Cruel cuento del tío
La semana pasada, gracias a LA REPUBLICA, la población supo que cinco ministros de la Lista 15 utilizan los fondos del Ministerio de Ganadería y los del de Turismo para pagarle a una empresa privada la distribución de su propaganda electoral. Y que encima, la citada empresa está vinculada a jerarcas de esos ministerios… ¡De paso cañazo y todo queda en casa!
¡Negocio redondo! ¡Y con plata ajena! Con el dinero de la población, incluso de quienes hoy luchamos electoralmente contra la Lista 15.
La cosa me llevó a hondas reflexiones, no sólo porque me estaban metiendo a mí la mano en el bolsillo, metiéndola en la lata del Estado, sino porque no podía concebir tanto amarretismo por no decir tanta miseria. Porque los cinco ministros, a saber: Alfie, Aguirrezabala, Bordaberry, Villar y Gurméndez, me consta que si hacen una «vaquita» de su bolsillo les alcanza y sobra para repartir esos y otros centenares de miles de volantes. Es gente que no necesita. La interrogante espantosa viene sola: ¿serán tan miserables con sus amigos y en su vida social y privada? ¿Pagarán alguna vez cierto cafecito? ¿Mandaron algún día «la vuelta» en algún boliche?
Tamaña enigmática y tan profunda tacañería es, realmente, ajena por completo a la manera de ser uruguaya. Porque debo reconocer lealmente hasta en mis peores adversarios que jamás podría con verdad y justicia acusarlos de amarretes. La mano en la lata, ya lo sabemos, es costumbre aceptada, diría protocolizada por ellos, pero avaricia de tanto volumen es casi nunca vista, insólita.
Hacerle correr el riesgo de la denuncia a todo el Partido Colorado, comprometer al Partido Rosado guiado hoy por el faro luminoso del Cuqui Larrañaga por ahorrarse unos pesos que para cinco ministros son chirolas, es realmente escalofriante por la mentalidad y el tipo de alma que desnuda la maniobra. ¡En esas manos está la Patria! ¡Dios nos libre!
Cuenta el cuento que un día, jugando al truco con Jesús en el Cielo, San Pedro le empardó el dos de la muestra y entonces Dios, muy caliente, le espetó: – Si por un truco de mierda me vas a hacer un milagro, no juego nunca más con vos.
Tenía toda la razón del mundo y hasta la del Cielo.
Si por ejemplo Don Isaac Alfie, que nos dice a cada rato que no hay plata y que se debe reformar el Estado para ahorrar despilfarros, nos reparte sus pobretones volantes partidarios metiendo largas uñas en la lata pública, surge nítida la necesidad de un Divino grito parecido: «Si por unos volantes descartables nos estás haciendo esto, ¿qué nos estarás haciendo y qué nos habrás hecho, usando tu celular de alcance internacional, con las finanzas públicas?»
No es milagro como el de San Pedro, es muchísimo peor.
Obviamente que ahora, descubiertos por LA REPUBLICA, van a tener que pagar de su bolsillo, llorando, el reparto de esos volantes, pero el problema es que Tabaré Vázquez anuncia auditorías y en ellas podrá averiguarse a cargo de quién en esos ministerios fueron hechas y distribuidas muchísimas cosas. Viene brava la mano y hay riesgo de incendio: pueden quemarse muchos archivos y atención Cuerpo de Bomberos, casi todos serán papeles y discos duros.
Ya hubo en este país y varias veces incendios de tal calaña por lo que en este tórrido verano, ese riesgo supera al forestal. Habría que poner un alerta público contra los fogones y las colillas pero agregarle: «no acampe con su familia cerca de los archivos de algún Ministerio o Ente». La Intendencia tendría que ir dejando ya esas calles abiertas para los autobombas y el Cuerpo de Bomberos ir colocando en esos sótanos abundante personal preventivo y desde ahora.
Tengo a la vista, además, otra estafa. Se trata de un lujoso volante en papel satinado que fuera distribuido durante la campaña por el balotaje de noviembre de 1999 DENTRO de las dependencias policiales y militares. Me lo han hecho llegar policías y militares estafados que lo guardaron hasta hoy como un amargo recuerdo documental.
Está dirigido, como el mismo reza, a las FFAA y a la POLICIA. Les promete VIVIENDA PROPIA (así con mayúsculas) y trae en su primerísima página la siguiente frase: «A los soldados y policías les digo, que si soy presidente haré de este proyecto una realidad.»
Y va firmado de puño y letra por el doctor Jorge Batlle.
Repito: noviembre de 1999. En su contratapa agrega que se trata de un «Anteproyecto de Ley entregado a la Presidencia (sic) de la República Dr. Jorge Batlle (sic) en ocasión de su visita a la Sede Central de Renovación Colorada y Batllista (Lista 321 del entonces, diputado Alberto Iglesias) el 5 de noviembre de 1999.»
Adentro, el lujoso volante ataviado con la bandera uruguaya, despliega un monumental y alevoso Cuento del Tío que se burla de las enormes necesidades y de la pobreza que por culpa de ellos padecían y padecen los soldados y los policías.
Les «informa» cuáles son los terrenos que tienen para elegir y ya pueden ir eligiendo en cada departamento, cuál va a ser la mano de obra que les construirá las casas (entre las variantes y obviamente, el Arma de Ingenieros y los presos), de dónde van a salir los recursos que «ya están», cómo se harán las inminentes adjudicaciones y dónde habrá que anotarse de apuro para tener la casita SI VOTAN A JORGE BATLLE, quien firma de puño y letra tamaño «cheque diferido» que, como todos sabemos, en especial los policías y militares que creyendo lo votaron, JAMAS FUE PAGADO.
Este volante, guardado como un tesoro por policías y soldados (como un cheque sin fondos que los defraudó) viene por ellos a nuestras manos y adquiere a la luz del documento y la experiencia concreta (se acabaron los «versos») un valor demostrativo lapidario.
Es, además, un papel cruel. Un documento que duele y lastima aún hoy. Basta con leerlo para indignarse. Clama por Justicia. Alguien o Algo se tiene que hacer responsable por tanta mentira liviana y abusadora cayendo sobre horribles carencias de gente muy pobre que tiene, además de uniforme, hijos, hijas, esposos y esposas, madres y padres ancianos.
Hay que tener el alma muy podrida para perpetrar cosas como esta.
Los policías y militares que me acercaron esta «joya» de la estafa cívica me exigieron sólo una cosa: «Â¡denúnciela senador!».
Es lo que estoy haciendo. *
(*) Senador de la República
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