El "sun" de $15 que puso en jaque a un complejo de más de U$S 100.000.000
Y ni qué decir la mañana del viernes, el día después del pánico en la Torre. La crónica de LA REPUBLICA fue leída en infinidad de emisoras y noticieros centrales en Montevideo. Desde la tradicional mesura de Héctor Morás en CX 22 Universal, que culminó en una sonrisa y un comentario del conductor, hasta la descacharrante «puesta en escena» del episodio que se efectuó en «Primera Voz», el programa conducido por Sonia Breccia en 1410 AM LIBRE, con la participación activa de sus oyentes que fueron agregando detalles, trastocando con muchísima frescura la clásica sobriedad del referido periodístico matinal.
Se escucharon allí, en medio del relato, las sirenas de alarma de la torre, los ladridos de los perros del plantel, el barullo de la gente en los alrededores e incluso algunos oyentes que aprovechaban para tejer todo tipo de teorías desopilantes sobre el absurdo episodio. Fue una increíble experiencia lúdica interactiva entre los periodistas y la audiencia.
Entre las tantas historias narradas por los oyentes, surgió por ejemplo el relato de la rápida bajada por la escalera del presidente de Antel, Gabriel Gurméndez, desde el piso 35 donde se encontraba reunido el Directorio del ente, y el vano intento del vicepresidente, doctor Simón Erlichman, por imitarlo, debiendo a mitad del camino renunciar a su propósito, por lo que intentó hacerlo en uno de los ascensores, para entonces fuera de servicio. Y mientras todo esto pasaba en «las altas esferas», el grueso del personal –unas quinientas personas– que no atinaba a definir si se trataba realmente de una emergencia o era un simulacro, salía a la calle tratando de informarse.
El ejemplar de LA REPUBLICA circuló generosamente entre todo el personal de Antel, los que aceptaron de buen grado los dichos de la crónica y certificaron con su sonrisa y sus comentarios todo lo dicho.
Lamentablemente no ha sido posible obtener el nombre del funcionario de seguridad que vio frustrado su mate del mediodía ante la imprevisibble hecatombe causada por su inocente acción de calentar el agua enchufando un sun común y corriente. Pero aun así, desde su anonimato, no podrá evitar pasar a la historia nuestra de todos los días como el hombre que puso en jaque a la Torre Inteligente, que costó más de cien millones de dólares, paralizándola con tan solo un simple aparatejo, con patente de invención uruguaya y que cuesta no más de quince pesos en cualquier quiosco de la ciudad. *
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