LA COLUMNA AMARILLA

Romance de Julio Ma. Malevetti

(A pedido volvemos a publicar esta versión muy libre de un poema de Osiris Rodríguez Castillo)

 

Yo no prendía el televisor

de mi rancho, ni jodiendo;

¿pa qué? ¡si cualquiera juera la hora,

por malo que juese’l programa,

la enllenaba con sus cejas

criticando a Tabaré

Malevetti cara’e perro!

 

Calladón, medio en las sombras,

quedó perdido en las encuestas,

boquiando de agusanao.

¡Malo, como manga’e piedra!

Tuvo que haber plebiscito

pa’ que muestre sus bicheras!

 

Eso sí ¿eh? ¡Muy delicao!…

¿Perder una? ¡Ni le cuento!

Se ponía di ojo estraviao

y se l’erizaba’l pelo (e’las cejas).

Con que… tenía bien ganao

su apelativo: «Malevetti».

 

¡Qué animal capacitao

pa’ olvidarse del pasado!

¡Había que verlo al mentao,

acomodando la historia

casualmente pa’ su lao!…

De ser canino, ¡clavao

que aquel dotor era un terrier!

 

La cosa no jué tan de golpe,

así como yo la cuento…

Jué dispués que las encuestas

repitieron varias veces,

qu’el andaba más tirao

que caca en el gallinero.

 

Un redepente, aquel grito

como de terror: «Â¡Rosendooo!»

Y ya me pelé pal’ patio

manotiando el control remoto.

Ella, estaba contra’l horno

y en la tele, agazapao

como una fiera, ¡Don Julio!

 

¡Pronunciaba adjetivos

como quien se tira pedos!

Los pelos (e’las cejas)

se le habían parao di un modo

que costaba conocerlo,

y ¡en las brasas de sus ojos

el Taba se prendía fuego!

 

De un salto me puse enfrente;

le pegué el grito: «Â¡Malevetti!»

Lo vi soltar una baba;

-«Â¡Está rabioso, Rosendo!»-

Teniba razón mi china

Rabioso de perdidoso,

Intranquilo, intolerante.

Apreté la tecla roja

Y lo borré al instante.

Por eso es que, dende entonces,

no me gusta tener tele. *

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