Patología del aprendizaje por trastornos de la lectura
Entre el 3% y el 8% de los escolares son afectados por trastornos de lectura o dislexia, que comprometen su aprendizaje. La repercusión académica de estas cifras ha motivado el interés por esta condición. Por este motivo los días 23 y 24 de setiembre en el Radisson Victoria Plaza se llevará a cabo el «Encuentro Regional sobre Aprendizajes, Lecto-Escritura y Cerebro» que contará con la presencia del doctor Michel Habib, quien hará referencia a los últimos avances que permiten una mejor comprensión sobre esta afección.
La dislexia no debe relacionarse con una deficiencia intelectual ya que los disléxicos padecen sólo una alteración en la habilidad lectora que no guarda relación con su coeficiente intelectual, ni con su edad, ni con el grado de estimulación que haya recibido.
Pero para entender este trastorno debe comprenderse primero con más precisión el proceso de lectura que implica un mecanismo sumamente complejo, que incluye como primer paso la percepción sensorial de signos, y su posterior decodificación que permite obtener un significado inteligible.
El mensaje que se trasmite en formas gráficas, debe ser recogido sensorialmente para que luego puedan ser analizadas e integradas a un concepto a partir de estos signos o términos. De este modo el concepto puede ser reproducido, expresado nuevamente, en signos similares, gráficos o sonoros, e incluso en gestos.
El proceso de lectura aumenta su complejidad al exigir la coordinación de cada palabra en una síntesis que las unifique primero en una frase coherente y luego en la globalidad de un significado conceptual que expresa la totalidad del texto escrito. La capacidad de lo que llamamos «comprensión lectora» pasa por este proceso de análisis gráfico, de coordinación de signos y su integración, que permite la elaboración de conceptos.
Durante la lectura los ojos van haciendo un rastreo sobre la página escrita en el que siguen un sentido. Cuando se realiza la exploración visual de un texto se obtiene una percepción de frases como una sucesión reiterada que consiste en rápidos movimientos y detenciones repetidas a lo largo de cada página.
El proceso psico-intelectual implica detectar los rasgos peculiares de cada letra, distinguiéndolas de las otras para formar palabras y luego en frases que permitan recibir mensajes inteligibles.
Para estudiar el trastorno disléxico se comparó la lectura de personas normales con las que sufrían el trastorno. Se utilizó para ello en uno y otros gafas especiales que registraban los movimientos oculares. Se encontró entonces que el grupo de los disléxicos realizaba un mayor número de detenciones y con una duración mayor que en los buenos lectores.
El problema de la dislexia comenzó a estudiarse cuando la enseñanza formal se extendió a la población general y permitió que el trastorno se hiciese evidente a fines del siglo XIX.
En Uruguay se utiliza la clasificación de Boder quien planteó tres modalidades del trastorno:
* la que consiste en la dificultad para lograr la integración de la letra escrita con el sonido correspondiente;
* la que radica en el déficit de la percepción visual de letras y palabras, lo que frecuentemente se relaciona con alteraciones sensoriales;
* una forma mixta, dada por ambas dificultades previas en forma conjunta.
¿Cómo se diagnostica?
Si bien no todos los disléxicos padecen los mismos signos, el trastorno se sospecha ante los siguientes fenómenos:
1. La confusión de letras, sílabas, o palabras, que ocurren cuando existen pequeñas diferencias entre sí. Por ejemplo, confundiendo la «a» con la «o», la «h» con la «n», y la «m» con la «n».
2. Confundir letras que son similares, pero con diferente orientación en el espacio, como por ejemplo la «b» con la «d», y la «b» con la «p».
3. En otras ocasiones ocurre que se invierte la dirección de la palabra total, o en parte de ella, por ejemplo «sol» por «los», o «se» por «es».
4. Otra forma puede darse por adición o por omisión de letras.
5. También se observa el salteo de renglones en la lectura.
6. Es frecuente la lentitud extrema, con dificultad para unir las letras en una palabra, que ocasiona problemas para comprender textos.
7. La lectura y/o escritura «en espejo», es otro de los signos.
Los varones fundamentalmente son los que padecen dislexia en una proporción de 4 a 5 veces más frecuentes que las niñas.
El tratamiento
Se debe realizar un examen médico del estado de salud en general, haciendo hincapié en el área visual y auditiva. Es importante la participación del neuropediatra y el neuropsicólogo infantil. En la combinación de ambos especialistas podrán valorarse adecuadamente las dificultades del aprendizaje, estudiando las distintas habilidades cognitivas, la atención, la memoria, la inteligencia y la afectividad. Otro integrante importante dentro de este proceso es la valoración aportada por el psicopedagogo, por cuanto los procesos de enseñanza-aprendizaje que ha recibido el niño hasta el momento deben ser evaluados para distinguir las falencias propias del niño, de las que pueden atribuirse a su proceso educativo.
Un estudio complementario del lenguaje debe ser realizado por el fonoaudiólogo ya que es muy frecuente encontrar afectadas de manera conjunta las funciones de la lectura y del lenguaje.
Es importante tener en cuenta que la dislexia no es privativa de la infancia y no debe relacionarse con una deficiencia intelectual.
Se ha visto que las personas que presentan dislexia tienen trastornos en lo que se denomina conciencia fonémica o fonológica, como la capacidad para relacionar las letras con el sonido que representan y para discriminar los sonidos de las sílabas. Investigaciones recientes demostraron que es posible entrenar la conciencia fonológica y dicho entrenamiento es el tratamiento de elección para la dislexia. Estos laboratorios de diagnóstico y tratamiento son proporcionados por instituciones como UCM. *
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