Naufragó barca de pescadores y desaparecieron sus dos tripulantes
A la caída del sol, los cuerpos no habían sido hallados y daba lugar a más de una hipótesis sobre cuándo y dónde aparecerían.
La «Mirjo II» es una pequeña barca de unos seis metros de eslora. Además del nombre lleva la inscripción: «mat. 006 Chuy». Hace varios años que opera en el pueblito de pescadores de la costa rochense, no siempre con el mismo dueño. Cuando recién trajeron esta barca estaba en muy malas condiciones pero hace poco tiempo fue reparada a nuevo.
Por tratarse de una barca de las chicas, también es pequeño el número de personas que componen la tripulación, sólo dos individuos (un patrón y un marinero).
En estos momentos hay en Punta del Diablo muchas barcas que vienen siendo sometidas a reparaciones para encarar la zafra del «gatuzo», especie cartilaginosa de la familia del tiburón. Por lo tanto la barca accidentada es de las pocas que está saliendo en estos momentos.
«Mirjo II» salió el lunes a media mañana. El día estaba un poco fresco pero lindo, según recuerdan algunos de los vecinos que trabajan en actividades vinculadas a la pesca artesanal, los mismos que después de ocurrido el accidente señalan que había en la costa un mal presagio. Quizás estuviera dado porque uno de los dos tripulantes nunca había salido a navegar, era su debut, el patrón aunque con experiencia no era del lugar sino de La Paloma. Pero, como todos los que se arriesgan en la sacrificada tarea, lo hacía obviamente por la necesidad de trabajar.
Una vecina, artesana y colaboradora de los pescadores, comentó que después de la salida de la barca cuando ésta iba a unos 200 metros de la costa mostró unas complicaciones mecánicas e incluso el motor se detuvo logrando sus tripulantes hacerlo andar nuevamente.
La barca retornaría, como siempre, en las primeras horas de la noche. A las 19.15 está registrado en la Sub Prefectura de Punta del Diablo el último contacto, donde el responsable de la barca, Jorge Sosa (33), informó que había muy poco pescado y que en 45 minutos estaban retornando.
Pero después de esta comunicación radial no hubo otra y la barca tampoco retornó. Si bien se hicieron las comunicaciones pertinentes, el horario nocturno dificultó notoriamente las acciones de búsqueda y recién al amanecer se fortaleció el operativo.
Previo al mediodía fue hallada la embarcación semihundida a una milla marina de la costa y fue remolcada por otra barca del mismo propietario.
Dos horas y media más tarde sacaban el «Mirjo II» hacia la costa y ahí se pudieron elaborar las primeras hipótesis acerca de las causas del accidente.
La barca, aunque la noche estaba clara, seguramente confundió la ruta de regreso pasando por una zona conocida por los pescadores como «cordillera de piedra», zona rocosa donde ya ha habido accidentes con anterioridad. Por los golpes en el casco de la barca se presume que dio un fuerte golpe con una roca y una ola hizo que la nave diera una «vuelta campana».
La situación tomó de improviso a los dos navegantes de manera tal que no tenían colocados los salvavidas y seguramente fueron golpeados, ya que a pesar de estar a poca distancia de la costa (unos 400 metros) no pudieron salir por sus propios medios.
Los tripulantes
No es la primera vez que una situación de esta naturaleza ocurre en Punta del Diablo. Ayer, durante todo el día los rostros de preocupación, tristeza, dolor y resignación eran muy frecuentes entre los pobladores. Todos estaban en la playa.
Jorge Sosa, de 33 años, padre de familia, vive en el balneario La Paloma, donde comenzó a trabajar en la pesca.
Tabaré Eguren (40), a diferencia de su compañero ocasional, no tenía experiencia ninguna en la navegación.
Era la primera vez que salía a trabajar y buscaba saber si se adaptaría después de un buen tiempo de no encontrar trabajo en tierra.
Los veteranos pescadores estimaban que los cuerpos van a demorar algunos días en salir. Hasta que las corrientes dominantes los arrojen hacia alguno de los balnearios vecinos. Según afirman, no saldrán en la costa de Punta del Diablo. *
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