El maestro José Soler
En este mes se cumplen 5 años del adiós del tenor José Soler. Cuando el maestro de música, a los 95 años, partió entonando un canto inmortal. Quedó su leyenda que la memoria recupera en este pentagrama de recuerdos. Fue uno de los más entrañables personajes del Montevideo del Ayer. Por la década del 30, mostraba sus ansias juveniles en los escenarios carnavaleros. Soler amó profundamente lo popular. Los barrios comenzaron a reconocer al muchacho de la sublime voz. Carnaval de Antaño con las míticas troupes recorriendo, con una interminable caravana de autos detrás, los cientos de tablados. Las murgas eran el salto alocado y la picardía pero las troupes representaban la exquisitez de un arte que se hizo un lugar en el corazón de los vecinos. El viejo escribidor que, de puro audaz, se entreveraba en el coro de «La Moderna», muchas veces, mientras esperaban turno para actuar se deleitaba con la voz de aquel joven tenor. Es que estaba actuando «Un real al 69″, donde Soler hizo sus primeras armas artísticas. Días de febrero donde las queridas troupes encantaban a todos los montevideanos con la fineza de sus coros y espectaculares cuerpos de baile. Bohemios que a puro canto entibiaban aquellas madrugadas carnavaleras. La «Oxford» del Loro Collazo, «Derecho Viejo» de Vicente Conti, «Todo a Viejos Verde» de Vellozo.
También fueron brillantes «Momento Musical» y «Farándula de Momo» del Lito Imperio.
Bajos, primos y tenores hacían palpitar sus almas en aquellos cuadros musicales. Tarantelas, jotas y tangos se mezclaban mientras las parejas de bailarines giraban haciendo sutiles arabescos.
A esas agrupaciones se arrimaban tenores de la lírica como Calvoti, Cotelo, Serrano, Berruti y el querido flaco Martínez que actuaba en «La Moderna».
Voces exquisitas, que por aquellos tiempos subían a los camiones para confundirse con el pueblo que los esperaba en los esquineros escenarios adornados con farolitos de colores.
Cuando aparecía José Soler, su troupe «Un real al 69″ se convertía en una mágica estampa del arte coral.
Muy joven, el maestro de música, más vocacional que académico, entonaba sus inolvidables canzonettas.
Ya le había picado el bichito de la lírica pero en Carnaval no pudiendo con su pasión popular se trepaba a los tablados.
Cuando había definiciones en el concurso que se organizaba en el Teatro Solís, don José desnivelaba con su espectacular voz.
Carnaval, lírica y arte conjugados en la naturaleza de un cantante de raza. Soler tenía un sencillo empleo público en el Sodre y allí recibía, cuando podía, las enseñanzas de su maestro Baldi.
Muy pronto se abrieron para ese entusiasta joven las puertas de los grandes templos de la música.
Lo llamaban de la Scala de Milán, de España y hasta de Alemania.
En el Colón de Buenos Aires su presencia era más que habitual. Allí estaba con El Rigoletto, deslumbrando a las plateas de todo el mundo.
Con 93 años se dio el lujo de cantar en el Estadio Centenario invitado por Plácido Domingo.
Un fuerte aplauso para el maestro de música y su arte inolvidable.
Con más recuerdos y canciones los esperamos todos los sábados, a las 19 horas, en la 1410 AM LIBRE. *
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