"En los sectores más pobres, los árboles genealógicos se vuelven enredaderas"
Por este motivo el encuentro del día viernes convocó a las instituciones desde la red. Denominado y no por casualidad «educación en la frontera – inclusión educativa – exclusión social» que se desarrolló en las instalaciones de la facultad de ciencias. La mesa integrada por el director de la escuela técnica de la Universidad del Trabajo, Omar Gonzales, integrante de Gurises Unidos, Laura Rivas y la directora de la escuela 317, Angela Fernández y estuvo moderada por el investigador en las áreas de educación y cultura Gonzalo Abella.
Gonzalo Abella conversó con LA REPUBLICA, y de su opinión se desprende que el lugar desde donde trabaja la red es en donde coincide «una clase media despreciada en sus ingresos, con serios fenómenos de desempleo y vinculada a sectores que están totalmente marginados del trabajo regular y de los servicios, viviendo en asentamientos que coexisten con las torres y con los arroyos contaminados».
«Pero qué pasa», indico Abella, «en este mundo, sobre todo en los sectores más pobres, los árboles genealógicos se vuelven más bien enredaderas genealógicas, es decir que, hay una especie de vinculación que a veces es familiar, a veces es de vecindad, a veces son vinculaciones bastantes confusas de identidad, que hacen que todas estas instituciones por uno y otro lado estén atendiendo las mismas familias». En particular en la zona donde trabaja la red muchas veces la conducta de un adolescente en la UTU la ilumina el comportamiento de sus sobrinitos en el jardín, o de sus hermanos menores en la escuela pública de la zona, o en el grupo merienda que atiende una institución que tiene convenio con el INAU que incluso puede ser una institución religiosa.
Uno entre tantos diagnósticos
Uno de los diagnósticos a destacar es el realizado por los docentes del jardín de infantes Nº 287, ubicado en la zona de Malvín Norte, sobre los niveles de riesgo social. Se concluyó que de 191 niños de 4 a 5 años que asisten a la institución, el 30% de ellos se encuentra en alto riesgo, es decir que involucra a 57 niños que allí asisten (ver recuadro adjunto).
La violencia en los centros de estudio
Por su parte el decano de la Facultad de Psicología, Víctor Giorgi, cerró la jornada con una exposición dedicada a la problemática del sistema educativo, basado en una serie de fenómenos que generan lo que muchos autores han dado en llamar «malestar en la educación».
Giorgi se refiere al fracaso diferencial de los niños de extractos de familias pobres, «con niveles de violencia que se dan a veces en el interior de las instituciones, con el desgaste de los propios docentes, en una tarea que por momentos parece como imposible», el fin es, entonces, hacer una lectura de esta problemática desde la psicología.
Respecto a la violencia en los centros educativos el decano indicó que no necesariamente sucede en los sectores sociales más carenciados. «Creo que en las instituciones en estos momentos estallan distintas violencias que son en realidad un desplazamiento, un reflejo de violencias que se dan en la sociedad. Violencias que tienen que ver con lo simbólico, como lo es la exclusión y la inclusión de niños, en situaciones en las cuales, no pueden acompañar el aprendizaje de sus compañeros. También el propio desgaste de los maestros, que están sometidos a sus condiciones de trabajo», señaló.
También agregó que «esto llega a otros niveles de violencia como las físicas, las agresiones son muy frecuentes entre padres, entre niños, entre adolescentes. Muchas veces como producto de esta institución frustrante, en que se ha convertido la escuela pública uruguaya, sobre todo para algunos sectores, se generan violencias entre padres y la propia institución, personalizada en los maestros.
Las quejas son con mucha violencia, hay cierta pérdida de autoridad de las autoridades, y todo esto genera un contexto de mucho malestar en donde a veces cuesta idear alternativas para superar los problemas». *
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