Consejos útiles para los desocupados
Volvió. Reapareció quien más argumentos ha dado a este columnista para tomarse a los integrantes del Poder Ejecutivo para la joda.
Me refiero al imaginativo ministro de Trabajo Don Pérez del Castillo que consultado sobre qué soluciones daría a los desocupados declaró que habría que darles una educación «y no sólo para que sepan cuál es la capital de Rumania». ¿Veladamente los está induciendo a emigrar? Sin duda aprender el nombre de las capitales de países tales como Tanzania, Madagascar, Liberia o Burundi, no soluciona un carajo la situación del desocupado, pero por lo menos le mantiene la mente entretenida en otra cosa y así, aunque sea por un rato, deja de pensar en cómo alimentar a sus hijos.
Pero esa no fue la mejor propuesta, también recomendó a los que no tienen trabajo que: «tengan un trabajito, que se dediquen a algo». A hacer crochet, descular hormigas, rascarse los testículos y cosas así, digo yo.
Que un ministro de Trabajo le recomiende a un desocupado que tenga un «trabajito» es como si un médico le dijera a un enfermo terminal: «usted lo que tiene que tener es un poquito de salud».
Pero esta tampoco fue la mejor, les recomendó a los desocupados no ponerse ansiosos. Tiene razón, pasarse un año buscando trabajo sin encontrarlo no tiene por qué estresar a nadie, ¡no hay que ser tan paranoico, che!
«Hay que dar pasitos de bebé» dijo. Un poco más y les recomienda chuparse el dedo, gatear y cagarse y mearse encima. Ya me veo a los 200.000 desocupados manifestando frente al ministerio en pañales.
Pero esa no fue la mejor, el infinitamente lúcido ministro planteó la solución definitiva para los desocupados: tratar de ser amado. «Si usted no tiene un amorcito, la queda», dijo casi en tono de bolero haciéndonos dudar de su pertenencia al Opus Dei.
Es extraño, en ningún momento se le ocurrió decir que para solucionar el problema de la desocupación había que crear fuentes de trabajo.
Pero bueno, después de todo el sólo es el ministro de Trabajo. *
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