De cucos, fantasmas y otras estrategias electorales
Como estaba previsto, además de adelantar la hora los blancos y colorados adelantaron Halloween.
Y así sacaron de sus cuevas a los súcubos que, pasada la moda de comerse a los niños crudos, ahora se comen los dineros de los trabajadores. Despertaron de sus tumbas a los vampiros que clavando sus colmillos en los periodistas succionarán la libertad de expresión.
Reanimaron a los fantasmas que arrastrando sus cadenas forman piquetes espectrales.
Convocaron a elfos, duendes y quimeras al gran aquelarre electoral con brujas, hechiceros y la antigua Medusa que con su cabellera y hasta sus cejas preñadas de serpientes elucubra nuevos terrores.
Claro que estos fantasmas, como dice mi amigo Néstor, al ser rosaditos ya no causan miedo. Hace unos 25 años, allá a fines del 79 y principios del 80, escribí para «Canciones para no dormir la siesta», esta canción que me parece útil recordar.
EL CUCO
El cuco existe
y está asustado
de que los niños
le pierdan miedo.
El cuco sabe
que si los niños
juegan alegres
desaparece.
El cuco es débil
y tiene miedo
que lo descubran
que está muy solo.
Por eso se reunió con Tutú Marambá
con el Hombre de la Bolsa
y el Ogro del Más Allá
y decidieron ser malos
por unanimidad.
«Hay que asustar a los niños,
hay que ser malos», dijeron,
«Para que no se den cuenta
que nos pueden derrotar».
Pero los niños
formaron rueda
juntas las manos
pan y canela.
Y descubrieron
que estando juntos
mano con mano
no hay ningún cuco.
No existe el cuco.
(En aquellos años «volanteábamos» en la platea la letra de esta canción con un titular que decía «Cantale esta canción a un amigo». Hoy, podríamos hacer lo mismo) *
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