Diálogo con nadie y de nada
Buenos días señor, ando buscando a alguien que tenga tiempo para escucharme.
Qué pena. Yo tengo tiempo para perder, tengo tiempo muerto y hasta puedo hacer tiempo… pero para escuchar, no tengo más.
Nadie me da bola.
Y bueno, siéntese a charlar con Nadie si es el único que lo atiende.
Nadie escucha a nadie.
El que sólo se escucha a sí mismo no llega muy lejos.
Nadie quiere llegar a nada.
Me lo imaginaba. Hoy todos quieren ir para allí. La nada se ha puesto de moda.
Pero es una moda viejísima. Muchos se han hecho de la nada.
Sí… de la nada por aquí, nada por allá. Del ilusionismo.
Me gustaría tener una ilusión.
Son bravas de criar. Las ilusiones no se adaptan al cautiverio. Los sueños son más dóciles y aprenden enseguida.
Además son muy buenos con los niños y algunos son muy guardianes.
Eso sí, a los sueños hay que sacarlos a pasear de noche, sino se inquietan y no te dejan dormir. Se desesperan.
Nadie espera nada.
¿Nadie la espera y ella no llega?
Es que Nadie hace nada.
Y después que la hizo ¿qué hace con ella?
Nada.
Ah, recicla.
Aquí no pasa nada.
Le cambiaron el recorrido, ahora pasa por la otra esquina.
Nada es lo que tendría que ser.
¿Cómo es entonces?
Como si fuera nada pero con cara de alguien.
Me cuesta entenderlo.
Nadie entiende a nadie.
Entonces Nadie se lleva muy bien con nadie.
Justamente, eso me recuerda para que vine hasta aquí.
No podría hacerse un lugarcito para poder escucharme.
Podría hacérmelo, pero cuando termine de construirlo, usted seguramente ya no querrá hablar de nada.
Por supuesto, si de eso fue lo que hablamos hasta ahora. Yo no quiero hablar de nada, sólo quiero encontrar a alguien que me escuche.
Si es así, me voy. Adiós.
Gracias por todo.
Por nada.
¿Cómo dijo? *
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