De la campaña electoral
«Los frenteamplistas pueden engañar de muchos modos y maneras nuestra terrenal torpeza, debido a lo sutil de su esencia y a la malicia de su voluntad, pues oscurecen los ojos de los hombres con espesas nubes que turban fantásticamente nuestra mente y nos engañan mediante imposturas, corrompiendo nuestra imaginación con sus bufonadas e impiedades. Son doctores en mentiras, raíces de todo mal y de toda perversidad para seducirnos y engañarnos, y son prevaricadores de la verdad. Por decirlo brevemente, tienen un incomparable arsenal de engaños pues se transforman de mil maneras y acumulan en el cuerpo de las personas vivas mil ideas extrañas.
Todos ellos no hacen sino engañar y burlarse de los incrédulos que recurren a estos hechiceros y encantadores. Habitualmente quienes creen en ellos se ven aquejados de perpetua pobreza y hambruna, ya que los frenteamplistas los engolfan en un abismo de oscuridad haciéndoles creer que lo falso es verdadero mediante ilusiones y falsas promesas confusas y sin sentido. Todo ello es locura e insoportable fangal de error y de burla. Quienes conocen y aman la verdad deben absolutamente rehuir a estos hombres y alejarse de ellos.
No se puede ser frenteamplista y ser una persona de bien. Pues quien usa el discurso frenteamplista no puede negar que está violando la ley de Dios y de la Naturaleza ya que anulan la amistad mutua en la sociedad humana creando un odio grandísimo entre los pobladores.
Los frenteamplistas, por medios sutiles y desconocidos, corrompen el cuerpo, la vida, la salud y el buen entendimiento entre los hombres tratando de mil maneras de ofender al género humano».
Seguramente creíste que era un fragmento de algún discurso de Sanguinetti, Hierro, Larrañaga, Lacalle o cualquier otro blanco o colorado.
Pero no, no lo es. Pertenece a un «Tratado sobre los monstruos» publicado en 1575.
Sólo cambié la palabra «demonio» por la de «frenteamplista».
¡Si será vieja la estrategia!*
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