La postura de una ex niña trabajadora
Tania tiene 20 años y es una ex NATs. Hoy forma parte de los colaboradores del Movimiento Nacional de Niños y Adolescentes Trabajadores. Aunque ella dice que «en realidad todo el tiempo uno trabaja por necesidad, porque van aumentando las necesidades». Como ex niña trabajadora asumió hace dos años y medio la delegatura nacional. «Ahorita, estoy en un proceso de formación para integrar el equipo de colaboradores del movimiento. El rol de ellos es que se acompañe el proceso de organización y podamos entender el concepto sobre protagonismo y darles las facilidades para que ellos, los demás niños, puedan ejercerlo. Nosotros consideramos al trabajo infantil como un derecho humano y como una actividad que en parte dignifica al hombre».
Tania explica que este tipo de conceptos se mantiene en Perú porque en la época incaica toda la infancia trabajaba tomando en cuenta tres valores morales: el Aine, la Mica y la Mita.
«Aine, hoy por ti, mañana por mí, tú apoyabas a una familia, y la otra familia te podía apoyar en otra oportunidad. La Mica era un trabajo más bien colectivo y para todos, y la Mita era un trabajo donde se podía hacer un tipo de actividad que favoreciera a la población».
Tania cuenta su experiencia: trabajaba en el campo con sus abuelos y la herramienta que utilizaban era de acuerdo a su capacidad y a la edad.
«Me ponían al borde de la chacra, pasaba el tiempo y seguía acompañando y viendo cómo se chancaba la cebada.
Pasaba el tiempo y a los cinco años comenzaba a tomar algún objeto para ayudar, pasaban los años y ya me daban un piquito y al final terminé siendo productora».
«El trabajo no es una cuestión de que te obliguen, creo que es inherente al hombre, lo veo así porque lo vas desarrollando de acuerdo al contexto en el que vives».
Lo que piensa de Uruguay
En nuestro país no hay movimientos de Niños y Adolescentes Trabajadores.
Tania cree que esto ha sido un descuido de los organismos que velan por los niños, que tendrían que tener esa responsabilidad, y de la misma sociedad civil. «La gente pudo haber constituido algún espacio para que ellos también ejerzan su protagonismo», señala.
«En el taller que organizó el comité nos dimos cuenta de que los chicos uruguayos tienen ese ímpetu de poder aprender, tienen esa voluntad y las ganas de poder decir sus opiniones pero tal vez el problema y el obstáculo están siendo los adultos», remarca.
Los adultos pueden pensar que «todavía es muy chiquito», o dicen «tenemos que protegerlo», «no porque la opinión que tienen todavía no está madura como la de nosotros que hemos estudiado y tenemos una carrera». Un adulto decía en el taller: «darles el protagonismo a los chicos es perder nuestro protagonismo como adultos». *
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