El tatarabuelo
A mi tatarabuelo lo hicieron prisionero, acusándole de espía, las fuerzas de Oribe que sitiaban Montevideo. Lo llevaron al campamento, en el Buceo, y lo encadenaron junto con un norteamericano aventurero y un indio. Los días jueves degollaban a los prisioneros que hubiesen, costumbre de aquellos tiempos. Al indio parece que no le gustaba estar encadenado y enloqueció. Le dio por estrangular al norteamericano. Los soldados mataron al indio y sucedió que en esa semana, por el borbollón, se olvidaron de la tarea de matar a los prisioneros. Se olvidaron de mi tatarabuelo. Al jueves siguiente seguía mi tatarabuelo encadenado y estaba solo porque no hicieron prisioneros los días anteriores. Pasó ese día Oribe por donde estaba mi tatarabuelo y muy sorprendido le dijo: «¿Pero cómo, está usted todavía vivo?» y como no vio a nadie más para degollar, lo dejó libre, porque no valía la pena matar solamente a uno. Enojado quedó el tatarabuelo con Oribe porque no le quiso devolver el caballo. *
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