Diálogo hipocresiático
¿Pero usted no tenía otra opinión sobre este tema?
Bueno, yo en realidad tengo una opinión pero, para decirle la verdad, ésta se ramifica en unas cuantas opinioncitas de diferentes grados para ser usadas de acuerdo al clima, las circunstancias gastrointestinales, la conveniencia de la oportunidad del momento adecuado y trescientas veintisiete situaciones más.
¿Usted me está diciendo que no tiene opinión sobre este asunto?
Tener, tengo. Le digo más, si es necesario puedo tener muchas. El asunto es cuándo, cómo y dónde.
¿Pero usted no cree que esto se debe apoyar?
Mire, ¿sabe lo que pasa?, sobre este tema tan importante que toca la sensibilidad de toda la ciudadanía mi opinión vale tanto como la de Don Juan o Doña María. Creo que deberíamos hacer un plebiscito.
Usted disculpe, ¿no? Pero ustedes se han pasado la vida hablando en contra de los plebiscitos, afirmando que quienes deben decidir son los representantes de la ciudadanía.
Sí bueno, pero…
Por ejemplo, ¿la ley de caducidad no era un tema importante que tocaba la sensibilidad de toda la ciudadanía? ¿Y entonces por qué se opusieron tanto al referéndum?
Mire, ¿sabe lo que pasa?, es que este es un año electoral y no es momento de votar este tipo de cosas.
¿Esto quiere decir que en los años electorales uno no debe decir lo que piensa? ¿Quiere decir que en esos años no se puede votar ninguna tema que sea tan importante que toque la sensibilidad de toda la ciudadanía?
Mire, ¿sabe lo que pasa?, esta ley no es buena.
Pero hace años que se está tratando ¿Recién ahora se da cuenta? Y digo más, ¿usted tiene alguna mejor?
Mire, ¿sabe lo que pasa?…
Sí, yo sé lo que pasa: otra vez gana por varias cuerpos la favorita de este país: la hipocresía.
No le permito, lo mío son principios.
Recuerdo lo dicho por el mejor de los Marx, me refiero a Groucho: «Estos son mis principios, pero si no le gustan, tengo otros». *
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