Se hará a orillas del arroyo Colla con aportes de Su Santidad Juan Pablo II
Años atrás, la comunidad rosarina calificó de «milagro» la aparición de «una lágrima» en uno de los ojos de la mencionada virgen. La plana mayor de la Iglesia Católica departamental y regional tomó cartas en el asunto y ordenó una investigación que, en una primera etapa, incluyó a técnicos y científicos no vinculados a esa colectividad religiosa. Fueron, precisamente, esos estudiosos quienes establecieron en sus informes la posibilidad de que se tratara de un desprendimiento de resina de la estatua, dado que el fenómeno había ocurrido en un momento de muy intenso calor.
No obstante esa advertencia, los rosarinos –creyentes o no– siguieron hablando del «milagro» y de «la virgen que llora», lo que devino en la incesante presencia en la ciudad de un alud turístico, sin precedentes, que en algún momento incluyó a la diva de la TV argentina, Susana Giménez, y parte del equipo de su programa.
A comienzos de 2002, una creciente nunca antes vista del arroyo Colla arrasó con la ermita donde estaba Nuestra Señora del Rosario. La imagen fue arrastrada varios kilómetros aguas abajo, y luego de varios días de búsqueda por parte de toda la población, que se mantuvo en vela, fue encontrada entre el barro, en un predio de los alrededores de la ciudad. Luego de rescatarla, los rosarinos pusieron la estatua en manos de un equipo de restauradores de Buenos Aires, y en el correr de 2003 retornó a su ciudad.
El pueblo inició la construcción de una nueva ermita que ha recibido un aporte económico del Vaticano para su terminación. *
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