Una de cada tres mujeres padece violencia basada en el género
La violencia basada en el género o «violencia contra las mujeres» incluye muchos tipos de comportamientos físicos, emocionales y sexuales nocivos para las mujeres y las niñas, que son practicados con frecuencia por miembros de la familia, pero también por extraños.
Las Naciones Unidas la definen como todo acto de violencia, basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o sicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada. Este concepto ubica la violencia contra la mujer, en el contexto de la desigualdad relacionada con el género como actos que las mujeres sufren a causa de su posición social subordinada con respecto a los hombres.
En Latinoamérica la mayoría de las leyes y políticas emplea el término «violencia intrafamiliar» cuando se refieren principalmente a la violencia contra la mujer perpetrada por su pareja. La Organización Panamericana de la Salud utilizó inicialmente ese término, pero luego lo cambió por «violencia basada en el género» o «violencia contra las mujeres», para referirse a una gama más amplia de actos que habitualmente sufren mujeres y niñas, realizados tanto por sus parejas y los miembros de la familia como por individuos ajenos a ella.
¿Cuál es su prevalencia?
Según estudios recientes mencionados por la OPS, entre el 10% y el 50% de las mujeres han sufrido en algún momento de sus vidas un acto de violencia física realizado por sus parejas. Entre las conclusiones de los mismos se destacan algunas de las características que a menudo acompañan la violencia en las relaciones de pareja:
-La mayoría de los autores de la violencia son hombres; las mujeres corren mayor riesgo con hombres que ya conocen.
-La violencia física casi siempre va acompañada de maltrato psicológico y, en muchos casos, de abuso sexual.
-La mayoría de las mujeres que sufren alguna agresión física de su pareja suelen ser víctimas de múltiples actos de violencia con el paso del tiempo.
-La violencia contra la mujer traspasa los límites de la clase socioeconómica, la religión y el origen étnico.
-Los hombres golpeadores exhiben un marcado comportamiento de control sobre alguien.
Estos estudios muestran que la violencia basada en el género es un problema complejo que no puede ser atribuido a una sola causa. Hay factores de riesgo, como el abuso de alcohol y de drogas, la pobreza y el hecho de presenciar o sufrir violencia en la niñez, que contribuyen a la incidencia y a la severidad de la violencia contra las mujeres.
¿Por qué es un problema de salud?
Cada vez son más numerosas las pruebas y mayor la concienciación de los proveedores de servicios de salud de los resultados negativos para la salud provocados por la violencia basada en el género, llegando incluso a la muerte de la víctima. El maltrato físico y sexual afecta la salud reproductiva de las mujeres, ya sea directamente por los riesgos a causa de las relaciones sexuales forzadas o el temor, o indirectamente por los efectos psicológicos que conducen a comportamientos arriesgados. Los niños también pueden sufrir las consecuencias, ya sea durante el embarazo de la madre, o en su propia niñez a causa del descuido o los efectos psicológicos o sobre el desarrollo resultantes de presenciar el maltrato o sufrirlo personalmente.
Además es más probable que los hombres autores de maltrato físico tengan múltiples parejas sexuales y que las fuercen a mantener relaciones, con lo cual las exponen a infecciones de transmisión sexual, incluida la infección por el VIH.
Esto se suma a que las mujeres víctimas de maltrato son menos capaces de negarse a mantener relaciones sexuales forzadas, usar anticonceptivos o negociar el empleo del condón.
Asimismo este tipo de violencia incrementa el riesgo de que las mujeres sufran muchos problemas de salud reproductiva, como dolor pélvico crónico, flujo vaginal, disfunción sexual y problemas premenstruales, además de embarazos malogrados por abortos e hijos con bajo peso al nacer. El temor, el aislamiento geográfico y la falta de recursos económicos pueden impedir que las mujeres busquen servicios de salud reproductiva –atención prenatal, servicios ginecológicos y anticonceptivos, detección y atención de enfermedades–, además imposibilita una atención adecuada para sus hijos.
El hecho de haber presenciado o sufrido la violencia durante la infancia se ha asociado con comportamientos arriesgados durante la adolescencia y la edad adulta, como la iniciación sexual temprana, el embarazo en las adolescentes, las parejas múltiples, el abuso de sustancias psicotrópicas, el comercio sexual, y no emplear condones u otros métodos anticonceptivos.
Por otra parte, el maltrato frecuente puede erosionar la resistencia de las mujeres y exponerlas al riesgo de sufrir otros problemas psicológicos, como el trastorno de estrés postraumático, el suicidio y el consumo de alcohol y de drogas.
Función del sistema de salud
Según la OPS los proveedores de servicios de salud pueden desempeñar una función esencial al detectar, enviar y atender a las mujeres que viven con violencia, ya que las mujeres que sufren consecuencias del maltrato a menudo recurren a estos, aún sin revelar el episodio de violencia, mitigando así los efectos tanto a corto como a largo plazo de la violencia basada en el género en las mujeres y en sus familias. *
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