PROHIBIDO PARA NOSTALGICOS

El domingo de elecciones

Ya nos vemos en la cola. Una elección más y andá llevando. Con la credencial de a pedazos que muy tozudos no queremos renovar. La foto de un pibe, peinado a la gomina apenas asomando el bigote finito. Un montón de sellos y firmas en el amarillento y agrietado papel. Mientras esperamos, la memoria hace de las suyas. Es que son tantas las elecciones que el viejo escribidor lleva a cuestas. Por la década del 30 fueron nuestros inicios de darle con alma y vida a la urna. En los empedrados de los barrios populares los tranvías andaban barullentos, como de costumbre, pero con mayor frecuencia que la habitual para un domingo. Es que eran las Elecciones, andaban repletos y ni el boleto te cobraban. Sus pasajeros con las mejores pilchas para concurrir al deber cívico. Si andabas en la mala, por lo menos la camisa limpita y el gastado pantalón con la raya bien planchada. Un toque que muchos daban a su atuendo de ese día era el de pañuelos a su cuello con el color de la divisa partidaria que amaban. Los que podían se trajeaban aunque fuera con el del casamiento que ya brillaba de viejo y se ponían un clavel luciendo orgullosos el color de sus amores. La prohibición del consumo de alcohol, en las apariencias, parecía cumplirse. Pero en los boliches esquineros muchos pícaros no podían con sus insaciables gargantas y pedían al gallego un café haciendo un guiño cómplice. Y en los pocillos llegaba no el aromático y negro líquido sino la cristalina ginebra que se bebía rápidamente y con disimulo. Y guambia con hacer bulla porque a cada rato entraba y salía del boliche un guardiacivil con cara de pocos amigos. En los llamados «baluartes» era habitual que en la tardecita se empezara un asado que si el local no tenía fondo igual se hacía junto al cordón de la vereda. Por ahí llegaba «el doctor» con su fino traje de casimir inglés y acompañado por sus capangas se hacía el simpaticón aunque después, si te he visto no me acuerdo. Días del voto no obligatorio pero igual las urnas despertaban entusiasmo. Van rápido los vecinos con «la balota» en la mano arrancando para la mesa de votación. Un espectáculo aparte eran las damas que por el 38 comenzaron a votar y se tomaban la cosa muy en serio y con mucha elegancia. Si se trataba de casamenteras, comenzaban muy temprano con sus aprontes pues no había que perder la oportunidad de ligar algún galán de rancho de paja y sin compromisos. Cuando ese domingo electoral era a pleno sol se estilaba recorrer a puro patacón las distancias hacia los circuitos.

Se veían familias enteras con los chicos a cuestas atravesando los barrios y aprovechando la oportunidad para hacer visitas fugaces a parientes o amigos que estaban en el camino. En el zaguán, una gaseosa de apuro o un licorcito casero y a seguir el trayecto porque lo importante era votar. Después estaba la larga espera escuchando la radio de capilla donde el espíker comenzaba a leer su rompecabezas de datos. Había que esperar un par de días para saber el resultado seguro. Nos estamos viendo allá por el querido barrio Bella Vista cuando con un traje prestado nos paramos con emoción ante la enorme urna de madera. Ahora soplan nuevos tiempos y con la esperanza muy grande estamos de nuevo en la cola. Porque ni soñando nos queremos perder la elección que todos recordarán y nadie podrá olvidar. Con más recuerdos y música los esperamos todos los sábado, a las 19.00 horas, en 1410 AM LIBRE. *

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