PROYECCION PARA FIN DE AÑO INDICA QUE SERA MAYOR QUE EN 2003

La ola emigratoria recrudece otra vez

Si 2002 comienza a ser recordado en términos migratorios como el año «explosivo» de la diáspora en tiempos modernos (solamente comparable con 1973-74, y aun así mayor), el descenso de 2003 parecía pautar una recuperación en las posibilidades de permanecer en el país. Lejos de ello, los datos de los primeros cinco meses de 2004, muestran una proyección para fin de año, superior al anterior.

A todas luces, el flujo decayó el año pasado, a partir de que Estados Unidos cerró literalmente sus fronteras para potenciales emigrantes, y España exhibió controvertidas posiciones, además de alertas sobre la falta de trabajo calificado. Pero en 2004, cuando se aguardaba el 1º de Mayo que una decena de países accedería a la Comunidad Europea, la expectativa de uruguayos descendientes de oriundos de dichas naciones redobló esperanzas. El pasaporte comunitario permite a estos descendientes libertad de trabajo en toda la Unión Europea sin restricciones, a diferencia de las fútiles promesas que en tal sentido proclamaron los gobernantes del Mercosur.

En concreto para Uruguay, los primeros cinco meses de este año deben ser examinados a partir de la única referencia oficial que aún permite atisbar el problema: la diferencia entre salidas y retornos en el aeropuerto de Carrasco. Durante enero, entraron 33.811 pasajeros y salieron 40.419 (- 6.608); en febrero, entraron 34.903 pasajeros, y salieron 37.027 (- 2.124); en marzo, entraron 37.668, salieron 41.904 (-4.236); en abril, ingresaron 39.588, salieron 42.885 (- 3.397) y en mayo, arribaron 33.741 personas, contra 36.381, salidas (-2.640).

19.005 pasajeros que salieron por nuestra principal terminal aérea no retornaron. Aunque podría considerarse un margen de error, para aquellos que optaron por volver al país por vía terrestre o fluvial, empíricamente, ello podría ser contrastado con aquellos que emigraron sin emplear avión, a los países más cercanos. Aunque las proyecciones son tan endebles como las certidumbres en esta materia, estadísticamente la «corriente» ha sido tan estable, que bien puede aventurarse un volumen humano similar para lo que resta del año. Incluso considerando un más-menos altísimo, a favor de la permanencia (por ejemplo, que durante dos meses, de los siete que falta computar, no emigrara ni una sola persona), el estimativo arroja 40.000 emigrados para fines de 2004. En los últimos tres años, no menos de 120.000 uruguayos se habrían ido.

Fuentes en Montevideo, de la Organización Internacional de las Migraciones (OIM), filial de Naciones Unidas en el tema, descartan confirmar o desmentir la cifra, a falta de datos oficiales. No obstante reconocen que, teniendo en cuenta los tres millones de habitantes que hay dentro de fronteras, los estimativos más «conservadores» nos colocan por encima incluso de México, uno de los países con más emigrantes del continente.

En un país donde nacen 50.000 bebés aproximadamente cada año, y donde muere un número aproximadamente igual de personas, la sangría promedial de 30.000 ciudadanos anuales, sobre una población de tres millones, proyectada en un siglo da 0: la cantidad de habitantes que tendríamos si seguimos así, en 2100.

Volviendo a Europa

La «definitiva» reunificación de Europa, que desde el 1º de Mayo último sumó diez naciones a las quince que componían la Comunidad, hizo que automáticamente (y no como ocurre en el Mercosur), los descendientes de ciudadanos de estos países comenzaran a tener los beneficios que implica el pasaporte comunitario, es decir, poder radicarse y trabajar legalmente en cualquier miembro de la UE.

Los hijos y nietos de quienes sean, o hayan sido, ciudadanos de: Polonia, República Checa, Hungría, Lituania, Letonia, Estonia, Eslovaquia, Eslovenia, Malta, y Chipre accedieron al beneficio.

En Uruguay, tan sólo la colectividad polaca cuenta con hasta 25.000 oriundos según algunos cálculos, a los que deben sumarse los descendientes. Húngaros y checos estarían en segundo y tercer lugar. Difícil de cuantificar con absoluta certeza, a nivel de la colectividad húngara se calcula en no menos de 5.000 los potenciales beneficiarios, mientras que hay no menos de 100 familias checas en el país. Representantes de estas tres comunidades confirmaron a LA REPUBLICA, la existencia de una fuerte corriente de solicitudes de documentación en los últimos tiempos, destinada a obtener el pasaporte comunitario.

Lituanos, letones y estonios emigraron durante la Segunda Guerra Mundial a áreas rurales del litoral uruguayo principalmente, siendo su cuantificación difícil, casi tanto como la de beneficiarios de los demás países ahora incorporados a la UE.

Estados Unidos, cerrado

Con la incorporación en el presente mes de junio de la base de datos del FBI, al Consulado de Estados Unidos en Montevideo, las puertas del imperio se cerraron a cal y canto para los aspirantes a emigrar a ese país. Desde el 15 de abril de 2003, Uruguay fue excluido de la lista de países cuyos ciudadanos no necesitaban visa para viajar a Estados Unidos, la última nación del continente en perder el beneficio. De allí en más hubo más de 16.500 solicitudes de visa de la más variada índole: casi un quince por ciento fueron negadas. Entre abril de 2003 y marzo de 2004, se pidieron 15.917 visas, de las cuales 2.078 fueron rechazadas. El porcentaje de rechazo es considerado «alto» por fuentes consulares, aunque sensiblemente inferior al de países como México o Bolivia, con hasta un 50% de reprobados.

El Consulado norteamericano exige condiciones laborales y de afincamiento a los postulantes que demuestren la intención de retornar a Uruguay al vencimiento del visado, así como 100 dólares no retornables en caso de negarse la autorización.

Los motivos más habituales que alegan los uruguayos para viajar son negocio, turismo y visitas familiares, en ese orden; el tercer ítem es el que mayores negativas genera.

Así y todo, varios de los que lograron sortear la valla en Montevideo fallaron ante las autoridades en el aeropuerto de arribo y fueron devueltos en el siguiente vuelo.

Aunque sin cifras oficiales, jerarquías consulares estadounidenses estiman que, tan solo en Miami y Nueva Jersey viven ya unos 45.000 uruguayos, y el total en todo ese país alcanza a «cientos de miles».

Aunque el gobierno de Bush estranguló las posibilidades de los uruguayos para emigrar, le seguirá concediendo el beneficio del sorteo anual de visas. Cada año se sortean 50.000 visas entre millones de postulantes de países «con menos inmigrantes en Estados Unidos». El año pasado la ganaron nueve uruguayos. El próximo sorteo es en octubre. *

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