Las denuncias de los trabajadores del Pasteur fueron confirmadas
Recorriendo sus instalaciones se descubren tres realidades distintas signadas por las carencias y el hacinamiento. Cada una de estas pertenece a un área distinta de la planta edilicia del nosocomio: policlínicas, salas remodeladas y salas sin mejoras. Sin embargo, a pesar de las diferencias en todas ellas pueden observarse dos factores idénticos: varios pacientes de bajos recursos que comparten espacios reducidos, y funcionarios técnicos y no técnicos que se esfuerzan en brindar un buen nivel de atención con lo que tienen.
Realidad I
Las Policlínicas funcionan en un edificio de reciente construcción que se encuentra separado del núcleo central del hospital por la calle Víctor Arreguine. De estilo moderno con amplios ventanales que permiten el ingreso de luz natural a la amplia recepción es la única parte del nosocomio que cuenta con baños públicos.
Pero las grandes dimensiones de la entrada contrastan cruelmente con la zona interna donde se distribuyen las policlínicas de la planta baja.
Un estrecho pasillo de no más de un metro de ancho es el espacio que deben transitar las enfermeras, nurses, médicos y pacientes, mientras se sortean armarios y otros muebles. Al final del mismo en un espacio donde también se producen carreras en busca de galenos e insumos está ubicada una pequeña mesa que los funcionarios utilizan para el trabajo administrativo y el descanso.
Allí se encuentra la habitación destinada a las curaciones. En ella una camilla angosta ubicada contra una pared, y una reducida mesada donde la enfermera amontona las gasas, algodones, desinfectantes y demás utensilios necesarios para la tarea. A los pies de la camilla se sitúa el recipiente destinado a los deperdicios hospitalarios, sin tapa.
Las paredes aún presentan un aspecto de «pintura fresca», no obstante hay algunas marcas indelebles, tal vez producto de la falta de ventilación.
En esas condiciones, y con una única pileta para higienizar manos y utensilios, se realizan las curaciones de pacientes quirúrgicos e infecciosos. Las tareas de asepsia se ven limitadas por la alta rotación de enfermos.
Estos aspectos, y otros, junto con las mejoras que debían efectuarse fueron señalados a la dirección del hospital por la auditoría que realizó la Comisión de Infecciones en mayo pasado.
Realidad II
La segunda área diferenciada por LA REPUBLICA está constituida por el ala remodelada para usufructo del Servicio de Enfermedades infecto contagiosas, pero que actualmente está ocupada por pacientes del Pasteur.
Allí se encuentran las salas 106, 210, 211 y 212 que fueron indicadas por los funcionarios como los lugares que albergan a pacientes con distintas infecciones y enfermedades respiratorias sin aislamiento. Los boxes destinados para la separación de los enfermos infecciosos están colmados, incluso en alguno de ellos en vez de una cama hay dos, por lo que el resto se distribuye en las salas generales que quedan a continuación de éstos.
En las salas las camas se separan con mamparas bajas. No existe una construcción especial para la enfermería sino que se utilizó el concepto de «enfermería de estancia» que consiste en la no separación de esta área de la zona de las camas. En la noche cuando las enfermeras encienden la luz para realizar su trabajo la claridad perturba a los pacientes más cercanos, ubicados a un metro y medio de los cubículos.
Estas áreas de trabajo no tienen repartición interna que posibilite la separación de los elementos limpios de los sucios. Es más, desde hace unos días las enfermeras optaron por vaciar las chatas en los baños y no en el cubículo destinado para ello –y para lavarlas– porque el olor invadía la sala.
En cada sala hay un baño con varios inodoros y dos duchas –de buena terminación y fina griferia– que son compartidos entre los pacientes, acompañantes y funcionarios.
La gran duda que presenta esta zona para los funcionarios, más allá de la preocupación por la cruza de infecciones, es qué sucederá con los pacientes allí internados cuando se traslade el SEIC, ya que el resto del hospital está colmado.
Realidad III
La parte «vieja» del Pasteur es la más extensa y por tanto la que más servicios y pacientes alberga. En ella como áreas a destacar se encuentran el block quirúrgico, la emergencia, cardiología, otorrinolaringología, endocrinología y CTI.
El paso de los años se percibe en cada rincón, tal vez por ello la sensación de hacinamiento es mayor y la falta de recursos se nota más.
El olor en algunas salas es nauseabundo, agridulce, penetrante, ácido, indescriptible. Lo único seguro es que no se trata de hipoclorito de sodio. En otra sala unas sábanas remplazan la puerta, que según pudimos saber esta semana se envió a reparar. La iluminación es muy mala, al igual que la ventilación. La separación entre las camas es mínima.
En los baños faltan artefactos, algunas puertas están construidas con materiales compensados y las añejas cañerías suelen fallar con frecuencia. Aquí los sanitarios también son compartidos por pacientes, trabajadores y familiares. Incluso es posible que al ingresar uno se tope con un funcionario que se cambia de ropa al finalizar su horario.
De los equipos de aire acondicionado del block quirúrgico, según algunos funcionarios, en ocasiones «salen gusanos».
Otra historia es la emergencia. Lo bajo de los techos, las telarañas en las paredes, la estrechez de los corredores y la poca luz dan a la escena un aspecto dantesco. Durante el día los pacientes esperan en rudimentarios bancos de madera a ser atendidos, en la noche esos muebles sirven también de camilla para revisiones médicas. Es que durante la madrugada la puerta de emergencia se desborda, las salas se abarrotan de enfermos y el patio de ambulancias que esperan para ingresar a más personas. *
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