas CSA, produciendo alternadamente la expansión y la contracción simultánea de las mismas. Así como un mecanismo Compensador de Volúmenes muy simple que maneja las variaciones fisiológicas del volumen que debe eyectar cada cámara. Consiste en una CSA derecha de menor tamaño que la CSA izquierda, en combinación con una variación en el avance del mecanismo impulsor.
En este punto es que Giambruno afirma que «la invención superó al inventor», ya que la creación de los ingenieros que forman parte del equipo del proyecto CATO sorprendió a todos con su inesperada capacidad de «respuesta autónoma». Esto significa que durante las pruebas de controlabilidad hemodinámica pudo constatarse que el dispositivo era sensible a la precarga de la aurícula izquierda, o sea si se aumentaba la presión de esta CATO respondía bombeando más líquido hacia la otra aurícula para compensar el flujo. En esto tuvo un papel fundamental la diferencia de tamaño de las CSA.
Objetivo: parar un ternero
La etapa de investigación «in vitro» ya culminó y actualmente se desarrolla la fase dos del desarrollo experimental, que corresponde a la experimentación «in vivo» mediante la implantación del dispositivo en terneros de 100 kilos.
Hasta el momento el dispositivo ha demostrado eficiencia en relación a los cuatro requisitos de compatibilidad necesarios: anatómica, hemodinámica, hematológica y biológica. Es decir que respecto de las dimensiones de la cavidad pericárdica, tiene capacidad de manejo del volumen de sangre a impulsar en cada latido y por minuto por las cámaras sanguíneas artificiales derecha e izquierda, hacia los circuitos circulatorios pulmonar y sistémico respectivamente, así como capacidad para trabajar con la variación de volumen del retorno de sangre determinado por el «shunt pulmonar». Pero además disminuye al mínimo los riesgos de trombosis, hemólisis, sangrados, coagulopatías y el «estrés» sanguíneo, al tiempo que se pueden evitar infecciones con piel cerrada.
Según Giambruno, se han presentado algunos problemas con la «insuficiencia pulmonar tras la intervención, pero estamos en camino de superar ese obstáculo. Nuestro objetivo es llegar a 24 horas de funcionamiento del CATO implantado y que el ternero se pare. Luego de eso podremos tener acceso a tecnología de muy alto costo que está esperando para ser testeada en este tipo de dispositivo y que a nosotros nos permitirá avanzar en la investigación». La siguiente fase es la implantación en animales «en agudo», se espera que ese proceso de experimentación se prolongue durante siete meses, para luego iniciar la intervención en humanos durante al menos un año más. Recién después de comprobar el éxito de cada una de estas fases, se comenzaría la producción industrial del producto médico.
Orgullo y asombro
Luego de la exposición del invento y de los resultados de la experimentación con el mismo, la mayoría de los presentes sin salir de su asombro se acercaban a Giambruno para expresar sus felicitaciones, así como a consultar dudas generadas por la «compleja simplicidad» del dispositivo. Recordemos que el público estaba conformado por especialistas en el cuerpo humano.
El presidente de la Academia Nacional de Medicina, doctor Paredes, dijo respecto a la presentación que «todas las ideas expuestas son interesantísimas, las conozco desde hace tiempo y no dejo de asombrarme. Pero además hay mucho entusiasmo en el equipo y Giambruno está luchando por sacar ese proyecto adelante. Ha sido un médico de gran compromiso con sus pacientes, al punto de perder becas por velar por la seguridad de los mismos. Y como todo inventor es medio loco, porque quien no saltea las reglas no crea nada. Recuerdo que el primer injerto de aorta lo realizó un médico que había aprendido con perros y todos decían que era imposible».
Algunos integrantes de la Comisión de Apoyo del Hospital Pasteur, que también presenciaron la disertación del cirujano cardíaco, aseveraron sentirse «muy felices de haber culminado estas jornadas académicas con la presentación de este invento que demuestra cómo los técnicos uruguayos sin los millones y con todas las dificultades son capaces de salir adelante. Estamos orgullosos».
Precio: 75 mil dólares
De acuerdo con estimaciones efectuadas en noviembre de 1999 por un panel de expertos del TAH Program del NHLBI (National Heart, Lung, and Blood Institute) de Estados Unidos, entre 35.000 y 105.000 pacientes al año serían candidatos a recibir algún tipo de ACM. Utilizando un enfoque de investigación basado en el análisis de las estadísticas de fallecimiento, concluyeron que el tamaño de la población que se beneficiaría anualmente es de 50.000 a 100.000 personas.
La empresa Abiomed, en el año 2001, al realizar sus experimentaciones de implantación humana, anunció que sólo para los Estados Unidos se estimaba que un número de 100.000 pacientes al año sufrían falla cardíaca terminal, existiendo solamente 2.000 corazones donantes disponibles para trasplante.
El interés de potenciales inversores por este tipo de emprendimientos científicos quedó demostrado cuando esta misma compañía vendió acciones por U$S 96:000.000.
El valor de venta de este tipo de tecnología médica tiene como base un precio de U$S 75.000, costo ligeramente superior al de una cirugía a corazón abierto, e inferior al costo de una cirugía de trasplante cardíaco.
Estudios internacionales consideran que un componente importante del costo de venta de los corazones artificiales serán los seguros que deberán contratar las empresas fabricantes y los proveedores de partes para el ensamblado. Por ello, a nivel mundial ya se analiza la posibilidad de disminuir la responsabilidad del fabricante como forma de reducir los seguros involucrados, todo lo cual permitiría reducir el precio de venta de los dispositivos. *
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