¡Viva la veda!
Por fin se acabó todo este asunto de los avisos políticos. Por fin podemos volver a escuchar el maravilloso silencio, recuperado después de haber sido violentado por consignas, ovaciones, aplausos, gritos y por lo que puede ser mucho peor que todo eso: jingles y más jingles. La mayoría de ellos obvios, antiguos, repetidos y con menos onda que la plaza Libertad.
Aunque para decirles la verdad hubo algunos que quedarán para el recuerdo por haber cruzado limpiamente la barrera del ridículo.
Lo que puede ser una pena mayor es que nos quedamos sin un pilón de promesas. Porque, ¡mire que se prometió y se prometió en estos últimos meses! ¿eh?
La promesa más auténtica, veraz y esperanzadora que se haya hecho en ésta y en cualquier campaña electoral realizada Después de Cristo, es aquella que el námber uán de los candidatos a convencionales realiza en un aviso de su lista, que no de su cooperativa.
Dijo El Grande: «Lo único que puedo prometerle a los jóvenes es que van a ser adultos mayores».
¿No les parece estupenda, sorprendente e incomparable?
Si uno la analiza a fondo se da cuenta de que es una promesa que muy posiblemente se cumpla. Y eso es mucho decir sobre lo que surge de la boca de políticos como éste.
Es que este hombre tiene tal poder de síntesis que ha logrado una promesa que incluye en sí misma un sinfín de promesas más. Al asegurarle a los jóvenes que llegarán a una edad avanzada les está asegurando que no se van a morir de hambre, ni de aburrimiento, ni de falta de atención sanitaria, ni siquiera morirán por la caída de un rayo, una sobredosis o un accidente de tránsito. No hay duda, es el Uno.
Lo bueno de la veda es que por lo menos hasta el lunes que viene no hay más pobreza, desocupación, bajos salarios, emigración, productores rurales empobrecidos, empresarios fundidos, deuda externa, niños en situación de calle y cosas por el estilo.
Festejen uruguayos, de aquí al lunes viviremos en un país bárbaro. *
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