GREENPEACE AVALO "EL DIA DESPUES DE MAÑANA", ESTRENADA ESTE FIN DE SEMANA

Uruguay entre los países con más alto riesgo de perder su territorio

Desde la óptica uruguaya clásica, bien puede parecer una película de ciencia ficción más. Desde los tiempos de King Kong, los uruguayos hemos asistido, al igual que buena parte del mundo, a fenómenos que muy difícilmente (en la realidad nunca hasta ahora) se ha visto por estas latitudes.

Algo similar debería ocurrir con El día después de mañana, estrenada el fin de semana pasado, de no ser porque una de las entidades ambientalistas más importantes del planeta aceptó, por vez primera, que la película refleja una certidumbre de futuro inmediato. En ese esquema, Greenpeace ha alertado también a sus filiales en el Río de la Plata para una campaña de concientización lo más intensa posible, de los efectos a corto plazo que tendrá el calentamiento global.

Y si bien es cierto que efectos devastadores, como los del filme, aún parecen ajenos a Uruguay, y también a la mayoría del mundo, es real que algunas de las consecuencias del cambio climático ya son reales en nuestro medio. La «subtropicalización» de climas como el nuestro es absolutamente tangible: veranos más largos y secos, así como inviernos más cortos, con días mucho más fríos, son características anunciadas hace más de un lustro y que recién por estos años comenzamos a aceptar.

En los últimos años, películas de ciencia ficción basadas en posibilidades científico-espeluznantes, han conquistado buenos dividendos en la taquilla. Pero hasta ahora, ninguna había obtenido el respaldo de una organización como Greenpeace, que ya ha establecido incluso en Internet, una página web (www.thedayaftertomorrow.org) para analizar en profundidad, la realidad y los mitos planteados. Comencemos por éstos últimos, para avanzar en las consecuencias que el calentamiento global tendría en Uruguay, tanto en escenarios catastróficos, como en algunos más sensatos al entender de los científicos.

 

Mitología siglo XXI

Al espectador de la película le podrá parecer exagerado que el congelamiento de todo un hemisferio, el norte en este caso, ocurra en cuestión de horas. Y tendrá absoluta razón. Ningún científico concibe que el cambio climático afecte la Tierra con tal velocidad, ni siquiera que ocurran huracanes simultáneos, como en la película.

En cuanto a las muertes masivas provocadas por consecuencias del aumento de temperatura, éstas ya están ocurriendo, aunque de forma diferente a lo planteado por las escenas fílmicas. Según la Organización Mundial de la Salud, ascienden a 160.000 las personas que cada año fallecen por consecuencias de cambios del clima y la cifra aumentará drásticamente en los próximos años. Curiosamente, estas decenas de miles de muertes carecen de prensa, en tanto ocurren en los países más pobres, que son también los más vulnerables a la incidencia climática. América Latina, Africa y Asia, en ese orden, aparecen como los continentes más afectados.

Aunque el fenómeno no suele ser cuantificado en estos países, el World Disasters Report, de la Cruz Roja Internacional, afirma en uno de sus últimos informes, que «los impactos del cambio climático no podrán ser atendidos por la ayuda internacional, ni se está en condiciones de responder a las demandas por esta causa generadas en América Latina, Africa, ni Asia».

Aunque la espectacularidad de la ciencia-ficción, continúe imponiéndose sobre criterios más acabados, algunos datos de Greenpeace, buscan contextualizar el peligro del cambio climático, al que la entidad considera «un arma de destrucción masiva, un peligro más grave aún que el terrorismo». Por ejemplo: la mayor parte del calentamiento global registrado en los últimos cincuenta años, es atribuible a actividades humanas. La década de 1990 ha sido la más calurosa desde que se llevan registros en la Tierra. Los registros se realizan desde 1861, el año más caluroso de todos fue el de 1998. En el siglo XX, el nivel del mar, a consecuencia de los deshielos progresivos, se elevó entre diez y veinte centímetros, según donde se trate. En Uruguay, este último punto es absolutamente mensurable.

Cabría finalmente un punto a tener en cuenta, en torno a lo que podrían considerarse «mitos» de la película: al final, el presidente de Estados Unidos se muestra más sensible a los cambios ambientales, algo diametralmente opuesto a todo cuanto ha hecho a la fecha la administración Bush. Seguramente porque la película de la 20th. Century Fox, muestra que los más afectados por los fenómenos climáticos son también norteamericanos. Ciertamente, algo de película.

 

Uruguay, Pentágono y Banco Mundial

Aunque a los uruguayos nos encanta la concepción pro turística de que vivimos en un «país natural», defendida obviamente desde los centros de poder, lo cierto es que lejos estamos de serlo. Más aún: aunque lo fuéramos, las consecuencias nefastas del calentamiento global nos colocan entre los primeros afectados de la lista.

Así lo afirman cuando menos los informes de dos entidades que ningún uruguayo consideraría adherentes a los ambientalistas cuando menos: el Pentágono y el Banco Mundial.

El informe del Pentágono (que fue adelantado por LA REPUBLICA), apunta que «las próximas guerras, estarán basadas en la necesidad de subsistir, más que cualquier otra causa religiosa, ideológica, o de cuestión nacional». El documento refiere a fechas concretas (el año 2007), para cuando se entiende que ya «los cambios climáticos generarán tan violentas tormentas costeras que algunas áreas de Holanda acabarán siendo inhabitables».

En el frente interno avalan que antes de 2010 «el delta del río Sacramento, en California, se anegará de tal forma que el sistema de acueductos que transporta agua potable de norte a sur se verá afectado».

El informe añade que entre 2010 y 2020 la temperatura en el hemisferio norte decaerá en hasta 4-5 grados centígrados, con lo cual las temperaturas en Gran Bretaña, por ejemplo, se equipararán con las actuales de Siberia.

El informe apunta que la relación de sustentabilidad del planeta y el Hombre aparecerá por primera vez en números «rojos» absolutos. Es decir: hasta ahora se estimaba que el planeta es capaz de mantener a toda la Humanidad, de equipararse el desnivel de riqueza; el prototipo apunta que dicha posibilidad hipotética también desaparecerá.

Con el ostentoso nombre de «Sumario ejecutivo del escenario de abrupto cambio climático y sus implicancias para la seguridad nacional de los Estados Unidos», el documento del Pentágono concluye que su política a futuro inmediato prevé la mayor tragedia en torno a las reservas de acuíferos potables, incluyendo los más grandes del mundo: el Nilo, el Danubio y el Amazonas.

El segundo informe, hecho público casi simultáneamente con el del Pentágono y ordenado por el Banco Mundial, admite que «el mundo está en serio peligro y el mayor desafío para ese futuro no es el terrorismo, sino nuestra propia dependencia de los combustibles fósiles». Se recomiendan acciones urgentes, buscando abatir las predicciones: «el calentamiento global requiere acción inmediata», dice el Banco Mundial, irónicamente responsable financiero directo en las «industrias extractivas» (gas, carbón, petróleo). El 94 por ciento de las inversiones en energía del Banco Mundial son para combustibles fósiles y un seis por ciento para energías renovables. «El WBG (World Bank Group) debería aumentar sus inversiones en energía renovable a un veinte por mínimo de inmediato», sugiere el informe. «De continuarse con el actual uso de combustibles fósiles, el calentamiento terráqueo y el descongelamiento de áreas he
ladas, derivará en una multiplicación hasta por cuatro del ascenso en el nivel de los mares, en menos de diez años, con relación a 2003″.

 

Uruguay aquí y ahora

Las derivaciones para Uruguay están atendidas apenas en un documento emitido en 2002 por la Organización de las Naciones Unidas, referido específicamente al calentamiento global. Según el estudio, compatible a otras áreas de la región, Uruguay podría perder «hasta el 0,05 por ciento de su territorio, debido al ascenso del nivel de las aguas bajas». Más allá que la cifra pueda parecer menor (perdemos otro tanto por década, debido a la erosión, por ejemplo), lo cierto es que el ecosistema más valioso del país está en peligro. Playas, balnearios, toda la superficie costera del país están en riesgo de desaparición. ¿En cuánto tiempo?

De mantenerse los parámetros de hace cincuenta años, necesitaría varias generaciones. Actualmente las proyecciones de Naciones Unidas nos instalan en la segunda zona de riesgo después de las de mayor riesgo, con lo cual hablar de treinta a cuarenta años no es en absoluto descabellado.

Ahora bien, atendiendo la letra menuda del informe, el problema de la costa, se instala más allá del mero ascenso literal de las aguas. Naciones Unidas advierte como el mayor peligro para las zonas costeras el de las «mareas tormentosas», es decir, fenómenos climáticos adversos conocidos, pero a corto plazo potencializados por la mayor altura de las olas. Incluso ciudades (Punta del Este, Piriápolis, La Paloma, etcétera) verían alteradas características que hoy les identifican.

El nivel oceánico para esta parte del hemisferio ascenderá hasta veinte centímetros antes de 2010, y hasta cincuenta centímetros antes de 2015. Aunque la primera fase no hará desaparecer las playas, las humedecerá a niveles impredecibles.

Otros problemas se sumarán a los países de esta latitud. La pesca experimentará cambios radicales ante el avance de las aguas oceánicas frente a las fluviales.

La producción agrícola cambiará a efectos de lluvias aperiódicas, más fuertes, con períodos intermedios de mayor sequedad. *

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