Discusión profunda
-Buenos días, ¿aquí es la oficina donde se encuentran las Cosas Perdidas?
-Así es. ¿Qué fue lo que perdió?
-Mire, después de escuchar la sesión del Senado tengo la sensación de que he perdido la razón.
-Tengo montones de razones perdidas. ¿Si usted viera la suya, sería capaz de reconocerla?
-Bueno…
-¿Su razón tiene alguna característica especial, alguna marca, como para identificarla.
-Bueno, era una razón medio desgastada.
-Eso es un dato importante porque muchas de las que tengo archivadas están sin uso. Y también tengo «razones locas», «del artillero» tengo unas cuantas, tengo un montón de las «que la razón desconoce»
-Ah, las del corazón..
-Sí, y tengo contenedores llenos de las de «fuerza mayor».
-Alguna de esas me serviría para que me impidiera hacer algo que no quiero hacer.
-Puedo ofrecerle gran cantidad de «razones desconocidas» y en el rubro «razones de estado» tengo variados talles y colores.
-Voy a confesarle algo: estoy perdiendo la paciencia.
-No se preocupe, tengo mucha paciencia.
-Sí, pero yo hablo de mi paciencia, no de la suya.
-Yo tampoco hablé de la mía. Hablaba de la cantidad de paciencia que tengo guardada aquí. En bolsas, cajas, cajones. Cada vez que alguien pierde la paciencia, ésta se viene para acá. Tengo cantidades, no te podés imaginar. Cada vez llega más y más paciencia perdida.
Antes llegaba paciencia de madres, de maestras, maestros y porteros.
Pero ahora no doy abasto, a cada rato me está llegando paciencia de todo tipo. En cualquier momento el depósito se va a llenar tanto que la paciencia va a saltar por ventanas y puertas.
-¿Y cuáles serán las causas?
-De eso también tengo montones.
-¿De qué?
-De Causas. Ya me es imposible archivarlas. Hay Causas Perdidas por todos los rincones.
-¿Y la gente que pierde el conocimiento?
-Conocimiento tenemos mucho. Pero no es del bueno. Y perdone que lo abandone, pero no se vería bien que yo perdiera el tiempo. *
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