Un taladro infernal: la migraña

La migraña o jaqueca es una enfermedad crónica, de causa no conocida, que se manifiesta por crisis o ataques repetitivos de cefaleas, que suelen tener ciertas características en cuanto a su duración (entre 4 y 72 horas), al tipo de dolor (pulsátil), asociación a náuseas, fotobias (molestia a la luz), fonofobias (molestia al ruido) o empeoramiento con la actividad física.

Durante estos ataques el elemento dolor-cefalea es el más destacado, puede ser hemicraneal o en la cara o hasta occipitocervical.

Los avances actuales de grupos de investigación sobre la migraña, concluyen en que la migraña es la vía de expresión final común de varias patologías, por lo que debería considerarse entonces a la migraña como un síndrome. La migraña puede aparecer en la infancia, pero es más frecuente en la adolescencia, y a partir de ese momento más en las mujeres. En este caso las alteraciones hormonales parecen ser una explicación. Refuerza esta idea, que en el 80% de los casos, la migraña desaparece luego de los 50 años.

Además, en la migraña intervienen aspectos genéticos, pero estos no determinan necesariamente la enfermedad. Se describen como provocadores de crisis, el estrés, los problemas sin resolver, situaciones de angustia, depresiones familiares, agresiones laborales. Alrededor de un 20% de las migrañas comienza con aura: un fenómeno que no sólo es visual (se borran de pronto las imágenes), sino que también puede comenzar por adormecer un brazo o trabar la lengua momentáneamente. La persona sabe que un rato después de eso, le vendrá el dolor de cabeza.

Existen también síntomas premonitorios, que no siempre son identificados por los pacientes, como trastornos de memoria, deseo de comer dulces, retención de líquido u orinar mucho, cambios de humor, estar más sensible o agresivo. Es frecuente que un paciente diga: «creo que me duele la cabeza porque ayer tuve una discusión», y lo más probable es que si no hubiera el estado pre-migrañoso esa discusión no se habría producido.

La migraña no tiene una duración fija: puede extenderse desde algunas horas hasta 4 días. Y, en ciertos casos, requiere internación. Esta afección produce estigma a nivel social y es algo muy pesado de llevar, tanto por las molestias que ocasiona como por su impacto en la relación familiar y en el trabajo: es una de las principales causas de ausentismo laboral. Muchas personas consumen fármacos contra el dolor de cabeza con tranquilidad porque son de venta libre. Pero hay que prestar atención, en especial con los que contengan ergotamina, que son vasoconstrictores y aumentan la presión arterial. La crisis que provoca la migraña puede ser controlada con antiinflamatorios no esteroides (AINE), pero en dosis adecuadas, que debe indicar el médico.

En la última década se han hecho avances muy importantes en el tratamiento contra la migraña, y muchos medicamentos han recibido la aprobación de la Administración de Alimentos y Drogas (FDA), especialmente los triptanos, de los que existen varias clases y que fueron diseñados especialmente para controlar los síntomas de la migraña. Actúan sobre la serotonina, cortan la crisis al inhibir la tormenta neuroquímica del cerebro. La dificultad es su costo, y el cuidado en pacientes que padecen Hipotensión Arterial, pero fuera de eso son los de primera elección para la crisis.

Finalmente, todas las opciones no farmacológicas que mejoren la calidad de vida -yoga, actividad física o artística, ejercicios de relajación, entre otras- deben también ser tomadas en cuenta. Pongamos en práctica las recomendaciones que el Maestro Roberto Abaddie Soriano nos legó, para vivir 100 años: Vida sana y ordenada. La comida moderada. No abusar de los remedios. Buscar por todos los medios, de no alterarse por nada. Ejercicio y diversión. No tener nunca aprehensión. Poco encierro, mucho trato. Y continua ocupación. *

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