Homenaje a la tarea de un maestro rural
Ahora bien, esta visión apocalíptica de la globalización de los medios de información, es una sola cara de la moneda del acontecer mundial. Desde un departamento uruguayo ha llegado el eco de una noticia que emocionó a un emigrante oriental. La educación, pilar básico de cualquier sociedad, es el título.
A los oídos de Miguel Soler Roca, excelentísimo maestro rural uruguayo, llegó la invitación que le anunciaba que una escuela rural del departamento de San José llevaría el nombre de Abner Manuel Prada, colega y destacado educador nacional. Desde su actual lugar en el mundo, Barcelona, Miguel Soler hace homenaje a su maestro, y dedica esta carta a todos los alumnos del Uruguay.
A los niños rurales
«Me he enterado con alegría de que por decisión de nuestro Parlamento la Escuela de Colonia Italia ha pasado a llamarse «Escuela Abner Prada». En adelante será conocida por su localización, una de las primeras colonias agrícolas de la Sección de Fomento Rural del Banco Hipotecario, por su número, el Nº 17 del departamento de San José, y por el nombre del maestro que durante doce años fue su director.
El 17 de octubre será pues un día de gran fiesta. Fiesta para los familiares de Abner Prada, algunos de los cuales fueron alumnos de esa escuela; fiesta para todos sus ex alumnos (muchos de ellos hoy ya abuelos) que tuvieron la suerte de compartir con sus maestros la hermosa aventura de crecer y educarse. (…) Fiesta para el magisterio uruguayo, y en especial para el magisterio rural.
Será, también, un día de fiesta para mí. Conocí a Abner hace exactamente sesenta años. Vivimos juntos la honrosa trayectoria de la educación rural uruguaya de mediados del Siglo XX y su derrumbe cuando malos maestros, malos políticos y malos militares la privaron de sus esencias pedagógicas y sociales. Compartimos horas dulces y horas amargas, a las que dimos feliz término al poder contribuir, siempre juntos, a dar proyección continental a la experiencia uruguaya cuando fuimos invitados por la Unesco a formar educadores de toda América Latina, durante lejanas décadas en que la educación era una sentida prioridad de los gobiernos.
Será para mí, también, un día de íntima recordación. Es larga la lista de aspectos profesionales, personales y familiares que compartimos.
Fueron las nuestras vidas paralelas, cadenas de coincidencias, de alegrías y de dolores similares. Abner fue para mí, siempre, un apoyo, del que ahora sólo me queda el gran ejemplo de su espíritu que fue positivo, creador, lleno de alegría vital. Y no me es posible proseguir sin asociar en el recuerdo y en el homenaje a Wanda da Silveira, su esposa y colaboradora de tantos años, más de veinte, trabajando juntos en escuelas rurales uruguayas. (…)
Conviene que los alumnos de hoy y de mañana de la Escuela Nº 17 rememoren, cada vez que escriban en sus cuadernos el nombre de Abner Prada, que se trató del maestro rural más completo que he conocido. Conocía con solidez los fundamentos teóricos de su magisterio; era de una enorme curiosidad por los seres del campo, por las técnicas agrícolas, por todo aquello que enriqueciera el medio productivo. Repito: la escuela era completa porque sus maestros lo eran en un grado que yo no he encontrado en ninguna parte.
Por eso Abner pudo ser un calificado técnico al servicio de otros países. Había conocido la pobreza del Norte y la prosperidad del Sur».*
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