Los venenos que amenazan nuestra salud
Unas son las que los alimentos generan de manera natural y otras, las producidas artificialmente por el hombre. En cantidades superiores serían letales: cáncer, disfunciones hormonales de la tiroides, interferencias en el desarrollo cerebral… Sin embargo, la amenaza no sólo está en la dieta, también en nuestros hogares: desde el de- sodorante a la laca de uñas pasando por el colchón, las cortinas o la carcasa del televisor o de la computadora…, nuestra piel absorbe y nuestro organismo acumula incapaz de eliminarlos habitualmente agentes como los ftalatos, el triclosan o el tributil. Lo revela un simple análisis de sangre.
Ya sólo sus nombres suenan venenosos. Etoxilatos, alquilfenoles, retardantes bromados… Todos los días estamos expuestos a sustancias que penetran en nuestros cuerpos de muy diversas formas: por la nariz, por la boca, por la piel. Nos rodean. El peligro nos acecha hasta en lo que creemos más seguro: nuestro hogar. Vamos, que subir a un volcán en erupción podría parecer más seguro que pasar un día cualquiera en casa, porque el bombardeo tóxico no entiende de treguas.
Sábanas y colchones están tratados con productos químicos que pueden dañar el sistema inmunológico, causar defectos de nacimiento y afectar al desarrollo cerebral. Esos mismos compuestos se encontrarían en alfombras, muebles, móviles, computadoras y televisores. Los cosméticos, el champú, la espuma de afeitar y hasta las cortinas de la ducha nos acosan con más de lo mismo. Igual que los líquidos de limpieza, los detergentes, los recipientes antiadherentes y el jabón del lavavajillas. Incluso es posible que sus zapatillas de deporte destilen alguna amenaza, igual que los pijamas y los juguetes de sus hijos. A la vista de estos datos, cualquier gobierno que quisiera encontrar armas de destrucción masiva no tendría más que dirigir sus investigaciones hacia los hipermercados.
Los productos químicos llevan más de 50 años proliferando en la vida moderna. Sin embargo, su irrupción en nuestras vidas no se ha visto acompañada por ninguna epidemia fulminante, sino por continuas mejoras de nuestra salud.
Los pesticidas constituyen un clásico. Hidroxiantraquinono, metilformilhidrazono, monocrotalino, acetaldehido, crotonaldehido, quercetina, sinfitina… Todos ellos producen cáncer en ratas. Cualquiera de nosotros habrá ingerido alguno de ellos o de sus parientes tóxicos si ha ingerido ajos, apio, brécoles, café, champiñones, frambuesas, guisantes, lechugas, limones, manzanas, miel, naranjas, patatas, peras, plátanos, pomelos, repollos, té, tomates, uvas, zanahorias.
¿Y quiénes están vendiendo estas sustancias venenosas? ¿Qué marcas? La respuesta es breve y estremecedora: todos y todas, sin excepción.
En resumen: está clara la presencia de una gran diversidad de productos químicos dispersos en el ambiente, que a su vez tienen capacidad de bioacumularse y de causar cáncer o daños en las condiciones reproductivas de roedores y que, en determinados casos, se asocian con enfermedades del hombre.
La lógica aconseja entonces que prevalezca el principio de prudencia, ya que si no hay manera de garantizar su inocuidad, hay que prohibirlas. Por otra parte, no hay dudas de que muchas de estas sustancias han contribuido a la seguridad, a la eficacia y al abaratamiento de un gran número de productos, desde las ensaladas a las naves espaciales. En este caso, la lógica aconseja que no se prohíban salvo que se demostrase fehacientemente que matan.
Inevitablemente, los gobiernos no dejan contento a nadie. Si legislan, son unos quimicófobos cobardes. Si no lo hacen, están jugando de manera corrupta o complaciente con la vida de las generaciones futuras. Lo que está ocurriendo, aunque a un ritmo no muy vivo, es que el cóctel se va agitando poco a poco. En 2003, la Comisión Europea propuso un único sistema de evaluación de los riesgos y del control del empleo de productos químicos: el Reach (Registro, Evaluación y Aprobación de Sustancias Químicas), cuya aprobación está prevista para el próximo 2006.
A partir de esa fecha se abrirá un período de valoración, durante el cual todas las sustancias químicas que se utilicen en grandes cantidades serán sometidas a una evaluación, al tiempo que se pondrán a prueba las medidas de seguridad de los fabricantes. Hasta entonces y pendientes de posibles prohibiciones y de los controles voluntarios que quiera introducir el sector, las cosas seguirán como hasta ahora. *
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