Colonia Berro: denuncian torturas como las usadas por ejército norteamericano en Irak
La declaración de un ex recluso de la Colonia Berro, liberado recientemente tras 22 meses de internación, formó parte de una convocatoria de la ONG «Vida y Educación», a medios de prensa. Familiares y ex reclusos respondieron a las preguntas, bajo un compromiso de anonimato de sus identidades, «para evitar represalias con los que todavía tenemos adentro».
Las autoridades de «Vida y Educación», presentes durante las entrevistas, en la sede de la calle Blanes, dieron fe que los entrevistados eran efectivamente quienes decían ser en su relación con los «hogares» de la Colonia.
G. es un veinteañero que estuvo recluido 22 meses. «Lo peor era cuando entraban de noche a la pieza de 2 x 3 en que nos tenían a cuatro encerrados. Entraban cuatro o cinco funcionarios, marcaban al que venían a buscar y apagaban las luces para apalearlo: era un infierno para el que recibía la paliza y para los demás, todos ahí, una locura».
Acerca de la falta de denuncias durante todo ese tiempo, G. aseguró que «al único que le podés decir es a tu abogado. Pero te dan para hacer una llamada de teléfono por semana: si no está o lo que sea, tenés que esperar otra semana. Si por esas cosas se entera alguien que denunciás, entonces sos boleta. A los asistentes sociales también les decíamos, pero nos decían que no podían hacer nada. Es cierto que hay funcionarios que son gente, y que te tratan como a un ser humano, pero no se la juegan y están bajo la presión de los otros, de los salvajes».
Ante faltas de conducta, G. relata que a los infractores, «les sacaban lo que tuvieran para dormir y los desnudaban, así había que quedarse muchas veces toda la noche. Si armabas lío por eso, entonces era peor».
-¿Qué era lo peor?
«Te sentaban en un banquito, con un perro echado ahí adelante tuyo. El perro está entrenado para que, si te caés o estirás fuera del banquito, te muerda. Si te dejaban mucho tiempo, el perro siempre te agarraba».
Consultado por la actuación de los servicios de sanidad, en esa y otras circunstancias, reconoce que eran llevados a la enfermería e incluso atendidos por el médico, «pero nadie decía nada».
En cuanto a si la falta de higiene, personal o de los celdarios, era causa de sanciones, G. expresa «las broncas que me agarré».
«No pasa nada. Si vos limpiás, bien, si no, no te castigan, simplemente nadie hace nada y la mugre te gana. Pensá que de noche, por ejemplo, no te dejan ir a los baños muchas veces, si te orinás o más, eso ahí queda hasta que lo limpies, si no a nadie le importa. Cuando daban un balde con agua y agua jane para limpiar de mañana, había que limpiar ocho celdas con la misma, en la segunda el agua ya estaba negra….»
«El guiso era sólo agua»
G2, afirma que se comía «muy mal, de verdad muy mal. Había días que el guiso era sólo agua. Se llegó a pasar hambre».
Hay una negativa al cuestionamiento sobre el aporte que significan los plantíos en los hogares, donde deben trabajar los internados.
«En algunos lugares te obligan a trabajar. ¿No querés trabajar? Sanción. Para mí está bien que haya algo que hacer.
Pero en Ituzaingó, por ejemplo, las cosechas son para llevar al mercado y cambiarlas por cosas que les sirven a los guardias.
Yo que alguna vez fui al mercado sabía los precios. Llevamos como 15.000 pesos de mercadería, y de vuelta trajeron diez paquetes de yerba para todos y algunos de yerba mejor para ellos. Muchos nos negábamos a trabajar, porque sabíamos que la producción no era para mejorar la comida, ni para nosotros, era para que ellos lucraran con nuestro trabajo».
Ratifica que los detenidos permanecen incluso más de 23 horas en sus celdas y que en media hora debían estirar las piernas en el pasillo, de dos por diez metros.
«A veces los guardias están aburridos. Vienen y le dicen a uno: mirá que aquél te cortó los cinco (te invitó a pelear). Y van y le dicen al otro lo mismo, todo inventado. Y hay pibes que se manejan en códigos, que de repente son un poco carenciados… y ahí se da una pelea; los funcionarios se entretienen un poco, los funcionarios son los espectadores…»
Testimonio de padres
Para J., «mi hijo entró por drogas, por cemento, pero entró bien. Ahí le hicieron un tratamiento, no sé de qué. Cuando salió estaba loco. Tan loco que incluso lo tuve que echar de casa».
Ante el oído atento de los educadores de calle de la institución que avalan sus dichos, afirma que «hablaba solo, con las paredes, y no quería salir ni a la calle porque tenía miedo de lo que le podía pasar».
Dice que la Policía lo anduvo buscando recientemente, «por la muerte de la mujer esa, cerca de la Torre de las Comunicaciones, y que él tenía miedo porque no se acordaba de nada de lo que le había pasado».
Su testimonio breve es sucedido por el de una madre. A. dice: «A mi hijo lo torturaron porque habían hecho un motín para mejorar las cosas que les hacían. Ahí los dejaron sin colchón, sin nada, les dieron flor de palizas».
Asegura que condicionan incluso los ingresos de comida que les llevan los familiares. «Yo le llevaba fruta porque sabía que le iba a hacer bien: pero ellos no les dejan pasar fruta, cosas que son imprescindibles para cualquiera. Algunos funcionarios manejan la colonia como se les da la gana. Yo sé que allí los que están cometieron faltas. Pero ellos no tratarían ni por un minuto a sus hijos como tratan a los hijos de nosotros, que sea por la razón que sea, están ahí para recuperarse, no para empeorar». *
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