Algunas ideas del fundador de la izquierda
En el Ateneo era otra cosa, los estudiantes del «Liceo Nocturno» organizaron allí una conferencia solicitando, a Emilio Frugoni, que explicara qué es el Socialismo. El tema no puede menos de serme agradable –comenzó diciendo don Emilio– porque me permite exponer ideas a cuya propagación vengo dedicando las mejores energías de mi espíritu.
Debía hacer «una exposición de doctrina y no un discurso de propaganda». Pero –explicó– si de la exposición resulta la propaganda, porque hay cosas que se recomiendan con sólo exponerlas, yo no he de sentirme molestado por ello ni nadie tendrá derecho de molestarse.
He recibido una vez más la versión de aquella conferencia, siempre actual, como tantos textos de Frugoni. Sin perjuicio de las reediciones imprescindibles, porque no hay nada mejor que leer a los pensadores en sus fuentes, como en toda etapa de lucha intensa Frugoni nos enseñó, más que a juntar votos a tratar de ganar conciencias. He creído de interés referir algunos conceptos de aquella lección.
Frugoni entró en materia por la puerta de las definiciones. Entre otros antecedentes, plantea la respuesta de Proudhom, quien conducido (como tantas veces los hombres libres) ante un Tribunal, el presidente del mismo le preguntó qué significado daba «a eso de Socialismo». Como aquel luchador (que sostuvo que «la propiedad es un robo») explicó que «socialismo es la aspiración a una sociedad más justa y más humana», el juez –con la demagogia de todo vocero del poder– replicó, sagaz: «Entonces puedo considerarme socialista».
Con claridad didáctica, Frugoni comenzó por explicar que la respuesta del gran Proudhon no define al Socialismo. «apresurémonos a declarar –expresó– que sólo puede llamarse socialista el que aspira a la socialización de la propiedad, es decir, a que la propiedad sea un derecho de la sociedad y no del individuo».
Analiza luego «confusiones y ambigüedades en torno a la palabra Socialismo» y hasta la actitud de ciertas fracciones de la burguesía, que agregan a su denominación verdadera la de Socialista, enmascarando sus reales objetivos.
Ponía el ejemplo del entonces Partido Radical Socialista, gajo desprendido del antiguo radicalismo francés, que añadió a su antigua denominación esa otra para indicar su tendencia «más avanzada y socializante», pero conservando su carácter de perfecto partido burgués, porque permanecía «fiel a los principios de la propiedad privada de los medios de producción y de cambio» y no actuaba «en el terreno de la lucha de clases, cuyo principio no acepta».
Frugoni informa, luego, las raíces históricas del socialismo y la serie de pensadores que «abrieron en el espíritu humano una brecha» por la que haría irrupción más tarde el Socialismo Científico.
Se refiere a las «puras construcciones mentales» de teóricos como Babeuf, Tourier, Saint Simon, Lerroux, y otros. Y con Federico Engels, explica que «los grandes pensadores del siglo XVIII no pudieron salvarse de los límites impuestos por su época» En cambio, «el conjunto de ideas que el Socialismo moderno representa es el reflejo en las inteligencias, por un lado, de la lucha de clases entre poseedores y desposeídos y, por otro, de la anarquía reinante en la producción»
Analiza –desde la antigua Grecia– la idea comunista, que florecerá, luego, en el cristianismo de los primeros tiempos. Quizá resultará poco grato, hoy, a ciertos estudios jurídicos y en general a los que se sienten católicos católicos en la Iglesia» aunque son privatizadores y capitalistas por detrás de la misma, algunas citas planteadas por Frugoni.
Dice, textualmente, que «Jesús predicaba máximas socialistas y que los primeros padres de la iglesia condenaban, como él, la riqueza y la propiedad. Uno de ellos, San Juan Crisóstomo, llegó a decir que «nadie debe dar el nombre de propiedad a cosa alguna, sea cual fuere; lo tuyo y lo mío son mentira» .
Y San Ambrosio decía, por su parte, que Dios había dado por igual la tierra a los pobres y a los ricos. («¿Por qué, entonces, oh ricos, la consideráis vuestra propiedad exclusiva?») (..) «La naturaleza ha creado el derecho común; la usurpación el derecho privado».
Refiere así, Frugoni, las líneas y raíces de la idea socialista a través de los siglos hasta su culminación en Carlos Marx «que saca a la luz de la crítica la entraña moral de la producción capitalista, su naturaleza íntima, su resorte oculto,» con el análisis de la plus valía, Demostrando que «el capital se queda con una parte más o menos grande de trabajo no pagado y que la acumulación de este trabajo impago es lo que constituye el capital»
Marx –explica Frugoni– demuestra que mientras el capitalista paga al obrero su fuerza de trabajo tratándola como una mercancía cuyo valor es el que tiene en el mercado, él saca de esa mercancía un valor más grande que el que ha dado por adquirirla.
Frugoni enseña así –extensamente– la formación del capital, la naturaleza del salario (que no es nunca el producto íntegro del trabajo) y la naturaleza íntima de la explotación capitalista.
Conceptos para ir meditando, releyendo, valorando, para –más allá de la tarea actual de reconstrucción nacional– podamos ir afirmando conceptos y valores para una sociedad libre –quizá con el menor Estado posible pero con la mayor participación social– democrática y sin clases. Lo que no es una utopía, sino un sueño posible. Aunque el pensamiento de la clase dominante y el poder real, por el momento, pretenden presentarla como imposible.
En un nuevo aniversario del nacimiento del Fundador, por estas tierras, del Socialismo, he juzgado de interés reiterar, en especial para los jóvenes, la siempre fecunda incitación a su lectura. *
1. Pierre J. Proudhon. «Qué es la propiedad» – (*) Representante nacional
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