La Columna del Perejil

Aflojen con el meo

Montevideo pasó de ser la tacita de plata a convertirse en la pelela del nono. ¡Voltea el olor! Los otros días tuve que ir caminando de La Española al Hipotecario y si uno no hace el trayecto con máscara de gases tiene que hacerlo aguantándose la respiración para que no se te dé vuelta el estómago. ¡Qué olor a meada en las calles! Tenemos la bosta de los caballos de los carritos, que se ve que al pobre animal lo alimentan con porquerías, porque la cosa ahí en la calle apesta a porquería. Tenemos las cagadas de los perritos en las veredas, que no tienen olor pero pisarlas y andar con eso en los zapatos es una asquerosidad. Y ahora sumamos a todo esto el olor a las meadas humanas. No se puede, vó. Así no se puede. Esto apesta. Está bien, no hay más bares en las esquinas y en algún lugar tienen que hacerlo, pero esto se no está haciendo impresentable. Vamos camino a lo repugnante. *

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