Causas astronómicas explican las grandes extinciones biológicas
La segunda gran extinción de especies a nivel planetario, se debió a la radiación ultravioleta del Sol, que penetró la atmósfera luego de que rayos Gamma procedentes de una supernova (formidable estrella explosiva) destruyeran la capa de ozono. Este fenómeno causó la «extinción ordovicia» hace 440 millones de años.
Otros grandes sucesos cataclísmicos, que afectaron a los seres que habitaron el mundo en eras pretéritas –y que los científicos han vinculado con causas astronómicas– son:
la extinción Devoniana (hace 360: de años), la Pérmica (hace 250: de años, la Triásica (hace 220: de años), y el famoso límite K-T (hace 64: de años), donde se esfumaron los dinosaurios. Hasta ahora, se aceptaba que esas extinciones eran producidas por una era de glaciación que seguía a una edad de calor y humedad.
La glaciación era consecuencia del impacto de un asteroide, levantando nubes de gas y polvo, oscureciendo la luz solar y desencadenando un acentuado descenso de la temperatura.
Ahora, Adrián Melott, astrónomo de la Universidad de Kansas, explicó ante los científicos de la NASA reunidos en Atlanta (Georgia), que hay pruebas concluyentes del impacto de rayos Gamma, bañando la atmósfera y la superficie de la Tierra. Su penetración en la Estratosfera destruye las moléculas y promueve la formación de óxido mitroso y otros compuestos que diluyen la Capa Ozónica. El planeta queda envuelto en una «espesa bruma», el cielo adquiere un «tono parado’, la radiación 50 veces superior a la normal, baña el planeta, eliminando todo ser viviente expuesto a sus efectos.
Esta «gran extinción del Ordoviciano», período de la Era Primaria, afectó a criaturas marinas, sobre todo a las que vivían en la superficie o cerca de ella, ya que eran más expuestas a la radiación ultravioleta.
Así desaparecieron los formidables cefalópodos, animales tantacualados que vivían en una concha cónica, de la que salían enormes ojos y una multiplicidad de tentáculos. Con ellos -estos voraces depredadores atrapaban a sus pobres víctimas, entre las que se contaban los famosos trilobites (crustáceos con el cuerpo dividido entres lóbulos – de ahí su nombre) – y que constituyen el principal fósil- guía de los terrenos paleozoicos (de la vida antigua).
Estos trilobietes desaparecieron a su vez, en otra gran extinción, la pérmica (nombre que deriva de la ciudad rusa de Perm).
El período pérmico, último del Paleozoico, termina con una glaciación que extinguió al 90% de las extrañas criaturas de aquel tiempo primigenio. Otras desapariciones biológicas masivas se relacionan con fenómenos astronómicos como: lluvias meteoríticas, choques de asteroides, caídas de cometas, cambios en la actividad solar, etc.
Varios investigadores sostienen que en sus 4.500 millones de años de existencia, la Tierra ha sido blanco de rayos Gamma, en diferentes edades geológicas. Melott señala que una catástrofe cósmica «puede darse mañana o en millones de siglos». Estadísticamente, cada 32 millones de años, sucede una.
Se sabe que la fuente principal de rayos Gamma son las estrellas supernovas, cuya titánica explosión lanza nubes de gases al exterior, a fantásticas velocidades, mientras que el núcleo se contrae, para formar un púlsar (estrella neutrónica) o si el masivo colapso es mayor aún, se transforman en esos misteriosos y tan mentados «agujeros negros».
Seguramente, en millones de años de desplazamiento del Sistema Solar dentro de la Vía Láctea, deben haberse producido encuentros con varias de esas nubes de «gases rarefactos», prendidas de las «espiras» de nuestra galaxia. *
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