Rinden honores a una de las primeras mujeres paracaidistas del Uruguay
Con 74 años de edad, María Leda Torres Rodríguez aún continúa disfrutando de su hazaña como «heroína del espacio» que comenzó en 1949, además de proseguir trabajando como costurera para complementar su jubilación. Contó que aprendió a coser viendo a su madre y también hizo un curso de tres meses para saber tomar las medidas y realizar moldes.
Paracaidismo como deporte
El 27 de octubre de 1949 hicieron su bautismo del aire las dos primeras mujeres paracaidistas: María Leda Torres y Margot Feliche, junto a Hubert Cheda, tercero entre los hombres paracaidistas del Río de la Plata.
Carlos Alejo Rodríguez fue el instructor, quien deslumbró con sus «arriesgados saltos en Ramírez, Pocitos, Buceo, Malvín, y en todos los festivales aerodeportivos realizados en el país en los últimos años», según lo presentó la revista «Mundo Uruguayo» el 3 de noviembre de 1949.
Picasso fue un paracaidista argentino de la época, el primero que «electrizó al público de ambas márgenes del Plata con sus saltos de precisión», menciona el mismo artículo de época.
El paracaidismo es un deporte que todavía hoy ha demorado en popularizarse. Aunque el invento del paracaídas fue hecho por Leonardo da Vinci, quien realizó numerosas experiencias alrededor del 1500.
Tras años de labor desde la década del 40, Carlos Alejo Rodríguez logró su objetivo tesoneramente perseguido: formar una Escuela de Paracaidismo con sus tres primeros alumnos que inauguraron exitosamente, aquel 27 de octubre de 1949, en el Aeródromo Angel S. Adami, en Melilla.
El paracaidismo como deporte comienza a practicarse por la década del 40, con Carlos Alejo Rodríguez, el primer paracaidista uruguayo. En la década del 30, antes que estallara la guerra, las grandes potencias se preocuparon en desarrollar el paracaidismo con fines bélicos. «Desde grandes aviones se lanzaban cientos de miles de paracaidistas, que prácticamente cubrían el cielo de inmensas flores blancas», testimonió la revista Mundo Uruguayo del 3 de noviembre de 1949.
Leda aclara con firmeza que Alejo Rodríguez es el precursor del paracaidismo como deporte en el Uruguay. «La escuela ‘Las Aguilas del Espacio’ comenzó en 1949 con Hubert y sus dos alumnas mujeres Margot y quien habla, más tarde se sumó Irma Cabrera», explicó.
Leda Torres cuenta con entusiasmo que «primero lo hizo Hubert Cheda, el que saltó de 900 metros y después nosotras desde 800 metros». En aquel entonces Leda tenía tan sólo 19 años, y a pesar del desagrado de su madre tuvo desde el comienzo el consentimiento de su padre, quien arreglaba autos y había sido corredor.
El avión que solían usar era el Piper, modelo CX-AJK de la aviación militar.
Un sueño real
Cuando era niña, Leda conoció a Alejo Rodríguez como amigo de su hermano y allí comenzó su curiosidad por el paracaidismo. Pero antes Leda soñaba desde pequeña que estaba en el aire. «Eso me estaba diciendo algo o impulsando. Después que salté en vida, no soñé más», afirmó. «Siempre hay algo que nos dirige adentro, algo que nos dice qué hacer, qué sentir y qué actuar».
«Lo íbamos a ver a Alejo cuando saltaba. Los paracaídas se plegaban en casa luego de cada salto. Un día le dije a Alejo: ¡Debe ser lindo tirarse de allá arriba!, ¿yo podría hacerlo? El respondió: Si en tu casa te dejan…».
El bautismo
Luego de previos saltos desde el techo de su casa, que le permitieron tener el cuerpo flexible llegó el momento del bautismo del aire. Ese día fue muy emocionante para todos. A Leda le costó una lesión en el peroné que disimuló para que no le evitara seguir saltando a los 15 días.
Leda expresó que «saltaba porque me gustaba y también si me ganaba lo mío mejor. Como modista ganaba 27 pesos al mes y en un salto 100 pesos, por la obtención de la venta de entradas».
«Ese día sentí un vacío que es como un desafío al espacio, al que yo puedo. Un desafío a la vida, a la muerte. Porque puede no abrirse el paracaídas. Parecía que la tierra subía y no que yo bajaba. Además el golpe con la tierra era tan fuerte como si te tiraras de cinco metros de altura».
En aquel entonces se estilaba que «los fines de semana se realizaran jornadas enteras con entretenimientos», narró Leda, «entre ellos se destacaba la carrera dentro de 100 metros donde un avión, un auto de carrera, una moto y un caballo competían por llegar primero. Por lo general ganaba el caballo, a veces la moto. Y al final del día saltábamos los paracaidistas».
Gracias a esas jornadas y a otros festivales de paracaidismo Leda junto a Alejo recorrieron varios puntos del país en San José, Colonia, Soriano, Melilla, pero en ese ínterin conoció a su futuro esposo que luego la enfrentó a la decisión de elegir entre el paracaidismo o él. «Hoy no me arrepiento porque tengo mi familia, son mi prolongación, pero añoro aquella época».
La última vez que saltó Leda Torres fue en el Aeropuerto de Melilla el 26 de marzo de 1950. «Ibamos varios alumnos de Alejo Rodríguez en un avión militar de dos motores a 1.000 metros de altura y nos fuimos tirando de a uno. Ya había conversado antes con Alejo para abrir el paracaídas auxiliar que llevábamos adelante; así lo hicimos y ese día pude caer parada sin golpearme. Pero iba a caer en una cantera hasta que logré aterrizar en el fondo de una casa que había un perro y un caballo que no me hicieron nada. Sin embargo, después me contaron los dueños que eran animales muy malos. Seguro los asusté yo», afirmó sonriente Leda.
«Me sentí realizada porque me di el gusto de hacer lo que quería, lo recomiendo a cualquier muchacho joven que tenga coraje y deseo. Hoy en día es mucho más seguro. Las personas que acostumbran a viajar deberían saber usar un paracaídas. Si yo hubiese seguido saltando me hubiera dedicado a enseñarles a los demás a ponérselo y usarlo para salvar sus vidas».
Hoy en día existen 14 escuelas de paracaidismo en el Uruguay para todo aquel que quiera cumplir su sueño. *
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