Construcción y desconstrucción de un orden conservador
La construcción de un orden conservador suele utilizar anestesia en su tarea. Esto es: frecuentemente, el ciudadano no advierte el tipo de derecho que se le va paulatinamente cercenando.
Así, mientras la agenda política y periodística va proyectando nimiedades o asuntos de mediocre importancia hacia el centro del escenario, los asuntos más importantes se cubren de un pesado manto de silencio. De a poco se van aletargando hasta su desmovilización total los reflejos republicanos, que son aquellos que se activan allí donde un poder fáctico, no surgido del juego democrático, logra un privilegio, y ese privilegio hace desiguales al resto de los ciudadanos. Contra eso reacciona la sensibilidad republicana. El país se va tramando, entonces, en la indefensión en que lo deja el orden conservador, de poderes excedidos, de rutas de influencia ocultas, de hechos escondidos, de acuerdos de trastienda, de grupos de preponderancia encubierta, de hegemonías enmascaradas, de dominios furtivos, de gentes que logran salvoconductos secretos para beneficiarse. Los noticieros de la tele, mientras tanto, nos cuentan cómo son los choques de vehículos del día.
La ingeniería para desarticular un orden conservador sólo la desarrolló con éxito en este país, hasta hoy, José Batlle y Ordóñez. Un instrumento básico para lograr su objetivo fue primero mostrar ante el público con claridad los mecanismos por los cuales se le sacan atribuciones al ciudadano. En segundo término, proponer los remedios institucionales para desarmar primero y prevenir después el sobrepoder del sistema-establecido-de-privilegios (no confundir ese «establishment» con el propio sistema democrático). Se trata ahora de recuperar ese expertizaje. No es fácil. Nada es más funcional al statu quo que un «progre» que no entiende nada. Pega donde no debe, genera los anticuerpos para mejor proteger los flancos sensibles del orden conservador, desacredita el intento, no entiende nada del sistema que debe cambiar. En consecuencia, ayuda a mantenerlo.
La construcción de un orden conservador
Entre muchos, deben señalarse cuatro pasos en la construcción de un orden conservador. Hoy meramente los vamos a consignar.
En primer término, tiene que establecerse un sistema de conculcación de derechos políticos. Por ejemplo, es claro que la desmovilización del Partido Colorado la supresión de la Convención hace ya trece años determina que los convencionales (representantes del pueblo) sean figuras meramente nominales, cuya opinión (la de los representantes del pueblo) a nadie le importa. Sin ningún atisbo de democracia interna, el desmantelamiento de los derechos de la base ciudadana impacta al colectivo de tal manera que el propio Partido deja de cumplir sus objetivos. Un partido no es más que un orden de ideas similares desde donde se catapultan propuestas de políticas públicas, cuyo debate sirve de preparación para que el personal político sea capaz de llevar dichas políticas adelante. Al mismo tiempo, el ámbito democrático sirve de escrutinio permanente de las conductas políticas, de modo de que rija un espacio de fiscalización y contralor de las mismas.
Desmantelados los derechos de la base ciudadana, nada se fiscaliza, nada se propone, ni a nadie se prepara para nada. Un partido de convierte en un conjunto de amigos o aliados que obtienen un botín para sí y para sus amigos, en desmedro de los intereses y derechos confiscados de la mayoría abrumadora de los miembros de ese colectivo. Le han sacado a la gente sus derechos.
Y, sobre todo, se hacen posibles los pasadizos clandestinos que otorgan privilegios espurios. Nadie se da cuenta.
Al país del éxito, Batlle y Ordóñez lo construyó a fuerza de convenciones partidarias semanales. Los mató.
En segundo término, para la instauración de un orden conservador, tiene que establecerse un sistema de conculcación de los derechos a la información. Es un prerrequisito de la construcción de un orden conservador que el sistema-establecido-de-privilegios en obras permanezca oculto. Por ejemplo, las concesiones de onda de TV abierta, cerrada, radios, etc., se otorgan bajo ese sobrentendido. El sistema embarga cuasi mafiosamente la información trascendente. En tercer término, para la instauración conservadora tiene que establecerse un sistema de sanción a los denunciantes. Eso lo empecé a aprender bien con el caso de Teódilo Maciel, básicamente contra Pablo García Pintos. Este es un link básico de los privilegios del diario El País. Consecuencia, en tres días sucesivos, se acusó en titulares de primera de ese diario a Maciel de tres falsedades: que era acosador de mujeres, asesino y torturador. Increíble.
En cuarto término, para la labor conservatista tiene que establecerse un sistema de construcción de falsos prestigios. En efecto, el prestigio social del sistema-establecido-de-privilegios suele anidarse en figuras emblemáticas. Batlle y Ordóñez atacó toda la vida a un personaje de su época que había sido senador y tuvo que renunciar porque había comprado un voto de diputado en épocas de Batlle joven y fue varias veces luego candidato a presidente.
Hoy en Uruguay, por ejemplo, la figura estelar del orden conservador es un abogado fabricante de SAFIs que protegen la evasión fiscal y el dinero sucio de la región y que ponen a Uruguay en la vergüenza universal, como ahora la SAFI uruguaya por la que se vehiculizó toda la corrupción de Parmalat de Italia , que una vez corrió a una jueza que estaba haciendo un allanamiento contra su defendido Gaith Pharaon (el más grande narcolavador del universo), que estuvo en varios bandos en esto de los bancos desfalcadores del Uruguay en el año 2002. Y paro acá, por resumir. Pero así funciona el sistema conservador. Lo que en todos lados busca perfil bajo, acá busca perfil alto.
La desconstrucción de un orden conservador
Una parte de la labor de desmantelamiento de un orden conservador es la que implica el esclarecimiento de los hechos frente al público. Llevo algunas cicatrices de esa lucha. Así como Jaque desenmascaró la esencia de la dictadura, Posdata destapó los disfraces de la corrupción.
La primera labor entonces es la denuncia de la corrupción. Eso genera una dinámica que resulta en una deslegitimación social extendida de los pilotos del orden conservador. Es el tiempo, por ejemplo, que vivimos ahora.
Pero pobre es la labor si se queda en eso. Es imprescindible la construcción de un sistema institucional de transparencia pública y en ese marco de acrecentamiento democrático de un sistema institucional de recepción y diligenciamiento de las propuestas de cambio.
La sociedad cambia permanentemente. La vida democrática genuina debe recoger la adecuación permanente a ese cambio. La vida es así: unas células mueren y otras nacen. Un palo en la rueda de ese cambio natural es el que ponen los que quieren mantener sus privilegios. Son los enemigos del sistema democrático y su natural evolución.
El sistema de transparencia y cambio debe siempre trabajar en el área de ganancia de instituciones. Ejemplos. Una ley de partidos garantizará el funcionamiento democrático de colectivos esenciales a la democracia y con ello se ganará en propuestas de políticas públicas y preparación del personal político así como una ley de financiamiento de los partidos políticos liberará a la política del peso de la influencia de los grupos económicos. La transparencia exigirá que el contralor de las cuentas públicas se torne serio otro papel para el Tribunal de Cuentas así como que se le den más poderes, como en otros países, a las comisiones investigadoras pa
rlamentarias, las que aquí no tienen ni presupuesto para investigar, ni fuerza siquiera para obligar a la gente a declarar ante ellas.
Y es evidente, asimismo, que el sistema institucional para ser accesible al cambio debe reformar el sistema electoral y el sistema de gobierno. Es claro que el actual sistema electoral mantiene lejos, por gusto, al elector del elegido ya que el mediador es la elite política, que es la verdadera designadora de la mayoría de los parlamentarios. Así como el actual sistema de gobierno un presidencialismo híbrido no se ajusta a las necesidades de acumulación de voluntades y responsabilidades que toda coalición de gobierno exige, en un país que ha pasado del bipartidismo al multipartidismo. A un orden conservador se lo derrota, en suma, en la sabiduría con que se monte un nuevo sistema institucional. *
(*) Ex director de Jaque y Posdata.
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