Experimentar el estado de ingravidez por 3 minutos y medio
Un acontecimiento histórico sin duda, cuya importancia y legado son indiscutibles. Por vez primera en la historia de la humanidad una compañía privada norteamericana, «Scale Composites», de California, realizó un vuelo suborbital al estilo de los que efectuó la NASA en la década del 60, pero a un costo ínfimo. La idea de este programa espacial privado es promover el vuelo al cosmos, proporcionando una manera segura y barata de hacerlo.
El costo del programa se estima en 20 millones de dólares y el precio de cada vuelo al espacio rondara en los 80.000 dólares. La «Nave Espacial Uno» puede llevar a una tripulación total de tres personas: un piloto y dos pasajeros. Esos pasajeros podrían eventualmente ser turistas que pagarían unos 30.000 dólares o más por su chance de convertirse en astronautas, que por definición, es cualquier persona que vuele a más de 80 km de altura.
El vuelo de la nave se realiza en dos etapas. Durante la primera etapa, la «Nave Espacial Uno» despega agarrada a la panza de un avión especial que se llama «Caballero Blanco», el cual la remonta a una altura de 15 km y a una distancia aproximada de 65 km del aeropuerto de partida. Una vez llegado a ese punto, el «Caballero Blanco» suelta a la Nave Espacial Uno y ésta enciende un motor cohete que funciona durante 80 segundos y la impulsa a una velocidad de 1.700 metros por segundo, lo cual es suficiente para que la nave ascienda a más de 100 km de altura. El entonces astronauta experimenta el estado de ingravidez por tres minutos y medio, antes de que la nave comience a planear de nuevo a la tierra y aterrice en el mismo aeropuerto del que despegó apenas una hora y media antes. Precisamente esto ocurrió ayer por vez primera.
El presidente de la compañía «Scale Composites» , Burt Rutan, dijo que en el futuro piensa realizar vuelos como éste cada dos semanas durante un año. Su próximo objetivo es ganar el Premio Ansari X, concurso internacional que ofrece 10 millones de dólares a la primera nave espacial que vuele un piloto y dos pasajeros (o su peso equivalente), a 100 Km de altura, en dos oportunidades y en un lapso de 14 días entre ambas. En principio esta nave no tendría inconvenientes para despegar desde cualquier aeropuerto del mundo, incluido nuestro aeropuerto de Carrasco, ya que todos los sistemas son modulares, de fácil transporte y de tecnologías accesibles.
Hay varias compañías turísticas espaciales que han comenzado la búsqueda de aeropuertos espaciales en varias regiones del planeta. Un problema que enfrenta el turismo espacial en Estados Unidos es el complicadísimo proceso de certificación de vuelo de una nave de esta naturaleza, que costaría entre 100 y 300 millones de dólares, lo cual lo hace casi imposible para compañías chicas como «Scale Composites», o impresionantemente caro como servicio turístico.
Si bien el gobierno norteamericano está tratando de generar leyes que hagan el proceso menos costoso, va a llevar su tiempo. Una opción para usar esta nave en turismo espacial, en el plazo cercano, sería comprársela a esta compañía y utilizarla en un país en el cual no costase tanto la certificación. Quizás un consorcio uruguayo-argentino-brasileño podría hacerlo y lanzarla los veranos desde el aeropuerto de Punta del Este, aprovechando la temporada. *
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