METROSEXUALIDAD: LA PRACTICA DE LA CIRUGIA PLASTICA ENTRE LOS HOMBRES SE TRIPLICO EN LOS ULTIMOS CINCO AÑOS

Primero la mujer quiso competir con el hombre, ahora el hombre quiere imitar a la mujer

A Montevideo, a Uruguay, el aporte, el eventual cambio cultural le llega, como casi en la absoluta mayoría de los órdenes, después de existir en casi todo el mundo occidental. En Internet, hay más de 16.000 páginas vinculadas a esta nueva expresión castellana (?) de la sexualidad masculina: los metrosexuales.

Aunque países como Uruguay seguramente vean enlentecido el arribo de este cambio social, debido a la escasa población joven, así como al condicionamiento económico incluso en las clases sociales privilegiadas, algunos atisbos hay. En definitiva la metrosexualidad, tampoco es una cuestión de estricto corte económico o etario, sino una forma de actuar, un prototipo de masculinidad, cambiante como los tiempos. Si el lector es de quienes usaron «gacho» alguna vez, o de aquellos que cuando arribó a Uruguay la música de los Beatles, criticaba a esos «peludos», la metrosexualidad puede resultarle algo más compleja de comprender. De asimilar, ni hablamos.

De machos a metrosexuales

Cuando un hombre usaba hasta hace algunos años acondicionador de cabello era observado con cierta condescendencia por el resto de la manada masculina. Y no solamente en Uruguay. De alguna forma, el acondicionador aparecía como un cuestionamiento a la virilidad. Algo como asistir a la manicura, usar calzoncillos de seda, o depilarse el pubis.

Ahora, a expensas de íconos modernos de inserción planetaria (David Beckham, Brad Pitt, Tom Cruise, Lenny Kravitz, etc.), y con el empuje de la publicidad consumista, la consolidación de nuevas formas de enfoque masculino es absolutamente real. Básicamente, la extinción progresiva del troglodita del siglo XX (gordo de hamburguesas, desaforado futbolero, estereotipado en el atrofie estético), es sobre lo que avanza esta nueva óptica, a todas luces antimachista. Además les aporta un éxito rotundo entre las mujeres, de atenernos a los hábitos preferenciales que los sociólogos analizan ya en el mundo desarrollado.

El machismo sigloveintista deja paso a una cruza de virilidad con tics femeninos, donde el refinamiento y la sensibilidad para todo lo coloca en una línea hasta ahora poco cruzada por los heterosexuales. Este último aspecto a fin de aclarar un punto clave: si para muchos machos la nueva masculinidad es absolutamente «mariquita», ellos en absoluto lo consideran de igual modo. Por el contrario, su opción sexual sigue siendo la de una (o más) mujeres, aun cuando toleran mucho más a los que desean otras experiencias.

Cuando lleguen

Los metrosexuales accedieron al prefijo a partir de una característica definida: son metropolitanos, cosmopolitas de avanzada, es decir, sofisticados. Ciudades como Nueva York, Londres, por qué no, Buenos Aires, son su hábitat más convincente. Ciudades como Montevideo los constriñen en tanto condenan.

Absolutamente narcisistas, cuidan de su estética al límite, e incluyen actitudes y hábitos, algunos inéditos. Desde la vestimenta, con absoluta preferencia por poca variedad, pero con estilo y de marca, a la inversión en muebles de diseño y obras de arte originales. Del gusto exquisito por la gastronomía exótica, y su habilidad para preparar lo distinto, a los deportes no violentos, el yoga, o la afición por las joyas. Lectores de Hemingway, Susskind y Kerouac; a la hora del cine optan por Kusturica, Fellini y Kubrik; mientras que en materia musical son fanáticos de David Bowie, Massive Attack y Simple Red.

Aunque los sociólogos atienden a los metrosexuales como un fenómeno inserto pero aún de baja incidencia, los publicistas (armadores de las tendencias que evaluarán los sociólogos) representan al fenómeno como el de más veloz crecimiento dentro del mercado consumidor masculino. Es así que la gigantesca agencia EURO, con 223 filiales en el mundo, acaba de reunir en Nueva York a una docena de estos «nuevos hombres», para evaluar temas que fueron, desde la locura generalizada por los autos Mini-Cooper, a la clase de jeans que sugieren, desde el diseño de interiores que proponen, a los gurúes de yoga que consideran más compatibles con los hombres de este lado del planeta.

El fenómeno «metrosexual» invadió Europa y Estados Unidos durante 2003, a tal nivel que actualmente cadenas de televisión se abocan a producir «reality shows» y teleteatros que «popularizan» el fenómeno, promocionado todo por distintas series de productos que prometen transformar a gusanos televidentes, en libélulas de la nueva masculinidad.

Por su parte, Conde Nast, la empresa editorial que publica «Vogue» y «Vanity Fair», lanzará una nueva revista para hombres que, más que revista, es una guía de compras dedicada principalmente a ropa y zapatos.

Y no hay un laboratorio, una firma cosmética o una línea de belleza que no esté explorando las interminables fronteras de la vanidad masculina. Unilever, por ejemplo, creó «Axe», el primer desodorante «para todo el cuerpo» para hombres. La revista «Maxim», célebre por sus portadas de modelos semidesnudas, acaba de lanzar al mercado su línea de tinturas para el cabello masculino; mientras «Nickel», el laboratorio que entre otras cosas ofrece una «crema para el día después», que promete borrar todos los signos de una borrachera, abrió hace algunos meses su propio Spa masculino en Chelsea, donde sus clientes pueden someterse a bronceados, masajes capilares y tratamientos especiales para reducir la grasa alrededor de la cintura. El Spa no da abasto, cosa que no debería sorprender a nadie en estos tiempos cuando, según las estadísticas, la práctica de la cirugía plástica entre los hombres se triplicó en los últimos cinco años. *

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