Se trata de la vida

Cuántas mujeres más deben morir para que los senadores se animen a votar esta ley?», gritan unos.

«Esta Ley mata niños con una aspiradora y los tira al tacho de la basura», gritan otros.

Bajo el terror de tales «argumentos» es difícil debatir.

Estoy convencido de que una nueva vida humana surge en el momento de la concepción cuando sus 46 cromosomas flamantes deletrean un personal, único, e irrepetible «código» genético. Distinto al del padre y al de la madre.

A partir de ese cimiento, de contundencia irrebatible, la vida debe ser protegida. Con el grave agregado de su extrema debilidad. Tan trémula alborada de todos un buen día, es sacramental y sagrada. Hablo desde una ineludible perspectiva judeo-cristiana al decir de algunos, occidental y cristiana sostienen otros, y así sucesivamente. No puedo hablar desde otra. Nací y me crié en Uruguay.

Kissinger le dijo un día a Mao Tse Tung, que lo admiraba rendidamente por haber logrado implantar una filosofía judeo-cristiana como el marxismo en el vasto país de Confucio. Mao ya muy viejo, palmeándole la mano, le contestó que no, que apenas si había podido llegar con ella hasta los alrededores de Pekín.

Compréndase entonces que, desde esa perspectiva, será posible redactar una ley. Desde otra, la ley será distinta. El punto de partida determina en este caso el camino a seguir.

Yo no puedo banalizar la muerte de un embrión. Y si en el país hay 33.000 abortos anuales (cifra más aceptada pero insegura) debo tratar de evitar que esa mortandad de futuros hombres y mujeres se produzca. La veo como la peor expresión de la violencia doméstica. Por la muerte de esos embriones, la tragedia de la mujer y el hecho social de que gran parte de esos abortos son decididos por hombres y no por mujeres (padres, esposos, compañeros, parientes…), por la omisión culpable del Estado y, también, porque la sociedad en su conjunto elude los problemas e impone las «soluciones». Asumo la culpa propia en esto.

Discutimos además en el marco de un país despoblado.

Y no olvidemos que la principal causa de muerte materna es en partos que también se realizan hoy en condiciones oprobiosas en la enorme mayoría de los casos. De eso esta Ley dice absolutamente nada. Guarda un profundo silencio y, en materia de mutilaciones y otras agresiones, nada dice acerca del aumento escandaloso de las cesáreas luego de cierto momento en nuestra reciente historia y en especial antes de las Fiestas de cada Fin de Año y de cada Semana Santa. Sin embargo esta Ley lleva como nombre Defensa de la Salud Reproductiva.

Así como hay abortos para pobres y para ricas, hay fecundación, concepción, gestación, parto y crianza, para pobres y para ricas y las que más mueren y quedan mutiladas en partos, son las pobres o sea la inmensa mayoría. Esta Ley de eso dice nada.

Cambiemos su nombre por lo menos.

La muerte autorizada

El drama social, la realidad concreta, el hecho de que la penalización del aborto obliga a su práctica clandestina y somete a las mujeres a todo tipo de explotaciones, humillaciones, mutilaciones e incluso la muerte, coloca en el debate parlamentario un decisivo argumento a favor de ir a la despenalización.

Este asunto ya está presente en la legislación y por lo tanto no puede ser descartado sólo en base a «principios».

La Ley de duelos y los duelos mismos en los que, sin ir más lejos en el tiempo, han participado Jorge Batlle, Julio María Sanguinetti, Manuel Flores Mora, Líber Seregni, Enrique Erro y un largo etcétera. La carrera militar lleva implícito el homicidio no sólo despenalizado, sino ordenado bajo graves penas si no se acata y, por si ello fuera poco, condecorado. Leyes de amnistía y de preclusión de la pretensión punitiva del Estado incluso ratificada por referéndum popular, despenalizaron todo tipo de delitos incluso el homicidio. Los policías en uso legal de su arma de reglamento si producen un homicidio. La legítima defensa para el caso de toda la ciudadanía. En naufragios y otros cataclismos. Decisiones de fuerza mayor que salvan a unos y sacrifican a otros. Diversas decisiones médicas vinculados al aborto.

Por lo tanto la despenalización del homicidio, si evita un mal mayor, hace ya tiempo que está vigente en nuestro país. Pero siempre obedece a causas poderosas, se esté de acuerdo con ellas o no.

Por lo tanto no me niego a discutir la despenalización, pero sin engañar a nadie, sé muy bien de qué se trata y en la medida de las posibilidades del Estado y de la sociedad debería evitarse el aborto. El gran problema es que esta Ley, tal como está, sin modificaciones importantes, no da respuesta a ese principal argumento y por lo tanto pierde su principal sostén.

Como supongo que nadie está de acuerdo con el aborto veamos:

En el Capítulo I – que debería ser el principal – nada importante se dice respecto a la gran campaña nacional contra este problema, fomentando la maternidad, y la paternidad responsable, la educación sexual, las medidas anticonceptivas, la salud del embrión, etcétera. Se dicen vaguedades para saludar a la bandera.

Tampoco nada en torno a lo que sería previo y esencial: toda mujer embarazada y sin determinada cantidad y calidad de recursos recibirá una Asignación Familiar renovada y de verdad por tres años desde la concepción. O por el plazo y cantidad que la patria pueda hasta que pueda lo que debe. Y esto, que lo propusimos y debemos proponer con esta o sin esta Ley adquiere razón aplastante en el marco de esta Ley. Sé que la económica no es la única causa de los abortos, pero es la principal entre los sectores más vulnerables que hoy son la mayoría. Resulta fácil decir aborta como decir no abortes si después viene la olímpica palangana para lavar las manos. De este tema la Ley dice nada. Tal vez descartando de antemano que si llega a decir algo, vendrá el superministro de las finanzas con el pulgar para abajo y todo el debate se acabó. La muerte sí, la guita no. Como siempre.

Uruguay destina recursos en seguros de paro, INDA, comedores escolares, seguridad, cárceles, (cada preso sale unos 5.000 pesos por mes) y un largo etcétera.

Nada dice acerca de las «Iniciativas Sanitarias Contra el Aborto en Condiciones de Riesgo» propuestas por el Sindicato Médico, Facultad de Medicina y Sociedad Ginecotológica. Porque a pesar de esta Ley seguirá habiendo abortos en condiciones de riesgo. La Ley hace como que a partir de ella este problema desaparecerá. Y no va a desaparecer y eso hay que decírselo a la gente.

La Ley no dice que será penalizada la comercialización de los restos humanos producto del aborto… Uno de los grandes negocios de las clínicas clandestinas (que mañana serán legales). Las placentas «jóvenes» (de embarazos interrumpidos), son atroz materia prima de las multinacionales de la industria química para la fabricación de los «mejores» cosméticos antiarrugas.

La Ley no prohíbe la propaganda respecto a estos servicios que se legalizan. Por el contrario: será esperable.

Seguirá habiendo abortos para pobres y abortos para ricos. Como hay salud para ricos y muy escasa o nula para pobres.

La Ley diluye la responsabilidad paterna en la decisión. No es consultado y ni siquiera comunicado. No tiene nada que ver. Ese hecho en las actuales condiciones provocará una mayor irresponsabilidad paterna en el tema y alentará la presión sobre las mujeres para que aborten. En ese sentido la Ley es machista. Pero lo es fundamentalmente porque en su Capítulo I (Deberes del Estado) no se menciona ni una sola vez la palabra embrión o la palabra feto. Si Uruguay padece 33.000 abortos por año, 17.000 de esas muertes, por lo menos 17.000, son mujeres. Sobre
ellas y sobre su salud, la Ley dice nada. O tal vez dice definitivamente todo.

 

(*) Senador de la República

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