Olvidando a Hipócrates
El presidente del Fondo Nacional de Recursos (FNR), Homero Bagnulo, en insólitas declaraciones, se manifestó a favor de la muerte de adultos mayores, proponiendo dejar desvalidos de la financiación de ese organismo de las técnicas que paga esa entidad, afirmando que no es ético que el 52% del costo de salud se genere en los dos últimos meses de la vida. Bagnulo se pregunta si a los 75 u 80 años no es el término de la vida lógico para la felicidad del hombre, y si la vida debe mantenerse a cualquier costo.
Más allá de las monstruosidad que alienta este médico, que debiera tener presente el juramento hipocrático que en alguna época suponemos tuvo que realizar, se encubre un desprecio sobre la vida de las personas que, muchas veces, a la edad que Bagnulo señala, están en plena producción intelectual. ¿Es necesario recordarle al presidente del FNR lo que fue Picasso cuando bordeaba esa edad, o manejar centenares o miles de ejemplos más, incluso el del presidente de la República, Jorge Batlle, que supera en cinco años los setenta.
Bagnulo, que se debe sentir el propietario del FNR, masa de dinero que se forma con un porcentaje del aporte de cada uno de los afiliados a las mutualistas, no es la primera vez que manifiesta posiciones tan lamentables, parecería que tiene una tendencia mesiánica en base a la que plantea cambiar el destino a los fondos que administra y, por consiguiente, acortar la vida de personas mayores, asegurando que la sociedad tiene otras prioridades.
Sostuvo que es necesario controlar el gasto: «El gasto en salud no es la única prioridad». Consideró muy probable que «el gasto en educación, en vivienda, en cultura, que es bastante bajo en Uruguay, sea más importante para la felicidad de la gente, tanto más que el gasto en salud», ya que a su entender estar vivo no garantiza una buena calidad de vida. Piensa que en esas condiciones es mejor estar muerto. Por supuesto de la gente que esté encima de los máximos de edad que Bagnulo señala como límite para una vida decorosa.
Suponemos que para Bagnulo las personas con defectos congénitos, quienes tienen síndromes, o problemas de distinta índole, deberían ser lanzados junto a los viejos desde una roca de Tarpeya, con el fin de preservar la felicidad de sus vidas y evitar que los gastos de salud se distorsionen con «gastos innecesarios».
¿Desde qué punto de vista podríamos abordar el análisis de las declaraciones de este señor? Nos imaginamos que el señor Bagnulo, si alguna vez estuvo en una emergencia hospitalaria aunque nos parece difícil, pues más bien parece un burócrata que se siente más allá del bien y del mal seguramente ante un caso extremo, optaría, como un Dios en este mundo tan absurdo que vivimos, resolviendo atender a los jóvenes y no a los veteranos, a quienes dejaría morir sin asistencia con el fin de racionalizar el gasto en salud. Y lo dice: «En lugar de prolongar una vida inútilmente, debemos dedicarnos al cuidado paliativo, recuperar confort y retirar medidas», para en definitiva «ayudar al paciente y a la familia a elaborar el duelo».
¿Cómo es posible que una persona de estas características esté al frente del FNR? Porque lo que dice lo hace. No hace mucho tiempo una orden de ese organismo determinó que los pacientes de mayor edad no podrían seguir dializándose, porque él y sus burócratas resolvieron dejar de financiar esa técnica calificada, también, como onerosa. Claro, el escándalo fue mayúsculo, y Bagnulo y sus boys debieron dar un paso atrás.
Ahora este médico, de insólita ética, sale con ese disparatado exabrupto en contra la vida humana, sin entender que es la sociedad en su conjunto la que ha resuelto la existencia del FNR que él administra y que, por supuesto, existe para ayudar a los pacientes a prolongar su vida, financiando una serie de costosas técnicas médicas. La sociedad uruguaya, todos aquellos que pagan cuota mutual, son quienes proveen el dinero para que esto ocurra y, un muy buen pago administrador debiera comprender que no es su función poner límites a la vida, ese valor intangible, y menos sostener de una persona que haya sobrepasado los 70 años «ya ha vivido demasiado».
Es evidente el lector lo comprenderá así que estamos alarmados ante tanto dislate mesiánico de un simple administrador que debiera, obviamente, evitar los gastos superfluos, ese tirar «manteca al techo» que caracteriza al FNR y que ahora, en el vórtice de la crisis, trata de reorganizar sentenciando a las personas mayores con una proclamada falta de asistencia.
Habría que combatir a estos señores que, más allá del bien y del mal, tratan de fijar criterios que sorprenden, tanto desde el punto de vista ético, como moral. ¿Qué pretende Bagnulo? ¿Qué se establezca que los mayores de 70 no puedan recibir tratamientos con la financiación del FNR? ¿Me gustaría saber que edad tiene este señor y cómo valora su calidad de vida?
¿Sería adecuado que hiciera un mea culpa, definiera su criterio para la administración del FNR y, finalmente hiciera una propuesta la que por lo visto, si sigue en esta línea, tendría un insoportable contenido mesiánico? *
(*) Periodista
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