LA HORA DEL PEREJIL

El hombre y los piojos

Tenía de sí mismo la imagen de ser un hombre que era cuidadoso con el dinero, para el resto de la Humanidad era un asqueroso amarrete. Había una epidemia de piojos en la escuela a la que iban sus hijos por lo que la madre se disponía ir a la farmacia para comprar el producto contra los piojos. «De ninguna manera –se puso él como loco– eso es un despilfarro de dinero». Todo para él era un despilfarro de dinero. Fue a la farmacia, pidió ver el líquido contra los piojos, vio cuál era el principio activo, fue a un mayorista, compró el producto químico, valía menos de la mitad que en la farmacia, gran sonrisa triunfadora del hombre. Se lo puso a los nenes y santo remedio, no más piojos. Después supo la madre que el producto químico en ese estado es altamente tóxico pero excepto porque a uno de los nenes se le perdió de la memoria la letra «j» no pasó nada más. «Si total el abecedario es un despilfarro de letras, por una que se le haya olvidado no pasa nada» argüía el hombre. *

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