Criaderos de chinchillas: una producción alternativa en el Prado
La chinchilla es un roedor que pertenece a los simplicindentatem es decir roedores que poseen sólo un par de incisivos en cada mandíbula, como los cobayos, el agutí y otros pequeños animales sudamericanos.
Fueron descubiertas por los españoles en el siglo XVI en los altiplanos de Perú, Bolivia, Chile y Argentina. A partir de allí su piel toma importancia como mercancía y rápidamente incrementa su valor debido a su uso en la vestimenta de alta costura. Aún hoy, pese a los movimientos ecologistas, es un material requerido por la industria de la moda y mantiene un valor de venta que atrae a algunos uruguayos a emprender su cría con fines exportadores.
Es el caso de Urbano Pazos, propietario del establecimiento «La Amistad», ubicado en la zona de Paso Carrasco en el límite entre Montevideo y Canelones.
Pazos inició esta actividad en el año 1996 con la compra de una familia de chinchillas, compuesta por seis hembras y un macho. Según él esa inversión es la más costosa de la cadena de producción de estas pieles, ya que cada familia cuesta alrededor de mil dólares y la manutención diaria de los animales es sumamente barata.
«A diario comen 25 gramos de ración de conejo, alfalfa dos veces por semana y a las madres se les brinda un suplemento vitamínico. Además se necesita solo un metro cuadrado cada 10 animales y mantener la temperatura estable durante todo el año. Lo ideal es un clima que se encuentre entre los 10 y 28 grados, si pasa los 30 pueden morir», explicó Pazos.
En promedio cada hembra tiene dos partos anuales con dos gazapos en cada oportunidad, por lo que la recuperación de la inversión inicial es rápida una vez establecido el contacto con los compradores. De acuerdo a lo aseverado por Pazos la venta en el mercado interno solo se produce con materiales de descarte, y para exportar es necesario producir al menos mil cueros, aunque se presentan excepciones como la ocurrida el verano pasado cuando su establecimiento vendió 300 pieles a un acopiador catalán que ya conocía la calidad de las mismas.
Un cuero al momento de la faena no supera los seis dólares de costo, pero su precio en el mercado puede llegar a veinte, ello depende del tamaño que no debe ser menor de 40 centímetros y de la tonalidad del pelo, prefiriéndose los más negros.
«Es una producción alternativa que debe encararse como emprendimiento familiar, y que tiene por objetivo la venta de la piel del animal. Para algunas personas ello representa un problema, en especial por la ternura que despierta la cara de estos roedores. Pero en este país existen sólo con ese fin, el clima no permite que crezcan en estado salvaje», subrayó Pazos. *
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