Estaciones de Servicio ahora venden el aire
Como miles de montevideanos, Juan va a trabajar diariamente en bicicleta. Su presupuesto familiar le impide realizar el gasto de 60 pesos de los cuatro boletos que diariamente debería pagar para trasladarse de su casa al trabajo. Semanalmente pasa a inflar los gastados neumáticos de su viejo birrodado en la Estación de Servicio Shell, ubicada en Bulevar Artigas y Pagola. Pero esta semana, cuando fue a realizar el casi rutinario acto de colocar un adaptador en la válvula de la rueda para cargar aire en el compresor, se vio sorprendido por el prolijamente uniformado «pistero» de la Estación…
-Para cargar aire tiene que pagar cinco pesos -advirtió.
-¡¿Cómo?!…¡¿Me van a cobrar el aire?! -protestó Juan.
-Sí. Es una orden de la empresa -respondió el funcionario.
-¿Pero le están cobrando a todo el mundo? ¿También pagan los autos y las motos? -reclamó Juan.
-No. Sólo hay orden de cobrarle a los ciclistas, porque no quieren que vengan. Tiene que pasar por la caja y pagar -ordenó el «pistero».
-Cargo y pago, no se preocupe -replicó Juan, a quien la discriminación le dio bronca.
Infló las dos ruedas con 40 libras de presión, acomodó la bicicleta contra una montaña de packing de refrescos. Entró al multiservice de la Estación Shell y preguntó a la cajera por el encargado. Detrás de la caja, desde un mostrador de venta de bebidas alcohólicas, un hombre canoso, de piel aceitunada y lentes hizo un gesto de «qué quiere». Juan le explicó su malestar por el hecho de que le cobraran el aire.
-Si no le gusta, cómprese un inflador -respondió con sarcasmo el encargado.
Juan sacó de su bolsillo una flamante moneda de cinco pesos y se la dio a la cajera, que no le extendió tique alguno. Subió a su bicicleta y pedaleó a su trabajo, mientras se decía: «sólo falta que me cobren el aire que respiro…».
¿Discriminación o negocio?
En Uruguay, según estimaciones del Ministerio de Transportes y Obras Públicas, circulan 550 mil bicicletas. Más de la mitad lo hacen en Montevideo donde miles de personas, como Juan, han optado por trasladarse en birrodado para abaratar el presupuesto familiar, más que por hacer un ejercicio aeróbico.
Si todas las bicicletas del país, al menos una vez por mes, tuvieran que pagar cinco pesos cada vez que cargan aire, se generaría un rentable mercado para las estaciones de servicio, que facturarían 2.750.000 pesos mensuales por el novedoso negocio de «vender aire».
Sin embargo, en una consulta telefónica que LA REPUBLICA realizó entre los empleados a cargo de varias estaciones de servicio de Montevideo, sólo unos pocos reconocieron que se había dado la orden de comenzar a cobrar para que los ciclistas no vayan a sus negocios.
«¿Sabe lo que pasa?… algunos ciclistas rompen los punteros de los compresores porque quieren inflar las válvulas finas de sus bicicletas, cuando sólo sirven para las ruedas con válvula tipo moto o colocando un adaptador», intentó argumentar un empresario.
El gerente general de Shell Uruguay, Juan Carlos Esponda, no dudó en calificar la situación como «un disparate», sin embargo, admitió que «no podemos hacer nada contra eso», porque las estaciones de servicio son de empresas independientes que adquieren «franquicia» de la marca internacional.
«El aire siempre fue y debe ser gratis en las estaciones de Shell. Es cierto que hay un gasto por el compresor, pero siempre ha sido un servicio tradicional. No me imagino cobrarle a un chiquilín por inflar la pelota de fútbol o por una colchoneta de aire», opinó Esponda, quien dijo que hablaría con las empresas.
La legislación uruguaya no incluye normas que impidan expresamente la discriminación de clientes a la hora de prestar un servicio. «La casa se reserva el derecho de admisión», rezan los carteles en los comercios de un libre mercado que permite prohibir el uso del baño y hasta negar un vaso de agua.
Consumidor y evasión fiscal
En las oficinas del Area de Defensa del Consumidor, de la Dirección General de Comercio, dependiente del Ministerio de Economía y Finanzas, explicaron a LA REPUBLICA que debían tener una denuncia formal, enviada por el telefax 902-1043 para poder investigar una eventual falta de la Estación Shell.
Pero indicaron que aun cuando se trate de un servicio gratuito para unos y pago para otros, debe ser visible el costo del mismo según se establece en la Ley de Relaciones de Consumo vigente desde agosto de 2000, y no debe caerse en las prácticas abusivas previstas en el inciso a) del Artículo 22 del Capítulo VII de la Ley 17.250.
La denominada Ley del Consumidor establece en su artículo 4º que «La provisión de productos y la prestación de servicios que se efectúan a título gratuito, cuando ellas se realizan en función de una eventual relación de consumo, se equiparan a las relaciones de consumo».
La ley considera una práctica abusiva «negar la provisión de productos o servicios al consumidor, mientras exista disponibilidad de lo ofrecido según los usos y costumbres y la posibilidad de cumplir el servicio, excepto cuando se haya limitado la oferta y lo haya informado previamente al consumidor».
La determinación de cobrar el aire a los ciclistas por parte de la Estación Shell de Pagola y Bulevar Artigas, también podría implicar un eventual caso de evasión fiscal, en la medida en que por el pago de los cinco pesos la empresa no entrega un tique identificando la razón del ingreso del dinero a la caja.
La Resolución Nº 688 de la Dirección General Impositiva (DGI) del 16 de diciembre de 1992, indica en su numeral 27, que «los sujetos pasivos que realicen ventas o servicios a consumidores finales, quedan exceptuados de la obligación de extender un comprobante por cada operación que no supere el monto (fijado en 30 pesos en el año 2003) que anualmente establece la DGI».
Sin embargo, la resolución agrega que «estos contribuyentes deberán extender diariamente comprobantes globales que respalden las operaciones que no fueron documentadas individualmente, conservando todas las vías de la documentación emitida», un extremo que solo la DGI podría comprobar en la Estación Shell de Pagola y Bulevar Artigas. *
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