Electoreadas
Iglesias es el precandidato colorado más interesante y profundo de todos los que andan por ahí.
Es el único que se ha atrevido a responder a las preguntas más importantes y significativas que se hayan planteado los orientales desde la creación de esta nación: ¿Es viable el Uruguay? ¿Hay alguna buena razón para que exista?
Iglesias ataca el problema directamente, sin ambages: «El Uruguay es posible», dice. Y aunque no explica claramente el por qué está tan seguro de ello, a uno le da como unas «ganitas» de creerlo. Porque eso de pertenecer a un país que es denominado con una simple referencia geográfica: el país que está al oriente del río Uruguay, sin especificar cuál es el nombre de dicho país, ha generado muchos traumas a más de uno.
Vivir en un país que no tiene nombre, es decir que uno no está seguro que exista, que sea posible, produce extraños corrimientos en la corteza cerebral por los cuales Fau, por ejemplo, termina siendo dos veces ministro, Washington Abdala conduce un programa de tevé y Jorge Batlle sigue siendo presidente. Anomalías que no se arreglan ni con cirugía láser.
Por eso me gusta lo de Iglesias, porque si este país es posible, entonces cualquier cosa puede ser posible, hasta que las encuestas digan la verdad.
Por otro lado, en estos electoreros días algunos pocos diputados que por pura casualidad coincidieron todos juntos a la hora de sesión en el Parlamento, tiraron la bronca por las reiteradas ausencias de sus colegas.
Dicen que no pudieron sacar una declaración de alerta sobre el tema porque cuando fueron a votar de 99 diputados faltaban 78.
Se habla de promover algunas medidas para mejorar la imagen pública del Parlamento, yo propongo que una de ellas sea aplicar la misma norma que rige en algunos centros de estudio que con 21 faltas se pierde el año.
Cada vez me gusta más para usar en las elecciones aquella consigna que propone: » Haga trabajar a su diputado…no lo vote». *
Compartí tu opinión con toda la comunidad