Izquierda y derecha

¡Qué tema! Vamos a procurar definir esas dos referencias en el millar de palabras que caben en esta página. No sé qué va a hacer el editor, pero yo la ilustraría con foto o dibujo de alguien mostrando las dos manos. O parado frente a un poste indicador, con dos flechas en sentido opuesto. La empresa no es fácil en Uruguay, empezando porque la derecha «nítida» se limita a García Pintos, Millor y Heber Pintos más los gorilas retirados (Bordaberry, Alvarez, etc.). ¿Esa sería la «extrema derecha»? Sigamos con los colorados: ¿Batlle sería «más de derecha» que Sanguinetti, y Stirling «menos de derecha» que éste? En filas «nacionalistas» Larrañaga proclama que «No somos de izquierda ni de derecha; somos los blancos», incluyendo a Lacalle y su corte, cuya blancura no se cuestiona. ¡Que embrollo! En campos de Vázquez, en cambio, todos se declaran «de izquierda», pese a las apreciables diferencias entre las distintas chacras. ¿Podría establecerse una fórmula eficaz  algo así como un Evatest político  para comprobar si fulano, o uno mismo, es de izquierda o de derecha?

  «Yo soy zurda para escribir, pero me gusta la pascualina». La broma de mi tía Marina sirve para ilustrar cuántos enredos y paradojas nos acechan por el camino. Intentémoslo de una vez, que ya se nos fueron doscientas palabras.

No todos sabíamos antes de escribirse esta nota que el progreso humano como idea política es bastante reciente, proviene de la Ilustración (siglo XVIII), cuando se forja la teoría de que el avance de las ciencias traerá como consecuencia el bienestar social. La divulgación del conocimiento serviría para eliminar los obstáculos que impiden la felicidad humana, resultante de una mayor igualdad entre las naciones, la extinción de las diferencias de clase y un perfeccionamiento moral colectivo. La idea de «progreso»  cambio para mejor  contradice la de «conservación», que sustentaba la existencia de un orden natural o divino establecido e inmutable. Se concluye que es posible, mediante el desarrollo técnico, obtener de la naturaleza los frutos necesarios para vivir bien, y reformar la sociedad para hacerla más justa.

La Revolución Francesa acoge esos conceptos en su lema «Libertad, igualdad, fraternidad».

Los diputados a la Asamblea Nacional defensores del orden establecido  la monarquía  se sentaban a la derecha del Presidente, y los revolucionarios a su izquierda, dando origen así a la identificación política que subsiste dos siglos después. Mucho tiempo para las seiscientas palabras que quedan.

Aquella revolución liberal será prontamente capitalizada por la burguesía hacia posiciones más conservadoras, conciliando con la monarquía y la aristocracia  por un lado  y despejando el camino a la impetuosa revolución industrial capitalista, montada en ideas de libertad de empresa, de competencia y de mercado. La búsqueda del interés individual de cada empresario es el motor del progreso, entendido éste como desarrollo económico. Frente a ese nuevo orden establecido ocupado por «la derecha», se sitúa la izquierda: las fuerzas que critican al sistema por la brecha social que produce, reclamando igualdad y justicia en el disfrute de los bienes obtenidos de la naturaleza por el trabajo. El movimiento socialista fustigará al capitalismo como contrario a la felicidad del género humano, porque conlleva a la división conflictiva de la sociedad entre propietarios rentistas y sirvientes asalariados. La confrontación entre izquierda y derecha pautó setenta años del siglo XX a nivel mundial, donde los eventos más relevantes  a este respecto  fueron la instauración y ulterior hundimiento del «sistema soviético» (Rusia y aliados), la implantación del comunismo en China, la plasmación de Estados Unidos como potencia dominante y emblemática del capitalismo, y la presencia sostenida de partidos socialistas en ámbitos de gobierno europeos y más recientemente en América Latina. (Ojo, nos quedan 400 palabras).

Las definiciones izquierda y derecha se tornan especialmente confusas en tiempos electorales, por la sencilla razón de que los contendientes estiran sus redes hacia la periferia de su espacio característico. El fenómeno es más notorio en la derecha: nadie o casi nadie entre los conductores se declara «de derecha», aunque la esencia de su prédica postule la defensa del orden establecido. El camuflaje incluye, por un lado, proclamar que la distinción entre izquierda y derecha ha perdido sentido, está obsoleta. Murió. Por otro lado, se definen «de centro» (¿el centro de qué, si no hay derecha e izquierda?). Al mismo tiempo, se afilian a la idea de progreso, asociándolo con la promesa de crecimiento expresado en términos macroeconómicos. El traje perfecto se remata prometiendo políticas sociales, acotadas a la garantía de la sacrosanta competitividad. La supervivencia de su pretensión gobernante obliga a la derecha a absorber postulados clásicos de la izquierda que han ido ganando carne en el cuerpo social, como la idea de igualdad de oportunidades para todos, los derechos humanos, la ecología o el bienestar social. Sus asesores de imagen provienen del área marketing de las multinacionales, expertos en mostrarlas como entidades benéficas e impulsoras del progreso.

«Sobran», pensará más de uno ante el trance de tener que concluir en doscientas palabras un método preciso de distinguir alguien de izquierda de alguien de derecha, que no se trata del voto, porque está visto que no hace falta definirse como izquierdista para votar al Frente de Vázquez. No es tan fácil.

Quizás una técnica efectiva sería la que propuso Clara, al salir de una reunión de padres del coqueto liceo privado a donde manda a su hijo. El grupo  de nivel socieconómico homogéneo, tirando a medio alto  pasaba caminando frente al liceo público bastante ruinoso situado a una cuadra de allí. Clara detuvo al grupo de seis padres y les preguntó quién de ellos aprobaría la unificación de los dos liceos, sumando los presupuestos de ambos, de manera que los estudiantes de uno y otro tuvieran el mismo nivel de educación y comodidades. Está buena la pregunta, para hacerse y para hacer a otros, ¿no? *

 

(*) Periodista

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje