Prohibido para nostálgicos

Los conventillos

Desde el viejo Montevideo llegan las historias. Rincones palpitando muy fuerte en el cuore.

Desde la memoria compañera estamos viendo aquellas viviendas donde se apechugaba a la vida. Los llamaban conventillos y allí cumplieron sus humildes y laburantes destinos muchos montevideanos. Agarramos polenta con aquel tango de Contursi que decía «tu cuna fue un conventillo alumbrado a querosén». Por la década del 30 había un montón que se erguían muy campantes desparramados en el mosaico de los barrios populares. En el Reus al Sur, querido Palermo, todo un emblema fue el Medio Mundo. El que vibraba de tanta solidaridad y ternura entre las familias de negros que se apretujaban en sus interiores. En su tradicional patio central, dale que te dale en las tinas de lavar. Ahí estaban las morenas de pañoleta floreada atando sus motas y delantal con mancas de grasa y azafrán. Contra la pared, las enormes macetas de malvones que entre todos cuidaban. Trepando los muros, el mágico clavel del aire y el jazmín del país. En un banquito de madera, un veterano negrazo arma despacito su tabaco para las lentas pitadas del atardecer. Cuando recién había empezado el año, el Medio Mundo era un estruendo fenomenal.

Es que por el 6 de enero se festejaba la fiesta de San Baltazar. Pique y repique que del tambor que por esa fecha empezaba y hasta el Carnaval nadie soñaba con parar. Lonjas de los Gradín y los Andrade que recalaban en el conventillo y en sus piezas que lucían cortinas adornadas con puntillas. ¡Vamos que ese convento existe, vamos que que es mentira que la dictadura lo derrumbó, vamos todos los tambores de los Silva y por siempre vivirá! En las entrañas del añejo Cordón, por la calle Sierra casi Paysandú, otro glorioso conventillo. Una chiquita puerta por donde salía el aroma de la «pasta flora» de la vecina Sarita, cocinera sin igual que vivía escaleras arriba. También estaba Pedrín un botija vivaracho que guiaba a las visitas por aquel laberinto de habitaciones y ropa colgada por todos lados. El abolengo popular de ese sitio se enalteció con muchos de sus vecinos que fueron personajes montevideanos. El Chiquito Roselló, el mago del redoblante que por los cincuenta hizo capote en Los Asaltantes con Patente. Además de percusionista fue un boxeador de temer, dos virtudes con las que adquirió la categoría de leyenda urbana. Otro ilustre vecino de ese conventillo del Cordón fue el Negro Carlitos Céspedes, el mítico «Marquez de las Cabriolas» que inauguró los desfiles carnavalescos de antaño. También fue director de Los Curtidores de Hongos que con sus caras pintadas recorrían los cientos de tablados que tenía la Vieja Capital. Para las Fiestas en su patio se armaban tremendas festicholas con invitados como Carlitos Roldán, en esos días muy famoso por ser cantor de Francisco Canaro.

En el mismo Cordón, a la altura de Gaboto y Paysandú, otro convento de rancia prosapia popular. Tenía la particularidad de albergar gran cantidad de canillitas que vendían sus «papeles con letras» por todo el Centro. En la zona de El Bajo, casas antiquísimas por Yerbal y en Brecha. Detrás de sus coloniales paredes se apretaban aquellas familias de inmigrantes junto a muchos criollos que mezclaron sus sangres en esos inquilinatos italianos y gallegos que salían por la calle Sarandí a festejar las fiestas de San Genaro y del Apóstol Santiago. En la Villa de la Unión, también muchos conventillos donde la existencia se compartía con espíritu comunitario. Se los encontraba en las inmediaciones de la Iglesia de San Agustín, donde vivieron muchos vecinos que luego se destacaron en el fútbol y el carnaval. Por el antiguo barrio Reducto, por Garibaldi entre Marsella y San Martín, había un crucigrama de los llamados «pasajes» con muchas familias muy unidas, en su mayoría integradas por obreros de la cercana Fábrica de Fósforos «Victoria». Conventillos del ayer, una lección de fraternidad para enfrentar las penurias y la injusticia social. Con más recuerdos y música los esperamos los sábados, a las 19 horas, en la 1410 AM LIBRE. *

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