¿Cómo se hacen los atados políticos en Uruguay?

La pobreza conceptual con que se le suele brindar al público uruguayo la información y el análisis político determina que muchas veces éste no esté al tanto del modo como se hacen los atados, los paquetes, los anudados y lo enlaces en su vida política. Todos al servicio de statu quo y del sistema establecido de privilegios o «establishment».

El peculiar balotaje en el Uruguay

Cuando se introdujo el balotaje en el sistema electoral uruguayo, como se sabe, no se pensaba otra cosa que en cómo frenar el avance electoral de Vázquez. El impacto de un sistema electoral sobre un sistema de partidos es, sin embargo, bien importante y los politólogos mayores de los últimos 50 años han avanzado sobre el tema. Un suerte de principio convenido en la ciencia política universal establece, por ejemplo, que el sistema electoral de doble vuelta o balotaje estimula la formación del multipartidismo y no del bipartidismo. Ello puesto que en una primera vuelta los electores votan, al decir de los franceses, con el corazón, y en una segunda vuelta con el bolsillo. Traducido en que en una primera vuelta la gente tiende a marcar los matices partidarios y en una segunda vuelta, obviamente no.

Sin embargo, las relaciones entre los sistemas electorales, los sistemas de partidos y los sistemas de gobierno estarán siempre condicionadas a las señas de la cultura política dada en cada país. Lo primero que enseña la pasada elección interna es que en una cultura hiperpolitizada como la uruguaya se produce una suerte de balotaje anticipado ya no en la primera vuelta sino que la propia elección interna  que se realiza cuatro meses antes que la primera vuelta  también está condicionada por la lógica del balotaje anticipado.

Dicho de otra forma, los no frentistas creyeron con claridad que los blancos eran mejor herramienta que los colorados para enfrentar a Vázquez y, dentro de los blancos, que Larrañaga tenía más chances contra Vázquez que Lacalle. El balotaje anticipado potenció el voto útil y con el bolsillo. Así, por ejemplo, se barrió con los votos ideológicos colorados-batllistas.

Las ataduras en una elección interna

Según el sistema vigente en las elecciones internas el voto no se paga. Es decir que el legislador considera que el principio de acceso a la política que el Estado brinda en las elecciones nacionales para que los ricos no se coman a los pobres no es válido para una elección interna. En las elecciones internas, según nuestra legislación, se estimula, por el contrario que los que tienen dinero primen sobre los que no tienen dinero. (A esto se oponía ya Don José Batlle y Ordóñez, en 1919, cuando sostenía que el Estado debía financiar, como ahora se hace en las democracias modernas, no sólo las elecciones  esto es una fase de la democracia  sino la vida permanente de los partidos, esto es la democracia toda).

Asimismo, en las elecciones al interior de los partidos no hay tercer escrutinio o representación proporcional perfecta (que algunos llaman con error representación proporcional integral). No. En las elecciones internas de los partidos, los restos de votos de las minorías eligen convencionales de las mayorías. No existe ese principio que hace que en nuestras elecciones nacionales la proporción de los votos entre los partidos sea la proporción exacta de sus representantes en el Parlamento y, entonces, la minorías reúnan los votos sobrantes de todas los departamentos del país. No. La Convención no es proporcional. Otra vez, nuestro sistema se contradice y lo que considera bien en un momento, lo considera mal en otro momento.

Las minorías perjudicadas en las elecciones internas, entonces, en dos variables sustanciales de la vida política (el financiamiento de la política y la representación de las minorías), en realidad, son más perjudicadas por otro fenómeno de nuestro sistema electoral. Como el sistema implantado en 1997 determina que quienes gobiernen a los partidos no sean sus afiliados  como en todo el mundo  sino que rige un sistema de plebiscito de cúpulas en las elecciones internas abiertas y simultáneas, lo que en realidad ocurre en el Partido Colorado es que esas cúpulas desmantelan todo funcionamiento interno, borran la democracia interna y la vida misma del Partido, y, ahupadas en la fuerza de esa confiscación que hacen de toda posibilidad de control o debate interno, articulan ese sobrepoder con poderes económicos fácticos, con poderes mediáticos fácticos y con poderes ilegales fácticos. Nada más y nada menos que eso es lo que hay que enfrentar, luego, armados de un sistema financiero injusto y un sistema de representación injusto.

Las ataduras de la derrota

Pasada la elección interna se presentó un primer escenario donde fue obvio que el Partido Colorado se equivocaba al presentar a Batlle como candidato, fue evidente que el Partido Nacional se equivocaba al exiliar a Lacalle y que el Frente Amplio acertaba al anunciar que ese equívoco nacional llamado Astori fuera su candidato a ministro de Economía.

A eso le sucedió un segundo momento en que Larrañaga se estanca e incluso baja  para los no blancos no es conveniente una exposición pública tan prolongada de dicho candidato  y en que el Frente empieza a deprimirse. Es absolutamente incapaz de defenderse de las más sencillas trampas que le pone el sistema mediático del «establishment». Los mismos beneficiarios de 100 ondas de radio en los años 90 y, sobre todo, los angurrientos canales privados de televisión capitalinos, favorecidos de mil maneras por el sistema político contra los derechos del público a una oferta mediática más amplia y mejor, se empiezan a divertir con el Frente. El episodio Marenales lo demuestra. En realidad, con buena escenografía guerrillera, se le hizo decir lo que no dijo. Es como, a los efectos del ejemplo, si las cámaras hubieren ido a entrevistar a Gavazzo y, luego de hacerle decir que va a votar al Partido Colorado, le hubieren preguntado sobre cuál cree que debe ser la política de derechos humanos del mismo. Pero el Frente parece no tener un subconsciente políticamente liberal lo suficientemente fuerte como para descalificar con vehemencia esos procedimientos. Ahora ocurre, con el tema de la libertad de prensa, que los canales que la han censurado, violado y torturado, han convencido a parte de la opinión que el Frente la pone en peligro.

Pero el descenso del Frente y de los blancos no es capitalizado por un Partido Colorado que está envuelto en un «corralito de rechazo» en la primacía de Sanguinetti y Batlle.

¿Cómo actúa, sin embargo, la cúpula colorada tal cual estuviera segura de la derrota? Grueso, muy grueso.

Por ejemplo. Están adelantando la elección de candidatos a intendentes por Canelones. Lo tienen que hacer ahora antes de octubre. Les vino una urgencia que citan dos veces la Convención Departamental en 20 días. E insisten con eso. ¿Por qué? Por dos razones. Después de octubre de empiezan a acabar los contratos de obra que unen a muchos convencionales con la arcas de la Intendencia de Canelones. En segundo lugar, tras la eventual derrota ¿quién les será fiel? Entonces hacen elegir a los candidatos a intendentes mientras los convencionales están amarrados, es decir, absurdamente siete meses antes de las elecciones municipales. Pese a todo, ya hay grietas en la pared.

Otro ejemplo. Por primera vez se resuelve que la Convención que elija al Comité Ejecutivo Nacional no se reúna en un solo lugar y vote, sino que se abren urnas en todo los departamentos del país. ¿Por qué? Porque así pueden controlar mejor a los convencionales. Porque si se vota en un solo lugar, los votos secretos disidentes  el voto secreto existe justamente para eso, para
que pueda ser disidente  en el montón de los 500 convencionales se disimula. Pero ahora, donde votarán 10 o 20 convencionales por departamento, a los disidentes se los identifica enseguida. Y se les puede perseguir. Es decir, para perjudicar a las minorías han hecho el voto menos secreto. En su soberbia vuelven a humillar a Stirling y no lo dejan encabezar la lista al Comité Ejecutivo, sino que para dejar las cosas bien claras, le ponen a Sanguinetti encima. De pavor. Y, de vuelta el apuro, Sanguinetti podría ser nombrado secretario general antes de las elecciones. Como si temieran que después el planeta comenzara a girar en sentido contrario. Como si temieran no poder darle más de comer al «aparato». Como si tuvieran miedo de un Batllismo sin los beneficios del Estado. Como el que hizo Batlle y Ordóñez, sin el Estado. Porque lo armó desde el llano y porque cuando murió en 1929, el tamaño del Estado era 10 veces más pequeño que 20 años después. *

(*) Ex senador de la República. Dirigente del Partido Colorado.

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