Centro Comercial y pescadores artesanales dieron su opinión

El celo en torno al puerto de Piriápolis es tan evidente como lógico y justificado; así lo demuestran los reclamos que no tienen fronteras políticas. La terminal portuaria es un auténtico emblema ya que fue construida por quien fundara la ciudad y dejara entre otras notorias obras, el puerto, que en 1998 fuera remodelado y ampliado.

Vecinos de distintos extractos sociales, instituciones y militantes de todos los partidos políticos, se han encolumnado detrás de esta protesta para demostrarlo.

«Hemos luchado muchísimo para lograr este magnífico puerto que tenemos que además es uno de los paseos más lindos de Piriápolis, y no podemos permitir que la incertidumbre que estamos viviendo en este momento nos lo quite. Vamos a pelear hasta que sepamos efectivamente que va a pasar con el puerto y no vamos a permitir arbitrariedades», dijo a LA REPUBLICA el Presidente del Centro Comercial de Piriápolis, Alcides García, connotado dirigente del Partido Colorado.

El empresario reconoció que «la gente se ha unido, tenemos buen respaldo de la población y esperamos que las medidas que vayan a tomar sean conformes a lo que quiere toda la población».

 

Inusual y conmovedora marcha

Pero también decenas de familias vinculadas directamente a la pesca artesanal en Piriápolis hicieron sentir su voz en esta movilización, porque cuando el puerto fuera ampliado, la mayoría de estos trabajadores debió abandonar el área del puerto por no poder absorber los altísimos costos que ello significaría. Fueron a parar al muelle Stella Maris, ubicado unos 300 metros al Sur, desde donde permanentemente se están denunciando dificultades para llevar adelante la labor.

Marcelo González, en nombre de los pescadores artesanales, dijo a LA REPUBLICA que ellos tienen demandas insatisfechas desde el momento en que terminó la obra del puerto a fines de la década del 90.

«Se nos pusieron trabas para poder volver a trabajar a las boyas; hoy por hoy quedan muchos compañeros fuera de ese acuerdo primario que hubo con el tema de las boyas y a esos compañeros se les está cobrando un disparate de dinero por utilizarlas, cuando nosotros las utilizamos simplemente cuando hay temporal».

Marcelo González estuvo en la explanada portuaria acompañando la lectura de la proclama contraria a la privatización, mientras no menos de 20 chalanas marcharon por las aguas de Piriápolis, frente a la zona céntrica de la ciudad, portando pabellones nacionales y consignas, para finalizar en una concentración fuera de la rada del puerto, donde fueron calurosamente recibidos con toda la concurrencia.

«El puerto unido jamás será vendido» y, «si no vale nada lo compro yo… total», decían algunas de las consignas que portaban las chalanas, ocupadas durante la marcha acuática por los pescadores y sus familias.

Marcelo González aclaró que los pescadores no piden que se les regalen todas las boyas porque reconocen que no puede ser así, pero pretenden que al menos se les permita utilizar el área de servicios del muelle para carga y descarga y preparación de las artes de pesca.

Cuando comenzaron las obras de ampliación del puerto, se llegó a un acuerdo para reubicar provisoriamente a todos los pescadores. Fue así que se optó por asentarlos en la zona de Punta Fría en el conocido como muelle Stella Maris, pero «el poco trabajo que hay en la vuelta ha sumado mucha gente a la pesca artesanal y se ha visto desbordada el área del muelle lo que está sumando algún otro tipo de problemática que hay que rever más profundamente».

El lugar -lejos de parecerse a un muelle- carece de gran cantidad de servicios para el desarrollo de estas actividades, y sólo cuenta con una planchada de hormigón que ingresa al agua demasiado corta e insegura, fundamentalmente para la operativa durante días de temporal.

«Nosotros para salir con la embarcación vacía desde el Stella Maris no tenemos ningún inconveniente, el problema es que cuando venimos con pescado arriesgamos todo, porque si rompemos una embarcación, perdemos el sustento de varias familias que dependen de ella», narró el pescador consultado. *

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