¡No toquen eso!
El pasado 23 de marzo el Poder Ejecutivo aprobó el Pliego de Condiciones elaborado por la Ursec (Unidad Reguladora de los Servicios de Comunicaciones) para la Subasta de Bandas Celulares que será perpetrada (si no logramos impedirlo) en dos meses más o menos (en plena campaña electoral y a pocas horas de las elecciones internas).
La decisión se tomó en respuesta a una solicitud de la firma telefónica América Móvil del mexicano Carlos Slim que se comprometió a ofertar si se concreta la convocatoria: es una subasta «al grito».
A su vez, Telefónica de España que ha comprado el paquete accionario de Bellsouth en América Latina, se ha quedado con el 46% de Movicom con lo que Ancel estaría compitiendo mañana con las dos más grandes empresas de telefonía móvil de habla hispana.
Bueno es saber, para después no llamarse a sorpresa, que la agencia de calificación Standard & Poor tiene bajo vigilancia a la citada empresa española por «los riesgos económicos, financieros y políticos de las operaciones en América Latina y las inversiones necesarias para el desarrollo futuro de esas operaciones».
Unión Fenosa, aquella otra tan propagandeada «gran» empresa española, a punto de fundirse en toda América Latina, nos dejó un gigantesco clavo en Ancap del que, como siempre, todos los uruguayos ahora nos estamos haciendo cargo.
Otra vez estamos ante un intento privatizador desesperado, sorpresivo, nocturno, de último momento y, también como siempre, con nombre y apellido. Es una subasta «al dente». Subasta «a la carta». A pedido del interesado. Futuro ganador que ya la ganó.
Este Gobierno es absolutamente previsible, burocrático y aburrido hasta en las macanas que hace. Carece de gracia a pesar de que se proclamó divertido. Hagamos justicia: tiene insuperables antecedentes que imita: los delincuentes elegidos en 1998 como socios por Ancap en Argentina estaban «cantados» antes de elegirlos. Nosotros pronosticamos desde mucho antes quién ganaría la subasta del Aeropuerto Internacional de Carrasco y, en esta adivinatoria columna, quien ganaría la concesión del puerto de La Paloma, la del de Piriápolis y estamos a punto de poder pronosticar la del de Colonia, y hasta la del puerto de Punta del Este si es que no reculan antes. Maravilla posible bajo estos gobiernos.
Pero ésta de ahora, la de las bandas celulares de 1800 y 1900 Mhz, es tan flagrantemente ilegal que asusta. Vulnera la exclusividad de Antel en materia de Telecomunicaciones (no olvidemos que Movicom actúa por cuenta y orden de Antel en régimen de arrendamiento).
El Artículo sexto de la Ley de Creación de Antel de 1974 que establece dicha exclusividad fue derogado por la famosa Ley de Empresas Públicas siendo restablecido mediante la histórica «paliza» popular en el plebiscito del 13 de diciembre de 1992.
El Artículo 613 de la Ley de Presupuesto de 2001 quiso restringir nuevamente esa exclusividad pero fue derogado posteriormente en el mismo Parlamento cuando recogidas las firmas, los privatizadores descubiertos, huyeron despavoridos de la grandísima paliza que los esperaba.
Pues bien: ahora sin Ley que los autorice, de sorpresa, violando esas decisiones clarísimas de la soberanía, y la Ley vigente, intentan, poco antes de irse, en medio de la campaña electoral, aprovechando la distracción, perpetrar la entrega.
Hay cuantiosos dictámenes jurídicos, incluso dentro de Antel, contra este atentado.
Queda claro que cualquier decisión al respecto que adopte este Gobierno con las valijas prontas para irse, será de una ilegalidad ciclópea por lo que Telefónica de México debe saber, si es que no lo sabe, que podrá ser revisada por futuros gobiernos sin derecho a reclamo alguno porque en este país todavía lo ilegal no genera derechos. Es más: todo gobierno serio tiene la obligación y no solo la potestad de esa revisión.
Amanece en estos días, según estamos en condiciones de preanunciar, la idea de licitar por diez años las tareas de dragado. En pocas horas estaremos en condiciones de alertar a la opinión pública y a todas las organizaciones nacionales y populares sobre estos nuevos riesgos y amenazas.
Que debemos agregar, sin agotar la lista, a los intentos perpetrados ya en los puertos de La Paloma y Piriápolis. A las amenazas inminentes contra los de Colonia y Punta del Este. A la licitación y concesión por varios lustros de la reparación y explotación de las líneas férreas más rentables. A la entrega de las carteras pesadas y de lo que nos va quedando en Pluna. A la venta desesperada y liquidación en remate de los activos que nos quedan del desastre de Ancap en Argentina y al manotazo febril sobre los fondos de los trabajadores radicados en las AFAP, fideicomiso mediante, para poner en marcha la Megaconcesión.
Como se ve: mientras el país se va metiendo de lleno en la campaña electoral, y en tanto se le agota el tiempo, este Gobierno apura intentos y trata en eso de pasar lo más desapercibido posible.
Mientras el resto del llamado sistema político, la prensa y la población en general sale por la puerta del frente rumbo al gran debate nacional, se oye en el fondo cacarear a las gallinas porque anda el pata de bolsa intentando llevarse algún pollo del gallinero.
Y no hay más remedio que suspender la salida, agarrar la escoba, prender la luz del patio y emprender la trabajosa faena de defender los huevos a escobazos.
Melo hace muchos años: Regimiento de Caballería Nº 8, Sala de Disciplina, seis o siete calabozos. En tres de ellos, el Ruso Rosencoff, el Pepe Mujica y yo. De a uno e incomunicados, rehenes de la dictadura sepultados vivos.
Nuestras «pertenencias» (la ropa, el tabaco, la yerba y otras pocas cosas más que cada familia estaba autorizada a enviar) quedaban, por orden del Comando Supremo de la División de Ejército Nº 4, en una de las celdas vacías.
Un kilo de yerba no duraba así, más de tres días; un paquete de Puerto Rico se iba en dos. Nosotros por lo tanto sin fumar ni tomar mate por el resto del mes.
Nuestro oídos «de turbeculosos» por la incomunicación larga e interminable, oían hasta lo increíble y en las madrugadas insomnes de Cerro Largo sentíamos el crujir de las bolsas de nailon cuando la Guardia de Prevención y la Custodia de Detenidos revolvía en ellas por entre calzoncillos y camisetas el nido de la yerba y el tabaco. Encima de todo también eso. Y cada uno pensaba, impotente de toda impotencia, en el duro viaje y en el sacrificio de las familias…
Hasta que una de aquellas inolvidables madrugadas, el crujido de la rutina militar fue interrumpido por un estentóreo grito del Pepe salido de la ultratumba y en medio del profundo silencio del octavo de Caballería:
-¡¡ NO TOQUEN ESO!!
La Guardia de Detenidos, sorprendida en ese caso, como quien dice emboscada, retrocedió despavorida y hasta el perro de combate, gimiendo con la cola entre las patas, buscó refugio debajo de una mesa. Era cosa de Mandinga.
¿Cómo hacen para ver? – balbuceaba después el cabo entre mate y mate. – ¡Son pe-li-gro-sí-si-mos! – concluía otro…
Hoy todos deberíamos hacer como el Pepe en Melo: gritarles, y bien fuerte, que no toquen eso.*
(*) Senador de la República
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