La columna amarilla

Reportaje

-Buenas tardes, vengo para hacerle un reportaje.

-Pero usted quiere hacerme quedar como un nabolión. ¿verdad?

-No, yo lo voy a mostrar tal cual es. Voy a dejar que usted se exprese libremente y no voy a quitar nada de lo que me diga.

-Ve, ve…usted quiere dejarme como un verdadero nabolión. Se nota que usted es extranjero.

-¿Por qué se nota? Si hablo su mismo idioma, quiere la cédula.

-No, no habla nuestro idioma. Aquí los políticos podemos decir cualquier gansada, que luego en los informativos de televisión son transformadas en «importantes declaraciones».

-¿No me diga?

-Sí le digo. Y es más, muchas veces «nuestras» declaraciones son sugeridas por los propios reporteros.

-¿Es verdad, eso?

-Por supuesto, yo no miento.

-¿Es verdad, eso?

-Ya se lo dije.

-Me refería a: «yo no miento».

-Se nota que usted es extranjero, los de aquí nunca me preguntarían eso.

-¿Por qué? ¿Por qué saben que es un mentiroso?

-Usted cada vez esta siendo más extranjero. Y está contraviniendo nuestra más respetada norma de conducta periodística.

-¿Cuál norma? Aquella que dice que se debe publicar todo lo que alguien -especialmente si está en el poder- no quiere que se sepa.

-Usted no es extranjero, es un extraterrestre.

-¿Sabía usted que cuando un dedo señala la luna, los imbéciles miran el dedo?

-¿Y qué otra cosa iban a mirar? ¿Es bobo usted?

-No debería insultarme, recuerde que represento al cuarto poder.

-Ah, a el poder del cuatro. ¿Y los muchachos del 10 y del 12, no vinieron?

-Del cuarto dije, del cuarto poder.

-Qué poder, ni que ocho cuartos. Acá, si no nos gusta no lo pasamos.

-¿Y el derecho a la información?

-Se torció

-¿Y la democracia?

-Quedó off de record. *

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