Los ciclistas protagonizan uno cada seis accidentes de tránsito

Un millón de ciclistas circula en el país: violan cuanta norma de circulación existe

La «africanización» de la economía de bolsillo uruguaya, desarrolló el mayor parque ciclístico en la historia del país. De una ciudad absolutamente motorizada, Montevideo pasó a convertirse en algo que muchos venían reclamando desde hacía décadas: una ciudad europea dominada por las bicicletas. Claro, que sin la más mínimas educación, regulación, ni infraestructura para ello. Mientras las capitales del Viejo Mundo evolucionaron en el uso del biciclo, a partir de calles y caminos derruidos durante la Segunda Guerra, reconvertidos para ser compartidos entre autos y bicicletas, acá, todo ocurrió casi de golpe.

Cargando con una infraestructura vial de casi imposible modificación, salvo efectuando gastos impensables en los últimos tiempos, las calles recibieron un aluvión ciclístico, las 24 horas, imposible de continentar.

A diferencia de los europeos que ganaron las calles en bicicleta, luchando contra el exceso de uso de combustibles y buscando mejorar su condición física, los uruguayos, luchan para sobrevivir, yendo a sus trabajos o a buscarlos, del modo más barato y rápido disponible.

De modo alguno las bicicletas en circulación responden a modelos que alcanzarían autorización para circular en caso que el Municipio les exigiera adecuarse a las disposiciones vigentes.

Más aún: ni siquiera cumplen con los reglamentos de la Policía.

«Técnicamente los ciclistas deben regirse por las mismas obligaciones, y tienen los mismos derechos que los demás usuarios de la calzada», explica el Jefe de la Policía de Tránsito. El comisario inspector Alberto Toscanini delega en sus superiores los detalles del tema, en tanto «a ellos corresponden las declaraciones; además hace tres años que no aplicamos multas en tantos estamos abocados a otras funciones». Recuerda, no obstante el jerarca que en otros tiempos a las bicicletas se les imponían observaciones por escrito cuando estuvieran en infracción. Posteriormente ello quedó limitado a «observaciones verbales». Actualmente, a nada.

«Lo que es cierto es que hay una absoluta falta de respeto por parte de los que circulan en bicicleta, además de a las normas, a las reglas de convivencia, algo tan evidente como nunca antes fue».

En lo que refiere a accidentes, los ciclistas participan en uno cada seis, datos del Banco de Seguros del Estado. Pero llevan siempre la peor parte: cada cinco accidentes cuatro son protagonizados por ciclistas, los lesionados son los ciclistas; tres de ellos deben ser internados en algún nosocomio, al menos en observación.

 

Reglamentos al santo…

Semáforos, flechas de mano y contramano, giros en lugares prohibidos, cebras y carteles, todo parece resultar indiferente a los ciclistas que, más allá de sus justos reclamos, tampoco cumplen con la parte que les toca.

«Mirá flaco: si traen casco es porque son mormones», ironiza un inspector de tránsito de la IMM que junto a su pareja controlan velocidades a las puertas de un colegio-liceo en Garibaldi y 8 de Octubre. Lo peor del caso, es que efectivamente, los dos ciclistas que cruzan la avenida respetando el semáforo y con cascos reflectivos; rubios, con mochilas, e identificaciones negras en el bolsillo de sus camisas blancas, son inconfundibles.

Los inspectores municipales, que prefieren no identificarse, descartan de plano que puedan hacer algo con alguno de los muchos ciclistas que a mediodía, infringen sistemáticamente la normativa. «Tampoco los vamos a andar corriendo a todos; además aunque los paremos, las bicicletas no se las podemos tocar», afirma.

Realmente alcanza con revisar el Libro IV del digesto, donde el tercer capítulo del Título III, está dedicado a «la circulación de bicicletas y similares».

Desde el artículo 687, («Toda persona que conduzca una bicicleta lo hará sentada a horcajadas en el asiento permanente y regular unido al vehículo, con los pies afirmados en los pedales»); al último, el 697 («Toda bicicleta debe estar en buenas condiciones mecánicas, de modo fundamental su sistema de frenos»), las infracciones son totales.

Está prohibido llevar «más personas que para las que está diseñada» (art.688); o «sujetarse a cualquier vehículo circulando» (art. 689); así como están «obligadas a circular junto al borde derecho de la calzada, una detrás de otra…» (art. 690).

Los ciclistas deben usar sus sendas cuando las hay «y no usarán la vía general de tránsito» (art. 691). «No deberán hacer zig-zag, ni actuar en forma que pueda resultar peligrosa» (art. 692), donde también se dice que no circularán «a distancia mayor de un metro» del cordón de la vereda.

El art. 693 les prohíbe específicamente: «Llevar bultos o cargas que pudieran resultar peligrosos. Circular por los sitios destinados a peatones. Formar grupos que obstruyan la circulación general. Conducir estos vehículos por la vía pública siendo menores de 14 años….».

El art. 695 apunta que «para poder transitar en horas de la noche, o cuando no hay suficiente visibilidad, toda bicicleta deberá llevar una luz blanca en su parte delantera y una luz roja en su parte posterior…».

Finalmente, aún rige el art. 696 («Toda bicicleta deberá estar provista de un timbre o similar dispositivo acústico, que pueda anunciar su presencia en una emergencia»).

El lector sabrá evaluar según su propia experiencia el cumplimiento a la normativa, aunque si es conductor, adivinamos la respuesta.

 

Luchando por la vida

La Organización no gubernamental Luchemos Por la Vida realiza un relevamiento constante de las situaciones de riesgo inherentes al tránsito en dos ciudades: Buenos Aires y Montevideo.

En su último relevamiento cumplido en la capital argentina, llega a conclusiones cuya homologación a parámetros montevideanos, no parece en absoluto descabellada. La investigación concluye que, sobre una muestra de 970 ciclistas, el 46% circula a contramano, el 77% no se para ante los semáforos en rojo, el 67% carece completamente de luces; el 86% no respeta la prioridad peatonal; el 82% no aminora la velocidad en las esquinas; el 96% no señaliza con sus brazos las maniobras para doblar, y solamente un 4% usa casco. *

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