Veda: un paréntesis para la reflexión
Desde la hora cero de ayer, viernes 25, rige la veda de propaganda electoral que la Corte ídem impone un par de días antes de cada elección o pronunciamiento ciudadano con el objeto de que los electores gocen de un tiempo de reflexión, se recojan en sus hogares a solas con sus conciencias y decidan con responsabilidad a quién votar. Es una loable medida que apunta a preservar al ciudadano del bombardeo publicitario que debió soportar durante un tiempo que parecía no acabar nunca.
Debo confesar que me costó adaptarme a escuchar radio y mirar televisión con tandas publicitarias de las que están ausentes los alegres jingles políticos, las exhortaciones y los llamamientos a votar a tal o cual candidato; extraño las imágenes de enfervorizadas multitudes aclamando a su precandidato, las banderas y carteles, los aplausos de la militancia ante discursos pronunciados por líderes de voces enronquecidas… Y bueno, tendré que esperar unos meses para volver a deleitarme con nuevos avisos pergeñados por la imaginación de los creativos de las agencias.
En el fondo me doy cuenta de que las vedas y toda prohibición en general me rechinan. Recuerdo el fastidio que me invadía cuando el gobierno decretaba veda de carne, es decir la prohibición de faenar vacunos para el consumo interno. Pero yo, hombre respetuoso de las normas, siempre acaté y jamás se me ocurrió salir con un facón a carnear una vaquillona; eso sí, me proveía regularmente de proteínas de origen bovino merced a los buenos oficios de algún matarife conocido.
Pero eso de las vedas de carne vacuna ya pasó a la historia. Ahora los gobernantes son más sutiles y, como buenos liberales, nada nos prohíben; se limitan a permitir que los precios de la carne trepen a alturas tales que de hecho no podemos consumirla; y el resultado es el mismo, sólo que más prolijo.
En fin, volviendo al tema de la veda de propaganda, creo del caso reproducir textualmente el comunicado de la Corte Electoral de fecha 15 de junio, el cual debe ser convenientemente difundido según lo pide el propio organismo emisor del dicho comunicado:
«La Corte Electoral pone en conocimiento de la ciudadanía que son aplicables a las elecciones internas de los partidos políticos del próximo 27 de junio, en lo pertinente, las normas sobre garantías electorales contenidas en la Ley de Elecciones Nº 7812, de 16 de enero de 1925, por lo que durante las horas en que se realizarán las referidas elecciones, no podrán efectuarse espectáculos públicos en lugares abiertos o cerrados, ni reuniones públicas de carácter político (artículo 176), ni expenderse bebidas alcohólicas desde las veinticuatro horas anteriores a la clausura de la votación, hasta que termine ésta (artículo 177).
La prohibición de realizar actos proselitistas en la vía pública o que se oigan o perciban desde ella, o que se efectúen en lugares públicos o abiertos al público y en los medios de difusión escrita, radial o televisiva, así como la realización o difusión por dichos medios de cualquier tipo de encuestas o consultas, y manifestaciones o exhortaciones dirigidas a influir en la decisión del Cuerpo Electoral, comenzará a la hora 0 del viernes 25 de junio y se extenderá hasta la hora 20.30 del día de las elecciones internas». En primer lugar, queda claro que los ciudadanos no podrán ir al boliche a tomarse una ni el día de las elecciones ni el sábado de noche. Tampoco podremos asistir a ningún espectáculo musical, cinematográfico, teatral o deportivo (aunque los futbolistas no estuvieran en huelga). Me parece atendible que se pretenda evitar que la gente vaya a votar en pedo, pero no veo por qué debemos privarnos de un recital o de disfrutar de la destreza de nuestros astros del balompié.
El segundo párrafo del comunicado contiene ciertas prohibiciones que apuntan a preservar la libertad de conciencia de los electores prohibiendo todo aquello que pueda influir en su decisión soberana. Me parece correcto, porque yo como tantos otros ciudadanos correría el riesgo de mudar mi intención de voto (me abstengo de manifestar hacia qué candidato) seducido por otro con quien todos vivimos mejor, o por la perspectiva de un nuevo país, o por el que está del lado de la gente, o dejarme tentar yo, que estoy próximo a ser adulto mayor por cierto eslogan a propósito, o convencerme de que estamos saliendo de la crisis y terminar votando a los que nos metieron en ella.
Respetando el comunicado de la Corte Electoral, cierro puertas y ventanas de mi casa y bajo el volumen de mi voz para que nadie desde la vía pública perciba mis vehementes exhortaciones a votar a determinado partido.
Y me comprometo solemnemente a no expresar en público mi decisión de votar a uno de los grupos (no digo cuál) que integran la fuerza política mayoritaria de este país. *
(*) Periodista
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