OTAN, ampliación e instrumentalización
Siete países del antiguo bloque soviético han ingresado en la OTAN: Rumania, Bulgaria, Eslovenia, Eslovaquia y las ex repúblicas soviéticas Estonia, Letonia y Lituania. El objetivo confeso de la organización sobre el papel ha sido y es garantizar la estabilidad, el bienestar y la libertad de todos sus miembros a través de un sistema de seguridad colectiva, pero en realidad fue una respuesta a la organización militar del bloque soviético: el Pacto de Varsovia. Caído el muro de Berlín en 1989, desaparecido el enemigo comunista, la OTAN sintió que se movía la tierra bajo sus pies y se apresuró a redefinir su razón de ser en la cumbre de Praga de 1999. Ahí hallaron nuevo cometido: enfrentarse al terrorismo internacional y a los países que se pertrechen de armas nucleares, químicas y biológicas, pero no se refirieron a EEUU, Reino Unido, Francia, China, Rusia, Israel, India y Paquistán, que son los estados que poseen ese tipo de armas de destrucción masiva e indiscriminada, sino a los estados «malvados». La OTAN renacía cual Ave Fénix de sus rescoldos para enfrentarse a un enemigo real, pero difuso.
En la quinta ampliación de la OTAN, la segunda tras el hundimiento el bloque soviético, los nuevos miembros aportan poco en lo militar porque sus presupuestos de defensa son modestos. Los bálticos ni siquiera disponen de aviación de combate ni de armamento pesado, sin embargo, ese dato objetivo no ha impedido al embajador de EEUU en la OTAN, Nicholas Burns, declarar que las incorporaciones de antiguos países comunistas «reforzarán militarmente la organización». Respecto al sentido actual de la Alianza, muchas voces coinciden en el juicio de François Heisbourg, director de la Fundación para la Investigación Estratégica: «La OTAN está prácticamente muerta como organización estratégica y de defensa». ¿Qué sentido tiene entonces la ampliación? Un analista bondadoso ha escrito que la OTAN es una fuerza capaz de promover la democracia y eso justifica el ingreso de estados de reducido poder militar, pero necesitados de democratización. Sin embargo, a los nuevos miembros no se les ha exigido previamente que democraticen en serio sus países ni que reformen sus fuerzas armadas antes de ser aceptados. La verdad es más prosaica.
La ampliación de la OTAN hacia el Este de Europa conviene a los intereses geoestratégicos de la Casa Blanca. Como ha escrito el profesor de Ciencia Política Carlos Taibo, «A EEUU la OTAN no le interesa sino la convierte en objeto de interesado e instrumental uso, como el que se revela cuando recurre a la Alianza para cortocircuitar la gestación de un proyecto de defensa autónoma de la Unión Europea». Ese proyecto lanzado por Francia y Alemania (‘Europa de la Defensa’) se hubiera iniciado con un cuartel general europeo permanente en Bélgica para coordinar y emprender misiones militares de la Unión, pero ha quedado reducido a una célula europea, alojada en el cuartel general de la OTAN en Bruselas.
La incorporación de países ex comunistas no fortalece militarmente la OTAN, pero refuerza la ya considerable influencia estadounidense en la organización. Polonia, Hungría, República Checa, Bulgaria y Rumania (nuevos miembros) se han alineado con las posturas del Gobierno de EEUU en la escena internacional, tanto en el conflicto de Yugoslavia como en la invasión de Afganistán o la de Irak; por no hablar del interés y la voluntad del conglomerado industrial militar estadounidense de ocupar el mercado armamentístico de los países europeos del Este a algunos de los cuales ya han empezado a vender aviones de combate F-16 y misiles Stinger.
La OTAN no sólo crece para asegurar el sueldo de una legión de funcionarios, los abultados honorarios de sus directivos y el negocio para un montón de empresas que viven de ella. La OTAN se amplía porque, como ha escrito el general español Alberto Piris, analista del Centro de Investigación para la Paz, «una vez más la OTAN aparece como la caja de herramientas de unos aliados que siguen al pie de la letra lo que se determina en Washington». Juicio que coincide con el del analista estadounidense William Pfaff: «La OTAN es en la actualidad una caja de herramientas para trabajos concretos: policía militar en Kosovo, unidades de defensa química en el Golfo…», pero Pfaff aún va más allá: «EEUU querría que la OTAN proporcionara y financiara una legión extranjera al servicio del Pentágono». La instrumentalización de la OTAN, ampliación incluida, es evidente porque, como escribe el general Piris, «si la OTAN está ahora en Afganistán es porque la política exterior de EEUU así lo requiere» Del mismo modo que el Gobierno de Bush está deseoso de pasar la patata caliente de la ocupación de Iraq a la OTAN, pero sin ceder el control de la zona. *
(*) Centro de Colaboraciones Solidarias, España.
Compartí tu opinión con toda la comunidad