REINSERCIÓN

Destacan el penal de Punta de Rieles en reportaje internacional

Un equipo periodístico del portal internacional de noticias VICE visitó la prisión de Punta de Rieles, a la que le llaman “la cárcel de la que nadie quiere fugarse”. Programas laborales, de salud y educativos le dan un nuevo enfoque al sistema penitenciario que ya está siendo visto con atención en otras partes del mundo.

El periodista Rodrigo Márquez, del portal de noticias vice.com, visitó el Centro de Rehabilitación de Punta de Rieles, ubicado a 16 kilómetros del centro de Montevideo. Mientras que en Latinoamérica las cárceles suelen ser lugares de vejación, humillación, violencia e irrespeto a los derechos humanos, en Uruguay parece haber una pequeña luz para las personas que han cometido delitos y que deben pagar su deuda con la sociedad.

Lo primero que los sorprendió a Márquez y su equipo fue la libertad absoluta para ingresar a casi todas las áreas de la prisión con sus equipos de grabación y filmación y de que los presos tengan una serie de oportunidades que no suelen verse en otras cárceles del mundo.

Adentro hay todo un mundo paralelo, uno que prepara a los privados de libertad con labores y conocimientos que pretenden ser una nueva guía para que no recaigan en el delito al cumplir su condena.

Desde empresas como una fábrica de bloques de cemento y una panadería hasta una peluquería en la que hay, sin miedo alguno, tijeras y navajas.

Nuevas oportunidades

Luis Parodi, director del penal, se pasea por el predio sin protección, saludando cada tanto a los reclusos con los que tiene una muy buena relación casi de amigos, guardándole ellos siempre el respeto y las distancias de su cargo.

“Punta de Rieles lo único que quiere es aportar algo a la seguridad, que la gente salga de acá mejor de lo que entró. La forma con la que podemos mejorar la seguridad es esta, no con represión, porque estamos convencidos de que el Estado tiene la obligación de darle a esta gente todo lo que podamos, no materialmente, sino ideológicamente”, dijo Parodi.

“La cárcel no es más que un montón de angustias. ¿Cómo hacer que esas angustias circulen de una forma constructiva? Esa es nuestra tarea”, agregó.

Aparte de las posibilidades para conformar empresas y para trabajar en ellas, los privados de libertad tienen acceso a clases de yoga, ejercicios, educación de distintos niveles, atención médica, conforman agrupaciones musicales y hasta pueden tener mascotas.

¿Podría el penal de Punta de Rieles replicarse en todo el país y -por qué no- en todo Latinoamérica?

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